Juan Vázquez Gancedo, director general de la Bodegas Martín Códax

“Ha llegado el momento de productos muy adaptados a cada grupo de consumidores y nosotros estamos en condiciones de hacerlo” 

Habla con pasión del trabajo de la bodega y de los logros conseguidos en estos últimos años. Y es que aunque intentara disimularlo, que no es el caso, a Juan Vázquez Gancedo le gusta lo que hace y consigue trasmitir esa pasión que siente por este proyecto que empezó siendo una cooperativa de 50 socios y hoy en día es una de las bodegas gallegas con mayor prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero a pesar de lo sincero de su discurso, al director general de Martín Códax una se lo imagina más feliz fuera de los despachos y sin ese protagonismo que le da el cargo.

IMG_1319-bnHace casi 30 años que se inauguró la bodega, ¿han conseguido, a pesar del éxito, mantener el espíritu del inicio?

Sí, nosotros somos viticultores y la esencia y el ADN de esta bodega, por muy grande que se haya hecho, es la de una cooperativa, el de una agrupación de viticultores, cincuenta en el momento de la constitución, que ha crecido hasta los 270 en la actualidad. A pesar de esta cifra, en el ADN llevamos el ser pequeños viticultores, el mayor soy yo y estamos hablando de una finca de cuatro hectáreas, pero la  media sigue siendo de 7.000 metros cuadrados por viticultor, repartidas en pequeñas parcelas que no llegan a los 2.000 metros. Eso es lo que nos ha hecho diferentes, que hemos sido capaces de aglutinar un gran volumen sin perder por ello  la esencia del pequeño viticultor. Eso lo hemos cuidado aún más si cabe en los últimos años porque entendemos que es lo que nos hace singulares y, además, supone una barrera de entrada. En esta Denominación no se conciben las grandes explotaciones, ni las grandes fincas porque no existen en Galicia, vivimos en una tierra minifundista  y nosotros hemos hecho de lo que algunos veían como dificultad o debilidad, una fortaleza. Eso nos ha permitido tener una base de pequeños viticultores perfectamente censada, sabiendo qué puede dar de sí cada una de las parcelas  y cuáles son sus puntos fuertes. Conociendo esos datos hemos hecho  estudios muy importantes de I+D para estudiar, por ejemplo,  la influencia de la proximidad de las viñas al mar  y cómo influye esto en la  calidad del vino. Hace poco nos decía un comprador del Reino Unido que estaba sorprendido por nuestra capacidad como gran bodega de hacer vinos de boutique. Y es cierto, en esta línea hemos sacado este año un vino Vindel  con una producción de 2.000 botellas, un vino muy diferente, extremadamente singular y de unas parcelas muy concretas. El haber sabido combinar ese crecimiento, desde  los primeros  ciento y pico  mil kilos del año 86 hasta los cinco millones que podemos tener en la actualidad, manteniendo esa esencia del pequeño viticultor es una de las cosas que nos hace sentir más orgullosos.

¿Eso en cuanto a la producción, y en cuanto a la imagen y la cultura de la bodega?

Hemos sido siempre muy fieles al espíritu inicial. Yo entré en la bodega hace  20 años cuando Martín Códax tenía unos ocho años de vida, y desde su constitución me llamó la atención el hecho de ponerle al vino el nombre de un trovador del siglo XII, cuando en ese momento lo típico era ponerle el nombre de nobles, de pazos o castillos. Es cierto que aquí tampoco se podía poner el nombre de una persona porque somos muchos, pero fue una gran idea generar una personalidad en torno a Martín Códax, una persona preocupada por su cultura, por la sociedad que le rodea y muy en línea con lo que es el mundo del vino.  Porque el vino no es sólo lo que contiene una botella, tiene que reflejar una cultura, unas inquietudes, unas preocupaciones y este personaje es alguien preocupado por la cultura, de ahí que hayamos organizamos un premio de poesía en gallego, que hayamos apoyado la música tradicional y tampoco es casualidad que estemos colaborando con otro tipo de músicos, de ahí los Xoves de Códax. Todo eso le ha dado una personalidad propia no sólo a Martín Códax  sino también a nuestro vino, así que seguimos luchando porque nuestra marca y nuestro vino reflejen todo ese mundo que nos rodea. Por eso el eslogan que utilizamos desde hace años es el de “Martín Códax, toda una cultura”.

Gestionar una cooperativa no debe ser fácil, ¿cómo han conseguido poner de acuerdo a tantos pequeños viticultores para que todos remen en el mismo sentido?

Ha llevado muchos años pero es algo que se ha conseguido desde el minuto uno. Si una cosa nace con vicios después es muy difícil corregirlos. La suerte que tuvimos es que  la personalidad jurídica de la sociedad  fue acertada  ya que nos permitió contar en el Consejo de Administración con profesionales en la dirección de empresas. Estos profesionales de la gestión compartían el Consejo con los viticultores, la gente que realmente conoce el producto y lo que hay que hacer, porque durante generaciones cultivaron uva. Esto se debió a que en los primeros tiempos en la bodega participó una sociedad de capital riesgo y durante esos primeros diez años, con ese pacto de recompra de su capital, fueron socios. Esas personas le inculcaron muy bien al Consejo de Administración cuáles son sus funciones y eso nos ha facilitado mucho las cosas y nos ha permitido tener muy claro la misión que hay que llevar a cabo para garantizar el presente y el futuro. Queremos que Martín Codax sea sostenible a largo plazo y con ese proyecto trabajamos todos juntos.

La bodega ha apostado por diversas actividades como música, arte, deporte o  gastronomía para acercar el vino  a todo tipo de consumidores (jóvenes, mujeres…). ¿Han funcionado estas iniciativas?

Yo creo que sí. Nunca sabes si el 100% de todo lo que inviertes en estas iniciativas tiene un retorno, pero son actividades que aunque no impulsen la venta sí te dan una personalidad, en este caso a un personaje virtual que se llama Martín Códax. Esas acciones contribuyen a que sea una persona preocupada por su entorno, por su cultura, por el deporte, por todas las cosas que son interesantes para la gente que nos rodean. Hay actividades que en un momento determinado consideramos que eran muy oportunas y hoy ya no lo son, la sociedad exige también otro tipo de iniciativas y eso provoca que todos los años hagamos cosas nuevas y abandonemos algunas de las que estamos haciendo. No obstante, el espíritu es siempre el mismo, estar cerca de nuestros vecinos, de la sociedad, sin pensar en un retorno, que eso ya vendrá después gracias a la calidad del producto. Y para que todo eso no caiga en saco roto y no te dé una imagen exclusivamente lúdica o comercial, tiene que estar basado en una personalidad muy fuerte y eso es la que perseguimos con todas esas acciones que promovemos.

¿Con qué nos van a sorprender este 2015?

Habrá sin duda novedades y alguna sorpresa pero soy muy respetuoso con todos los equipos, en este caso que nos toca con el de Markéting, y constantemente están con ideas nuevas que se presentarán en su momento. Sí puedo anticipar que en función de la gran acogida que han tenido iniciativas como los Xoves de Códax y los Showcookings, sabemos que en esa línea vamos bien. En cuanto a los vinos, el equipo de Viticultura y Enología están permanentemente trabajando en algunas cosas que salen al mercado y en otras que se quedan simplemente en una experiencia pero que nos han enriquecido y nos han ayudado a mejorar en todos nuestros vinos, en los de pequeña y gran tirada. Estoy seguro de que saldrán nuevos productos al mercado, singulares  y de pequeña tirada y otros adaptados al nuevo consumidor, que es un reto en estos momentos. Estos años de crisis han sido un catalizador para acelerar un proceso que ya veíamos que estaba pasando en otros países: un cambio en los gustos del consumidor, un consumidor más exigente, más preocupado por las experiencias, por su entorno, por la cultura, un consumidor que es capaz de cambiarte en un click y al que no puedes engañar, un consumidor que está dispuesto a pagar un euro más por una botella de vino pero si lo que lleva la botella dentro realmente lo vale. Y eso es una gran oportunidad para nosotros, lo estamos comprobando, durante el último año. El hecho de que nosotros fuéramos cooperativa, que antes era algo casi negativo y de lo que se aprovechaban nuestros competidores, hoy en día es una fortaleza. Nadie como nosotros puede acercar tanto el origen del producto hasta el consumidor final. Yo soy viticultor y te puedo poner en la mesa el fruto de mi viña, sin necesidad de intermediarios, y tú sabes que estoy tan preocupado como el que más por mi tierra y por mi viña. Con la oportunidad de tener, además, dos mil y pico parcelas donde elegir para poder hacer mis vinos y que sean diferentes. Creo que ha llegado el momento de productos muy adaptados a cada grupo de consumidores y nosotros estamos en condiciones de hacerlo  porque somos capaces de hacer muchos vinos diferentes, que encajen con  este nuevo consumidor que es muy exigente y que tiene muchas peculiaridades y gustos muy diversos.

¿Hablando de consumidores, a cuántos países llega ahora Martín Códax?

Estamos llegando a unos 50 países. Evidentemente hay algunos, unos ocho o diez, donde ponemos el foco de nuestra atención, donde somos proactivos y a donde viajamos mucho. Después tenemos otros que consideramos que serán los mercados de futuro, en los cuales también estamos. Por último, hay países que sabemos que no van a dar mucho de sí y por tanto no merece la pena invertir demasiado pero de los que seguimos cogiendo pedidos. Si hablamos de volúmenes, a día de hoy estamos exportando la mitad de nuestra producción  y de esa mitad, el 50% se va a Estados Unidos. Por otra parte,  están creciendo países como Reino Unido, que se ha convertido en un mercado estrella en pocos años, no sólo para nosotros sino para toda Rías Baixas  y para todos los vinos de Galicia. Es una oportunidad que tenemos que aprovechar porque son destinos muy importantes para nosotros.

¿De todos estos países cuál es Eldorado para Martín Códax?

En volumen y potencial de mercado, por supuesto Estados Unidos porque, además, hay un movimiento de gente joven que sabe muchos de vinos y se preocupa por estar al día y le gusta España. Es cierto que la imagen de España se ha visto tocada por la crisis, pero no es menos cierto que también está asociada a conceptos como modernidad, creatividad, a los mejores restaurantes del mundo, a los mejores cocineros, deportistas, actores, directores de cine… Eso es lo que hace que una marca país sea importante como lo ha sido durante muchas décadas Francia asociada al glamour o Italia con la dolce vita. Nosotros eso antes no lo teníamos, un americano de clase media no conocía España, y ahora sí. Es más, les gustaría venir de vacaciones y cuando viene un americano no viene buscando sol y playa, eso lo tiene allí más cerca, cuando vienen aquí lo hacen atraídos por nuestra cultura, nuestras tapas, nuestra gastronomía  y eso es muy interesante. Así que es un mercado que consideramos muy atractivo. Pero el Reino Unido es muy importante también  porque son prescriptores y todo el mundo les respeta. Y esto no es casualidad, su nivel de conocimiento de los vinos, en este caso los gallegos, es sorprendente como sorprendente son las ganas que tienen de aprender. Eso ha conseguido que crezca la categoría de nuestros vinos en el Reino Unido  y provoca que otros países, que están atentos a lo que dicen los ingleses, se pregunten qué está pasando con los vinos gallegos.

 

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¿A qué se debe que el Albariño tenga tanto éxito en el mundo?

Es una uva especial que cumple con todos los parámetros de los grandes vinos blancos del mundo. Por supuesto la potencia aromática es fundamental en un vino blanco y la frescura que tienen por la acidez, sobre todo cuando está bien gestionada como en Rías Baixas, nos permite, por las características de la uva y las diferentes subzonas, presentar numerosas elaboraciones. En Martín Códax tenemos un trabajo muy bueno  que hemos hecho con Antonio Palacios (Universidad de La Rioja), José Ramón Lisarrague (Politécnica de Madrid) y con todo nuestro equipo, de zonificación, en que se puede apreciar las particularidades que presentan  los vinos de diferentes subzonas elaborados del mismo modo, viendo sus  particularidades  y cómo estas se vinculan al tipo de suelo, de tierra, al tipo de viticultura, a la forma de cultivo o al propio clima de esas zonas. De esas diferencias hemos aprendido mucho a la hora de elaborar nuestros vinos. Esas características fundamentales de potencia aromática, ese abanico de colores aromáticos muy diferenciado y esos componentes han permitido a  los enólogos escribir obras maestras como las que se están haciendo dentro de la Denominación de Origen Rías Baixas. Además, esto nos coge en un momento de una revolución tecnológica que va desde las bodegas más grandes a las más pequeñas, porque la nanotecnología ha permitido tener filtros que pueden ser utilizados y pueden ser adquiridos  por bodegas de 10.000 litros a una como la nuestra. Y es algo que no nos debe acomplejar, no por utilizar la tecnología estás haciendo un producto industrial, los cocineros, por ejemplo,  utilizan también la tecnología para mediante la física extraer lo mejor de la materia prima. A nosotros la tecnología nos ha permitido extraer lo mejor de la uva Albariño en un momento en el que el vino blanco está siendo la estrella. Los amantes del vino han llegado a un grado de conocimiento que les permite apreciar y valorar la sutileza  y la elegancia de un vino blanco, y eso está haciendo que en otras denominaciones de origen típicas de vinos tinto como puede ser Rioja, las mayores plantaciones se están haciendo en estos momentos de vinos blancos. Nosotros vamos por delante, con la mejor uva, con la tecnología más avanzada y con un clima y una tierra singulares que nos dan un vino diferente. Todo ese conocimiento nos permite hacer los mejores blancos del mundo.

El enoturismo  es otra de las actividades en las que se han  volcado desde el principio. ¿Qué se pueden encontrar los que vengan a visitar la bodega?

El enoturismo nos permite darnos a conocer y que la gente que viene  a la bodega entienda lo que significa que lo que va dentro de la botella es algo más que un contenido, es algo que va asociado a una cultura, un entorno, un paisaje. No tenemos ni recursos ni conocimientos  para tener aquí un gran hotel o un gran restaurante pero lo que hacemos es trabajar con esos grandes profesionales que nos rodean para dar un producto satisfactorio a quienes nos visitan y, por supuesto, utilizar nuestro entorno. Ofrecemos paquetes en los cuales pueden ir a mariscar o pueden trabajar en la viña o incluso venir a vendimiar con nosotros… Lo que quiere el turista es tener experiencias, quiere participar y eso es lo que le ofrecemos en Martín Códax. La visita a la bodega la basamos mucho en la experiencia y en nuestro obradoiro de catas el visitante puede  jugar con  aromas, con sabores, con colores. Queremos que sea una visita interactiva, participativa y que ofrezca una experiencia.  Nosotros decimos muchas veces que no vendemos vino, vendemos felicidad y es consecuente que organicemos este tipo de visitas para que disfrutes del momento, para que lo pases bien. Que te enriquezcas, en definitiva.

Dentro del mercado del vino, parecen ser los espumosos los que presentan mayores cuotas en crecimiento de ventas, ¿es así también en Martín Codax?

En nuestro caso, en Galicia, los vinos espumosos es cierto que se relacionan siempre con algún tipo de celebración, tomándolo además en el momento de los postres, que es cuando menos lo puedes saborear. Pero el consumidor ha aprendido y está aprendiendo mucho y en estos momentos hay ya muchas personas que catan los espumosos y lo beben con el aperitivo o incluso con la comida. No somos ajenos a lo que ocurre en el mundo, está evolucionando y se nota el avance. Se está consumiendo espumoso durante todo el año, no tanto como en otras zonas, pero sí que están creciendo las ventas, eso es una realidad. Pero no somos especialistas en espumosos, va a ser siempre un producto complementario. Somos conscientes de que el espumoso Rías Baixas tiene un techo y  un volumen, muy por encima de lo que estamos haciendo actualmente, seguro que sí. En el futuro habrá que plantearse si merece la pena tener instalaciones que nos permitan un producto más competitivo, pero de momento lo hacemos todo de forma manual, excesivamente tradicional frente a estas empresas con las que estamos compitiendo. En todo caso hay que estar alerta y ver lo que está pasando en el mercado y que esto nos tiene que dar una idea de que lo que el consumidor busca, algo relacionado con el disfrute, con ese ser feliz; nos debe abrir los ojos para saber qué darles con los vinos. Dentro de la tarta de consumidores de espumosos, siempre habrá una porción de consumidores sibaritas que van a apreciar más nuestro producto.

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