«Soy un tipo muy leal con toda la gente que me rodea y también con el vino»

Con él sobran las presentaciones. Desde hace casi 30 años, Gayoso se ha metido en las casas de todos los gallegos y a base de carisma y naturalidad ha conseguido conquistar a la audiencia. Con “Luar”, que este año cumple 22 años en antena, ha dado el testigo a cantantes, actores y humoristas que hoy se encuentran entre los favoritos de los gallegos. De su trayectoria y su afición por los vinos tintos ha hablado el presentador más famoso de la gallega con “Cepas y Vinos” 

Un abogado, que iba para funcionario y acaba en el mundo de la farándula…  Desde luego sus inicios no fueron los más tradicionales.

La verdad es que ya antes de ser abogado  andaba por el mundo de la farándula. Vamos, que no iba muy desencaminado. Cuando tenía 6 años, mis padres nos preguntaron a mi hermano y a mí si queríamos participar en la rondalla del colegio, y dijimos que sí. A mi hermano le pusieron una guitarra en la mano y a mí una bandurria, y yo ya no me bajé del escenario nunca más. Recuerdo que estando en el escenario con mi bandurria me di cuenta de que aquello me encantaba  y con el paso del tiempo, cogí la guitarra de mi hermano, empecé a cantar  y a los 16 años monté un grupo con un amiguete, “Keltia”, con el que nos presentamos a varios concursos de música en A Coruña. Cantábamos en pubs y conseguimos grabar un disco, que en aquel tiempo era la meta que perseguía todo artista, y con la CBS, que era la discográfica de Los Pecos, Miguel Bosé… Nosotros éramos unos ‘rapaciños’ que cantaban las canciones que les apetecían porque no se podía decir que tuviéramos una línea coherente. Era canción melódica, pero lo mismo cantábamos “Adiós ríos, adiós fontes” que una de Paco Ibáñez.

¿Y cómo se truncó esa carrera?

Bueno, llegó un momento en el que había que profesionalizarse, querían que grabáramos un segundo disco y que lo hiciésemos como profesionales. Con el primero, nos habían llamado para actuar en “Aplauso” y yo les dije que no podía ir en esa fecha porque tenía un examen de Derecho en la Facultad. Y no fuimos, aunque después nos dieron otra fecha. Cuando llegó ese segundo disco, ya les planteamos a los responsables de la discográfica que a nosotros nos gustaba tocar pero a nuestro aire y ahí se acabó el cuento.

¿Consiguió acabar la carrera de Derecho?

Sí, lo conseguí. Después, empecé a preparar oposiciones y finalmente me marché a Madrid para trabajar en un despacho de abogados, en el que estuve cinco años. Despacho al que llego también por medio de la música, porque entre los artistas que grababan para la CBS estaba Elsa Baeza y, aunque no la conocía personalmente, sí teníamos amigos comunes. Un día, vi en una revista que tenía una relación con un conocido abogado, que era Luis Zarraluqui. Nos pusieron en contacto y me abrió las puertas de su casa. La verdad es que aprendí mucho, y sobre todo me sirvió para darme cuenta de que aquello no era lo mío. Yo seguía cantando en pubs de Madrid y decidí volver a Galicia. En ese momento tenía 27 o 28 años. Ya de vuelta, preparé unas oposiciones para la Xunta, para la Consellería de Economía e Facenda, y aprobé sin plaza. A los pocos meses, y también por la música, me llamaron de la Radio Galega, que en ese tiempo empezaba a funcionar. Y allí, alguien comenta que va a empezar a funcionar la televisión. Así que me fui a las oficinas que tenía en este momento la tele y les pregunté si necesitaban un abogado. Era el año 85 y cuando por fin me recibió Mariano Martín, que era el que hacía la selección de personal, me dijo que ya tenían asesoría jurídica y que lo único que le faltaba a la empresa para ponerse a andar era contratar presentadores. Así que yo, en ese momento, le di las gracias. Pero me di la vuelta y le pregunté que cómo era eso de los presentadores. A partir de ahí, cambió todo. Es decir, que mi vida en el mundo de la farándula estaba marcada desde los seis años. Estaba claro que el día que subí al escenario, me enamoré de aquello.

5gayoso3¿Se imaginó alguna vez tener una carrera tan larga?

Qué va, para nada. De hecho, cuando empecé en la tele, mi padre me decía: “tú vete haciendo algo más, que esto dura dos días”. Veías que en la televisión todo era muy efímero, programas que duraban dos o tres años…  Nunca pensé que podía permanecer desde los 29 años hasta los 57 que tengo ahora. Y que “Luar”, el programa que empiezo cuando llevo unos siete años en la tele, lleve ya 22. Era impensable.

¿Si hoy pudiese elegir un formato de programa, sería “Luar”?

A mí realmente el programa que más me gustó de todos los que hice fue “El vecino do xoves”. Era un formato en el que el plató estaba decorado como si fuese un apartamento y allí yo era el inquilino, un tipo que trabajaba en televisión y que los jueves por la noche volvía a su casa y a las diez, recibía a un grupo de amigos y se hacía una tertulia. Esos tres o cuatro invitados que participaban eran siempre personajes. Por ese apartamento pasaron Santiago Carrillo, Atahualpa Yupanqui, el General Gabeiras, George Moustaki, Xosé Manuel Beiras o José Luis Barreiro, entre otros. Combinábamos la tertulia de tal manera que había gente que hablaba y gente que tocaba. Todo de una forma muy natural. Era un programa de entrevistas, música, reportajes… Lo tenía todo y todo dramatizado como si estuviésemos tan cómodos en mi casa. Fue el programa que más me gustó de todo lo que hice. Pero bueno, lo que te gusta a ti y lo que le gusta al público no tiene por qué coincidir.

Los que le conocen sí coinciden en que es usted buena persona y muy trabajador.

Está bien que lo digan. Yo lo intento, aunque no creo que sea tan bueno como me pintan. Es imposible gustar a todos y habrá gente a la que no le caigo bien porque, posiblemente, en algún momento de mi vida les mostrara la parte mala o menos buena, que todos tenemos. ¿Trabajador?  Pues ni más ni menos que otros. Lo que sí es verdad es que lo que hago me apasiona y, con 57 años y después de tanto tiempo, que sigas teniendo esa pasión por algo es fundamental.

¿Qué tal lleva la fama, que es algo inherente a su trabajo?

Bien, aunque a veces es un traje bonito pero incómodo. Limita un poco tu vida. No puedes ir tranquilamente a una fiesta popular a comer unos berberechos. Y si vas, ya sabes que, además de tomar algún berberecho, también vas a trabajar. En general, yo lo hago encantado, pero no vivo solo, tengo familia. Mi mujer, con la que llevo casado 28 años, lo sabe muy bien. Desde hace diez años, cuando vamos a la romería del pueblo, mi familia se despide de mí al llegar hasta la hora de comer. Por eso procuro mantener un perfil bajo. Me expongo muy poco, vivo en A Coruña, prácticamente en el mismo barrio de siempre, donde ya me conocen. Los saraos y fiestas no me van mucho.

En estos 22 años de Luar ha conocido a un gran número de artistas, ¿alguno que recuerde con especial cariño?

Hay varios. Los que más aprecias son los que cuando bajan del escenario son gente completamente normal. Porque arriba son auténticos monstruos, con una capacidad tremenda de seducción, de comunicación. Y cuando terminan de cantar, son gente sencilla como lo eran Manolo Escobar o el “Dúo Dinámico”, o como es Sergio Dalma. Son tipos trabajadores, serios, encantadores. Después hay gente que no, que parece que sigue interpretando un papel cuando baja del escenario.

¿Y qué es lo más difícil de hacer en un programa en directo y de tantas horas?

Contar bien todo lo que quieres contar. “Luar” no se parece nada ahora a cuando empezamos. Son más de novecientos programas y en los últimos diez años hemos intentado que, desde el primer minuto hasta el último, vayamos narrando algo. Todo tiene  un hilo conductor. Mimamos todo, desde la primera pieza que toca un artista hasta el final. Es como una película en directo de casi tres horas de duración. Para mí, el mayor esfuerzo es ir creando ese libro, capítulo a capítulo. Y después, desarrollarlo en directo, claro. De hecho, en las gráficas de audiencia que nos dan, mantenemos los espectadores hasta el final. Y una de dos, o se han quedado dormidos con la tele encendida o no se mueven porque les gusta lo que están viendo.

Es curioso que “Luar”, que es un programa eminentemente musical, haya sido la plataforma para tantos jóvenes humoristas. 

Éste es un trabajo de un equipo. El resultado final de un programa de televisión, aunque haya una sola cara, es fruto del trabajo de muchas personas. “Luar” es un programa con un concepto de espectáculo global. Es cierto que hay música, pero también hay un espacio para el humor, hay números circenses… Hay muchos contenidos. El éxito de “Los Tonechos” o de “Mucha e Nucha” son momentos importantes en la vida de “Luar”. Pero también hay otra mucha gente como Paula Vázquez, que empezó con nosotros, Luis Tosar, Luis Zahera… Un montón. Nuestro programa es una especie de escaparate. Y eso está muy bien, porque no debemos olvidar que estamos en una empresa pública y hay que ser conscientes de ello. No vale cualquier cosa.

5gayoso2 ¿Le han tentado otras televisiones?

Hubo un tiempo que sí, que me tentaron Antena 3 y Tele Madrid. Yo, que no soy buen negociante, les dije a los directivos de la TVG que no me quería marchar. Descubrí mis cartas porque lo sentía así y porque era la verdad. “Luar” ya era un programa considerado y estuve desde el primer minuto de emisión de esta casa. Te sientes muy vinculado, hay mucho cariño en la relación que yo siento con la Televisión de Galicia. Buena prueba de que no me quería ir es que a los señores de Tele Madrid les dije que si me arreglaban mi vida y la de mi hija, que de aquella tenía 9 años, me iba para Madrid. Claro, los tipos me miraban como diciendo: “éste de qué va”. Lo que pasaba era que yo realmente no me quería ir de Galicia.

Pasemos a  los vinos, que es lo que nos ocupa en esta revista. ¿Gayoso es de blanco o de tinto?

Tinto, sin duda. Posiblemente porque otra de mis características, que no digo virtudes, es la lealtad. Soy un tipo muy leal con toda la gente que me rodea, empezando por mi familia, mis compañeros, mis amigos… Me considero una persona leal. Y con el vino creo que pasa un poco eso. Toda mi vida he tomado vino tinto y sigo haciéndolo, aunque me encanta el vino blanco. Lo que pasa es que no se por qué reacciones físicas, a mí el blanco me atonta rápidamente y con el Rioja estoy encantado de la vida.

Pero si es de tintos, reconocerá que los gallegos han mejorado muchísimo en los últimos años.

Siempre fui de Rioja de crianza porque hace 30 años era difícil encontrar un tinto gallego bueno. Pero, efectivamente, en los últimos 15 años, aquí aparecen unos vinos gallegos tremendos, tanto blancos como tintos. A mí me gustan mucho los de Ribeira Sacra, por ejemplo. Pero, posiblemente, la oferta de Rioja es más amplia, sobre todo en los restaurantes.

Quizás lo que le falta ahora a los tintos gallegos es promoción.

Exactamente, creo que es una cuestión de tiempo. Ahora se están haciendo muy bien las cosas pero le falta tiempo, marketing, abrirse más al mercado. Hay paladares que ya están captados por un sabor determinado, como es el mío, y necesitamos ir poco a poco.

¿Es un bebedor experto, de los que encuentran mil matices en una copa?

Para nada. Tengo un paladar bastante basto, nada refinado. Lo que es una gran ventaja, porque como y bebo de todo. Así que no puedo describir todos esos aspectos que definen un vino. A mí me gusta o no me gusta, pero reconozco que todo requiere un proceso de educación. Este mundo me parece apasionante de verdad. El vino es algo que te capta por todos los sentidos: el olfato, el gusto, la vista…

¿Y de los artistas que invita a “Luar”, hay alguno que destaque por su conocimiento del vino?

Bueno, todos conocen el albariño, pero últimamente también piden Ribeiro. Uno de los artistas que viene al programa que más entiende de vinos es Sergio Dalma. Le encanta  y controla mucho sobre el tema.

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