Entrevista a José Luis Aristegui Anido, propietario Bodega

“Con ’Traste’ quería reflejar la fotografía de un viñedo viejo y llevarla a una botella” 

Al terminar su entrevista con Cepas y Vinos, José Luis Aristegui nos acerca a uno de sus viñedos, donde explica con detalle los pormenores de las parcelas, de las que no puede ocultar su orgullo. Tras alcanzar una tregua en la que define como una relación de amor/odio con el viñedo, Aristegui ha alumbrado uno de esos vinos que ponen de acuerdo a los críticos, su “Traste” no para de darle alegrías

Esta bodega comenzó a funcionar en 2011 pero usted tiene detrás una historia familiar vinculada al mundo del vino, cuéntenos un poco esta relación

Mi abuelo y mi padre trabajaron tradicionalmente en el mundo del vino y actualmente mantengo parte de ese trabajo tradicional, lo que siempre se llamó la línea de trabajo de “vinos de colleiteiro”. Lo que sucede es que yo necesitaba una parte final, una evolución en ese proceso que es donde se ha etiquetado el vino, se le ha buscado un nombre y se ha seleccionado una partida de viñedos de ladera con cepas viejas y con suelo de pizarra y arcilla para estos embotellados… Actualmente son unas seis o siete mil botellas las que se están trabajando, pero el proyecto como tal, la vida del vino viene de atrás, es lo que ha habido siempre en casa. Esto es un área de negocio más, una evolución y adaptarse más a los nuevos tiempos con intención de entrar y asentarse en el mercado con esta línea de etiquetado.

¿Cómo se decidieron finalmente a dar ese paso?

Después de estar toda la vida en el mundo del vino y mantener un patrimonio, porque que mi padre ya no está aquí, tuve que decidir entre seguir adelante con ese patrimonio o dejarlo. Así de claro. El seguir adelante con una historia de estas implica actualizarte, implica darle otra cara. Y la base de esta decisión reside, probablemente, en el conocimiento de lo que tienes, el observar terruño con un potencial vitícola espectacular sobre el que están asentadas cepas viejas, te anima a establecer un proyecto nuevo. En esta línea de decisión hay que ser un poco humilde y reconocer lo que tienes realmente. Yo dispongo de viñedos que podría definir como “de menor potencial” en zonas bajas, en las zonas más asentadas de lo que es A Rúa. Ese viñedo no está destinado a esta línea de vinos, precisamente es la otra cara de los viñedos la que me animó a iniciar este proyecto y a valorar la posibilidad de que saliera adelante. En cualquier caso, es una decisión de renovación y actualización. No estamos hablando de una aventura nueva, es una evolución en una casa de elaboradores.

IMG_2976cv-6-wPero esa evolución llegó en un momento económico difícil a nivel general

Pues sí, pero esto tienes que tenerlo dentro, no vale con decir me gusta el vino y monto un proyecto, esa no es la filosofía. Lo llevas dentro o no, a pesar de lo que odiaste las viñas cuando eras niño, llegaste a un pacto con el viñedo, a una tregua en esa relación de amor/odio y decides finalmente darle una continuidad hacia los vinos de gama alta. No es una decisión de un día para otro. De hecho este proyecto me viene rondando en la cabeza los últimos 15 años, y antes de asentar y canalizar esto hubo que reestructurar una parte de ese viñedo de ladera, valorar qué carencias tenía en determinadas variedades… Hubo que reestructurar y replantar variedades hacia donde quería orientar los vinos, hubo que romperse la cabeza y estudiar porque si te interesa algo y no lo conoces es muy sencillo, o lo estudias o te quedas como estás. Hubo que formarse en la parte de elaboración y poco a poco, la obra fue cogiendo cara. Al final el proyecto como tal, la estructura física de la bodega se hace en un año, pero la base viene de atrás.

Estamos hablando de vino de autor

Sí, el concepto de vino de autor lleva un nombre, pero también lleva un terruño y una disposición propia de ese terruño y una repetición año tras año del mismo viñedo, de la misma uva. De todas formas, tampoco soy muy partidario de encasillar mis vinos en líneas, sobre todo hoy en día en el que a todo el mundo le gusta concretar.

¿El “traste” que da nombre a uno de sus vinos es usted?

El “traste” realmente es un homenaje o una reseña a dos conceptos: a un viñedo que es el que da origen al “Traste”, que es un vino de garnacha tintorera de una zona que se llama Trasdeirelas y como el nombre era muy largo, decidí jugar con las palabras. Pero también es un poco una mirada hacia mi hija, que es muy traste. Cuando tienes que decidir un nombre para un vino, juegas con lo que tienes y yo jugué con estos dos conceptos.

Hablando de garnacha tintorera, ¿qué hace que esta variedad sea tan especial?

No es especial, al contrario, es una variedad que ha sido despreciada y relegada durante toda la vida a un segundo plano, o destinada a complementar vinos, a aportar color… Lo de especial en esta historia es el terruño. Las garnachas son muy caprichosas a efectos de terruño, muy exquisitas. En la zona de Valdeorras se plantó masivamente después del problema que hubo con la filosera a principios de siglo, para complementar vinos o para ayudar a graneles, pero esa plantación masiva no expresa la realidad. Yo dispongo de cepas viejas de garnacha tintorera en viñedos más sencillos, con menor potencial, y no expresan la realidad. Es necesario que se asienten sobre laderas de inclinación, sobre laderas de pizarra, sobre lo que es el concepto de “terroir” en el sentido amplio, tanto de tierra como de efecto climatológico y de disposición geográfica, para que muestre su potencial. Y en ese sentido cuando dispones de cepas viejas asentadas en esa tierra, hay que decidir qué hacer con ellas, y precisamente el arranque masivo no entra en mi cabeza, como se hizo aquí con tantos y tantos viñedos de garnacha tintorera.

¿Se esperaba el éxito que está teniendo con sus vinos?

No sé yo si tengo tanto éxito, pero estoy muy satisfecho por la acogida que están teniendo los vinos, es cierto. También estoy satisfecho porque una línea de consumidores más formados o más educados en vinos diferentes, precisamente los valora y reconoce. Intento escaparme de una línea de vinos estándar, que junto con la palabra comercial son dos conceptos que no me gustan nada. Prefiero presentar cosas personales, diferentes, y lógicamente estoy satisfecho por ser reconocido por gente que presupongo que es crítica y con cierta independencia en el mundo del vino, y sí valoran bien mis vinos. Fue una apuesta un poco intuitiva, es cierto y, por ejemplo, el “Traste” es un vino que me ha salido de dentro. Cuando decidí qué línea de vinos quería elaborar, al estar en Valdeorras parecía que estaba obligado a elaborar Godello y Mencía, y sí los elaboré como vinos monovarietales, pero me quedaba corto, no estaba satisfecho. Tenía que elaborar un vino que me saliese de dentro y que me permitiera reflejar la realidad, y la realidad es que cuando paseas por viñedos viejos hay un poco de todo, aunque hablemos de una base de Garnacha tintorera, también tenemos Brencellao, Sousón, Mencía y yo lo que quería era reflejar esa fotografía y llevarla a una botella. Eso es el “Traste”, esa es mi propuesta como autor.

¿Y para el futuro?

Hay que consolidar este proyecto. Cuando tienes un bagaje de historia en el mundo del vino, observas que al fin al cabo lo noble en esto es el retorno económico, la sostenibilidad del negocio. Yo sólo espero eso, un retorno digno al cabo del año. No es una inversión desde el punto de vista capitalista, en primer lugar te llena la satisfacción de la aceptación de lo que estás haciendo, que es fundamental, pero eso debe ir unido al retorno digno, que será lo que te permita vivir de esto.

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