Entrevista a: Marisol Bueno, bodeguera y primera presidenta del Consello Regulador Rías Baixas

“En realidad el albariño como mejor se expresa es cuando pasa un poco de tiempo”

Valiente y decidida, Marisol Bueno fue la primera presidenta del Consello Regulador Rías Baixas, cargo en el que estuvo 21 años, cuando aún las mujeres eran “rara avis” en el mundo del vino. Conciliadora, sin abandonar por ello una personalidad arrolladora, Marisol Bueno dejó un buen día su actividad docente y se metió a viticultora. Hoy, Pazo de Señoráns, nombre de su bodega y de su vino, enamora a expertos y amantes del albariño

PAZO DE SEÑORANSHablar de Marisol Bueno es hablar del Consello Regulador Rías Baixas, que presidió durante 21 años, ¿qué valoración hace ahora con la perspectiva que da el tiempo de esa etapa?

La mía fue tan larga que imagínate. Fue una etapa muy bonita, porque crear algo siempre te da satisfacciones, pero viendo ahora la Rías Baixas me parece inconcebible creer cómo era en el año 86, cuando me nombraron. No había un papel, no había un registro, no había nada… El mundo del vino en España también era muy diferente en ese momento y fue algo muy bonito, fue una etapa de construir algo entre todos, algo que tenía una buena base porque de Galicia, las Rías Baixas era la zona que tenía más viñedos plantados y había un vino que casi sin estar en ninguna parte, ya contaba con cierta fama.

¿Qué fue lo mejor y lo peor de esa época?

Con cariño lo recuerdo casi todo, aunque hubo algún momento duro como  algunas decisiones que tienes que tomar y que no son entendidas en su momento por determinadas personas, pero yo soy de la opinión de que si ves algo claro, tienes que tirar para adelante. Siempre he tomado las decisiones pensando en el cargo que ocupaba y su responsabilidad, y en ese sentido estoy orgullosa. Así que puedo decir que recuerdo casi todo lo de esa etapa de mi vida con mucho cariño.

¿El hecho de ser mujer, no le supuso ningún problema adicional?

Ahora no tanto, pero en aquel momento  el hecho de ser mujer y ocupar un papel relevante en el mundo del vino era bastante raro. Era un momento  muy conflictivo porque aunque nos parezca increíble, y en aquel momento no hubiera nada, se peleaban el Rosal, el Salnés…. ¡Fíjate tú lo que hubiera sido tener dos denominaciones de origen a dos pasos de distancia peleándose la una con la otra! No había nada y se peleaban muchísimo, así que, desde ese punto de vista, el ser mujer benefició  mi labor  en el Consello porque se medían un poco más, las discusiones nunca acababan mal. Y después, la verdad es que no noté demasiadas  dificultades pero es cierto que entonces el del vino era claramente un mundo de hombres. Pero no sólo aquí, sino en todas  partes. Ahora, en Galicia es donde hay más enólogas, más gerentes de empresas en el sector, es algo muy normal.

¿Y cómo ve, ahora como una empresaria más, el trabajo del Consello?

Creo que el Consello sigue la misma línea que llevó siempre, es un organismo súper serio, que cuenta con unos magníficos profesionales al frente, que lo llevan bien y yo creo que hace lo que tiene que hacer: gestionar bien el dinero, dedicarlo casi todo a la promoción y ocuparse de llevar con rigor los controles de calidad.

El despegue del albariño y su conquista del mundo es objeto de estudio, ¿tiene techo este milagro del que usted forma parte?

Nos queda aún mucho techo, mucho camino por recorrer y mucho por conquistar. Creo que el Albariño es una de las grandes variedades del mundo, está reconocida en todas partes por su calidad y prueba de ello es que, si no me equivoco, es la variedad española que ha sido más plantada en el mundo en los poquísimos años que llevamos.  Hay albariño plantado en Australia, en Estados Unidos, en Austria, Alemania, en muchos sitios. Y aunque somos muy pequeños, bodegas muy pequeñas y  quizás por ello no tenemos ese reconocimiento de ser uno de los grandes blancos del mundo, que yo estoy convencidísima de que lo somos. Y hablo a nivel general, porque una cosa es que te reconozcan los entendidos del mundo del vino, y otra que al consumidor  en general le suene o vincule el albariño Rías Baixas como un gran vino.

Hablando del tamaño de las bodegas de Rías Baixas, ¿cree que en el futuro se  irá hacia bodegas más grandes, a la unión de varias pequeñas como pasó, por ejemplo, con la industria conservera gallega?

No me gusta hacer predicciones de futuro, la verdad, pero creo que hay que tener en cuenta que el mundo del vino es muy especial, no sólo aquí. Hace unos días estuve en Burdeos y, en general, allí las bodegas también son muy pequeñas. No sólo son pequeñas, sino que tienden a hacerse más pequeñas porque creo que hay un mundo diferenciado que es el del grado y volumen, que es un negocio, y hay otro negocio distinto que es el vino de calidad, que son en general estas bodegas en los grandes “chateaux”, que, curiosamente, tienden a decrecer o a mantenerse. Creo que todo cabe y aunque aquí la dimensión es a veces excesivamente  pequeña  para hacer rentable el negocio, siempre hay una medida que aquí es fácilmente asumible y que es muy buena para los vinos de calidad.

Vayamos a su faceta de empresaria. Usted estudió Ciencias Biológicas y fue profesora en un instituto de Cangas, ¿qué fue lo que le atrajo del mundo del vino?

Bueno, la enseñanza no me gustaba y me metí en el mundo del vino por casualidad. Compramos una finca  y teníamos claro que tenía que producir algo y en aquel momento plantamos kiwi y albariño, fue en el año 79, así que cuando yo empecé a dirigir el Consello en el año 86 ya era viticultura. De vinos no sabía prácticamente nada, ni yo, ni nadie de los que había aquí, aunque decían que sabían mucho. Eran unas bodegas muy caseras, era casi hacer bien las uvas, meterlas en el barril y esperar que la naturaleza hiciese el resto. Pero luego, es un mundo que te engancha, creo que no hay nadie que esté relacionada con él que no le guste. Es  bonito porque es una empresa pero también es un mundo  relacionado con el buen vivir, con la cultura, porque donde hay vino, siempre hay cultura, son zonas en las que hay un cierto bienestar.

 

En 1979 comenzó con la plantación de viñedo y diez años más tarde fundó la bodega Pazo de Señoráns. ¿Fue algo planificado?

No, no planificamos nada, una etapa dio paso a la otra, igual que sucedió en el consejo. Primero fuimos viticultores, después nos hizo el vino un amigo  que empezó con nosotros que es un magnífico bodeguero y viticultor que se llama Benito Vázquez, de la Bodega Carballal,  y luego ya pensamos que qué  íbamos a hacer, si nos metíamos en una cooperativa, si abríamos la bodega… No teníamos mucha experiencia en vender vino, así que decidimos utilizar la bodega vieja de la casa  y empezamos por nuestra cuenta. Con el tiempo hemos ido  cubriendo etapas, vendiendo más, aumentando la producción conforme el mercado lo iba pidiendo o lo que nosotros veíamos como empresa  que había que hacer, pero no hemos planificado demasiado este camino. Sí que hemos pensado bien cada etapa, pero sin hacer una planificación a largo plazo.

¿Se ha arrepentido alguna vez de haber dado el paso?

Pues la verdad es que no, todo lo contrario.

La I+D ha sido una constante en su bodega, influida quizás por su formación científica, háblame de algún proyecto en el que hayan trabajado o alguno en el que estén involucrados actualmente 

Creo que el I+D es importantísimo porque el vino es algo muy vivo. Aquí hay una tradición de hacer el vino pero como algo muy empírico, con muy poco conocimiento científico, pero incluso en aquellos sitios que tienen una tradición  donde la viticultura y la enología se han estudiado siempre de una manera científica, siguen investigando, siguen haciendo cosas nuevas, siguen estudiando métodos nuevos de tratar el viñedo y la uva, continúan estudiando las variedades , aquí queda muchísimo por hacer, tanto en el conocimiento profundo de nuestra variedad como en otras mil cosas. A mí siempre me ha gustado la investigación y, sobre todo porque al trabajar con una única variedad tienes que ver y estudiar distintos caminos. Hemos hecho algo de I+D en una cosa muy bonita para mi gusto que es la recuperación de los residuos, y tenemos una depuradora biológica, que ahora la están visitando y la van a hacer empresas muy importantes de otros sitios no sólo  de España. Eso fue una apuesta en su momento  y es maravilloso ver lo bien que funciona, y lo ecológica que es, y cómo se corresponde con el cuidado del medio ambiente.

MARISOL BUENO Y SU HIJA VICKY EN EL PAZO DE SEÑORANS

¿Cómo le ha ido con la vendimia este año, con un tiempo  bastante inestable casi al final?

La vendimia fue muy complicada, pero como cada año en esta zona. Siempre recuerdo por esas fechas a todo el mundo nerviosísimo, decidiendo el momento bueno para la vendimia, pendientes todos del parte meteorológico, llamando constantemente a Meteo Galicia, que se portan fenomenal  y te dan toda la información que les pides. Es importante para la calidad del vino acertar con el mejor momento para la vendimia, y tienes que apurar hasta donde puedas porque ya sabes que aquí cuando entran esas borrascas terribles, ya no salen, ya la uva no pinta nada colgada. Y este año fue bastante complicado, pero siempre hay que esperar que el vino de la cara, y creo que este año va a ser así, aunque todavía es muy pronto para decirlo.

¿Dónde se aprecian más sus vinos?

Nuestro mercado más importante es España, donde vendemos el 60% de nuestra producción. El resto, el otro 40%, va a la exportación  y nuestro mayor cliente fuera es Estados Unidos, algo lógico si pensamos que son 300 millones de habitantes en un solo país. Pazo de Señoráns  se puede probar ahora mismo en una treintena de países de todo el mundo. Pequeñas cantidades, porque no somos una bodega muy grande, pero nuestro vino es para esos nichos de mercado. En España, imagino que como todos los Rías Baixas, vendemos mejor donde hay costa, además de Madrid.

Ustedes apostaron por los vinos blancos de guarda (de larga duración) cuando no estaba de moda, ¿cree que el tiempo les ha dado la razón?

Al principio nos llamaron locos. Junto con  Ana Quintela, que es nuestra enóloga desde el año 91, siempre hemos confiado mucho en esta variedad  y veíamos esos vinos franceses que duran tanto tiempo  y siempre quisimos intentar algo así, pero no es el  mismo camino. La mayoría de las veces el envejecimiento de los vinos franceses se hace en madera y nosotros lo hemos hecho en acero, y no es que no hayamos investigado con la madera, que sí lo hemos hecho, pero nunca hemos encontrado ese punto que buscábamos. Lo hicimos en el año 95 y la gente nos decía  que era una locura, pero muchos de esos que nos llamaban locos al final nos dieron la razón. La verdad es que el albariño lo que casi no es, es un vino del año. Es cierto que como vino del año tiene unas cualidades  que otros no tienen, mucha boca, mucha frescura, pero en realidad el albariño como mejor se expresa es cuando pasa un poco de tiempo.

¿A sus hijos le apasiona tanto este mundo como a usted, o les vino un poco impuesto?

Como te decía antes, casi todos los que tocan este mundo, terminan enganchándose a él. A mis hijos, sobre todo a tres, les gusta muchísimo. Una trabaja conmigo en la bodega, que es Economista, y los otros son de la rama sanitaria como su padre. Al que no está en Galicia le gusta tanto que su mujer se ha puesto a estudiar Enología como segunda carrera para intentar hacer ellos un proyecto propio en otro sitio.

Algún proyecto de futuro que nos pueda adelantar   

Siempre estamos investigando algún nuevo producto  y este año sacaremos una pequeña cantidad de una cosa que yo considero que está deliciosa y que tampoco lo ha hecho nadie en Rías Baixas, pero déjame que guarde el secreto porque este año  cumplimos 25 años y me gustaría  hacerlo coincidir con el aniversario, para darle la  gran repercusión que creo que merece.

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