“El vino puede ser un  abono perfecto para la creación, también la literaria”

Luís Rei Núñez (A Coruña 1958) es escritor y periodista, autor de, entre otros títulos, “Expediente Artieda”, “A estrela dos polisóns”, “O señor Lugrís e a negra sombra”, “Monte Louro”  o “Cita en Fisterra”. “Días que non foron” es el título de su, hasta ahora, último libro. Rei  Núñez, que fue director de Cultura de la TVG, ha recibido en los últimos años diversos y prestigiosos premios entre los que destacan el Xerais (2000), el premio de la Asociación de Escritores en Lingua Galega (2003), el Premio da Crítica de Narrativa  galega (2007) y el Blanco Amor de novela y el Fervenzas Literarias (2009).

Algunas denominaciones de origen han puesto en marcha premios de “Vino y Cultura”,  ¿qué le parece esta iniciativa?

Se suele asociar vino y adicción, y responde a algo muy real, porque vemos los perniciosos efectos del vino en muchas vidas: malos tratos, delincuencia,  marginalidad… Pero es una cuestión de dosis, porque también está más que demostrado, incluso médicamente, la bondad de un consumo moderado. El vino, además, puede ser un buen combustible para la cultura y el arte, con los que  marida muy bien. Todo lo que sea estimular eso me parece magnífico.

¿De qué forma aparece reflejada en sus libros la cultura del vino,  tan popular en Galicia?

Aparece reflejada como la alimentación en general y, si se me permite el chiste, sin cargar las tintas en los tintos. Aunque a veces hay personajes que superan los límites de lo razonable, y hay que ir tras ellos. A mí me ocurrió cuando novelé la vida del artista Urbano Lugrís, gran dipsómano. Aunque creo que él, como a menudo sucede, no era tan amigo del vino como de la hostelería. Porque la bebida, espabilándole la mente, le ayudaba a socializar.

¿Cuál ha sido para usted el escritor, gallego o no, que mejor ha reflejado este mundo?

Quizá haya otros. Pero en este momento me acuerdo, entre los gallegos, del Blanco Amor de las parrandas, del Fole de las tabernas y del Cunqueiro del ingenio etílico.

¿Existe una relación clara entre la literatura y el vino?

La literatura nace de la vida, es vida ella misma, y ayuda a vivir. Como el vino, que nace de los viñedos, pero es más que un líquido, y nos ayuda no poco. Así que la literatura y el vino hacen muy buena pareja.

En esta entrevista, el escritor gallego, nos habla de la relación  entre el vino y la literatura, de sus preferencias en cuestión de caldos  y de maridajes sorprendentes

¿Qué tipo de vinos le gustan más a usted?

Creo que para saciar la sed, si se me permite decirlo aquí, el agua es imbatible. Con los años, incluso me acostumbré a distinguir entre diferentes sabores de agua. Pero también he de decir que las comidas sientan bastante mejor acompañándolas con un buen vaso de un buen vino. Así que beber vino no es tanto una cuestión de sed como de alimentación. Y de esta otra clase de alimentos, me quedo con los tintos, que hacen las mejores digestiones. Hablo de riojas, preferiblemente reservas, o de un buen amandi. Claro que con los pescados se puede hacer una excepción, y recurrir a un albariño o un godello, siempre que sea a mediodía, no cenando. Y, entre mis últimos descubrimientos, debo mencionar el tostado de Ribeiro que, con foie gras, no tiene nada que envidiar al Sauternes.

¿El vino puede actuar como fuente de inspiración en alguna ocasión?

Más que para ponerse a escribir, que es una actividad que requiere una cierta alerta mental, sirve para apaciguarnos, y eso puede abrir el entendimiento. A partir de ahí se relativiza todo y se amplían horizontes. Así que sí puede ser un  abono perfecto para la creación, también la literaria.

Por último, hábleme de Os Días que non foron, publicado este año por Edicións Xerais, y en el que usted da protagonismo a una serie de seres anónimos

Son siete relatos situados en diferentes momentos de nuestra historia, desde los años 30 hasta el presente, y están protagonizados por tipos de diferentes edades que tienen en común ser “malotes”, que no es lo mismo que malos, y una fuerte propensión a la rebeldía. Uno de esos tipos es, además, un fervoroso bebedor de vinos y orujos de la tierra. Y por eso es el que mejor sabe entregarse al ‘carpe diem’, eso tan sabio. Porque, al final, todo se reduce a la busca de la alegría.

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