Haberlos… hailos… meigallos atlánticos

Roberto Regal

Al igual que de las “meigas”, todo el mundo ha oído hablar de los vinos gallegos, aunque es posible que a algunos les falte descubrir los secretos ocultos tras el halo de misterio que encierra “el meigallo“ de cada uno de ellos.

El hechizo que transforma cada vino, en poderoso, es fruto del conjuro de unos seres misteriosos a los que sólo se les ha visto en estas tierras encantadas, son nuestras meigas”, la geológica diversa, la riqueza varietal y cada una de las idiosincrasias vitivinícolas, han formado este meigallo atlántico.

Las meigas habitan Galicia desde tiempos inmemoriales, escondiéndose cada una de ellas en singulares accidentes geográficos y diversos microclimas, a distintas latitudes, forjando culturas ante el paso del tiempo, que sin duda han sido, son y serán el resultado de la historia de una tierra mágica. Terruños unidos por sus vinos, donde los afortunados “aprendices de meiga” formamos parte de aquelarres en los viñedos y bodegas de monasterios y pazos que atestiguan una viticultura con raíz , entre cadenas montañosas y con marcado carácter atlántico. Os presento a las meigas atlánticas.

Nosotros,” las meigas voladoras” las de la escoba, somos las más conocidas para ustedes. Quizás por nuestra mobilidad y porque conocemos a las demás meigas, sus encantos, y podemos  transmitiros los embrujos

Se nos conoce por la conexión con las demás brujas, éstas necesitan que formemos parte de los aquelarres, para que expresemos la magia y la transmitamos a todos vosotros.

Somos variopintas, con distintas ideas y quehaceres, estamos siempre en los aquelarres, pero no en todo caso conocemos el hechizo. Hablo de la meiga catadora, sabia, pues sabe de dónde procede cada vino, la meiga periodista, con don de gentes, quien se encarga de transmitir sólo aquello que es transmitible, la meiga sumiller, que recomienda cada terruño,la meiga enólogo, perspicaz, intuitiva y versátil dando forma al embrujo.

Yo diría que, más que ser meigas “las voladoras”, estamos enmeigallas por las demás. Como por ejemplo por “las meigas damas de castronuestros viñedos, que se dice, viven en castros milenarios desde tiempos inmemorables y sabemos que están en las laderas de muchos rios, a lo largo de esta tierra encantada, como el Miño, Avia, Támega, Umia, Sil, Arnoia,… incluso el Navia a su paso por Negueria de Muñiz

Su natural inteligencia les ha llevado a ubicaciones marginales, en suelos cortos con drenaje, de valles y montañas arraigadas por el tiempo al subsuelo de una viticultura marginal del viejo continente. Aquí, donde están desde nos se sabe, hasta sabe BACO cuando, buscan el equilibrio, durante largos y frescos períodos, forjando su caracter atlántico, ¡ que derroche de singularidad emana en cada dama de castro ¡

De este modo podemos encontrarlas en el Ribeiro, …., Valdeorras, Rias Baixas, Ribeira Sacra, Monterrei, Betanzos, Iria Flavia, Ourense, Vilaboa…

Pero, ¿conocen ustedes las “meigas agareiras” ? son viticultoras y viven muchos años, permaneciendo desde hace muchas civilzaciones en Galicia, tanto como el cultivo de la vid en estes viñedos encantados.

Son difíciles en el trato, y muchas veces recelosas de sí mismas, pero eso sí, son las únicas que tienen el secreto de este conjuro

Han realizado conjuros en pazos y monasterios y hoy merodean en tradicionales bodegas. Conocen a la percepción cada palmo de tierra, al que se aferran y siguen interpretando y respetando, poseen el mayor legado y son diferentes entre sí, de manera que cada una tiene bien oculto su secreto.

A lo largo de Galicia estas meigas viticulturas le dan forma, con un inédito arraigo a la tierra, en distintos asentamientos a las grandes pócimas que se divisan en estes cielos limios y puros rodeados del efecto protector de las cadenas montañosas en un mesoclima diferente, empapado de microclimas únicos, repartidos al azar por la fortuíta orografía.

¿Y las  “meigas feiticeiras” ? Las que son bellas y tienen el poder de hipnotizar,son nuestras variedades, adaptadas al conjuro después de recorrer “el camino” a ubicaciones no lejanas de Compostela, las que han estado presentes en todas las civilizaciones  y han viajado a Roma o Inglaterra en distintos mometos mágicos para la viticultura gallega.

Sí, las meigas existen en otros lugares, fuera de este entramado mágico, podrían ser mejores pero dudo que sean tan diferentes entre sí. Treixadura, Sousón, Godello, Lado, Albariño, Mencía, Espadeiro, Branca Lexítima… entre otras, repartidos encarnan dentro y fuera de su hollejo los aromas y la frescura del la magia atlántica.

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Roberto Regal

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