Orujo versus Aguardiente

Bebida espirituosa resultante de la destilación de los orujos o bagazos obtenidos en los procesos de vinificación. Existen distintos procesos de destilación, que van desde técnicas e instrumentos poco menos que ancestrales hasta sistemas industriales mucho más modernos (incluso dotados de avanzada tecnología laboratorial).

Destilar no es un proceso sencillo, en el que un profano pueda tomar decisiones, ya que se trata de una bebida a la que hemos de restar (alcoholes pesados de cadena larga, metanol, etc.) y eso no es un proceso baladí, por lo peligroso que pueda ser para nuestro organismo (importantísimo quid).

Conocido como agua de vida, forma parte del vademécum, fue utilizado como alimento contra la fatiga, y para combatir el frio de las zonas de montaña. En la más popular de la tradición médica y veterinaria existían muchas recetas de aguardentoterapia, se recomendaba el aguardiente para tratar dolores de cabeza y de muelas, gripes, catarros, torceduras e incluso contra el reuma. En medicina veterinaria se utilizaba entre otras muchas aplicaciones para hacer friegas a las ubres de las vacas y otras hembras lactantes, de forma que estimulara su producción láctea o como tratamiento de mamitis.

Generalmente, el orujo se consume después de las comidas, como sobremesa o acompañando al postre, y debiera ser consumido a una temperatura en la que se puedan apreciar sus maravillosas características organolépticas que desde luego no se corresponden con la congelación.

Nuestro aguardiente se ha convertido en un destilado de clase. Galicia tiene reconocida una denominación geográfica para el aguardiente de orujo, la Unión Europea lo sitúa en la misma categoría que los marcs franceses, las grapas italianas, las bagaçeiras portuguesas y los tsipouros griegos.

Pero actualmente, una gran parte de nuestros hosteleros (y no pequeña parte de los consumidores) han hecho de él, un producto tremendamente vilipendiado, manipulado y menospreciado. La típica bandeja de vasos de “chupito” (infames recipientes/dedal que no permiten la más mínima apreciación sensorial del líquido que vamos a ingerir) con la o las siempre rellenadas botellas de “Cardhu”, como obsequio de la casa, no hacen más que destrozar una buena imagen del establecimiento o de la comida que nos han servido con una diligencia tal que no se entiende terminarla con tal fiasco.

No me vale (disculpa de hostelero) que me digan “es lo que el público demanda” o que “es un obsequio de la casa”.

El consumidor en muchos casos está confundiendo términos y apreciaciones. Aprecia enormemente lo “artesano” “natural” “bio”, “eco” y una multitud de adjetivos que seamos capaces de acompañar a un sustantivo. Pero posee querencia a confundirlo con el término “casero”.

Los productos caseros son excelentes, única y exclusivamente en la casa del que los elabora, pero nunca en un establecimiento público, que nos debe de ofrecer siempre un producto con garantías sanitarias y de elaboración mínimas, cosa que este brebaje, que ofrecen de forma totalmente fraudulenta, no puede garantizar.

A muchos les asaltará a la memoria los desgraciados episodios de avaricia e inconsciencia de ciertos elaboradores donde el uso de alcoholes baratos (y a todas luces, inapropiados o prohibidos para el consumo humano) han causado daños irreversibles e incluso muertes entre los consumidores. No tenemos que retroceder mucho en la hemeroteca para comprobarlo.

Parece que por fin, la administración, ha dado un paso en pro de conseguir la erradicación de esta oferta de producto (quizás la pena es que sea una actuación dirigida más a resolver ciertos “olvidos” fiscales, que por los motivos “sanitarios” y de “fraude” que desde tribunas como esta, permanentemente estamos denunciando)

Debemos consumir o adquirir, únicamente, aquellos productos que nos puedan garantizar su procedencia y elaboración.

La uva tras la vinificación, nos ofrece su componente espiritual, haciéndonos disfrutar plenamente de este producto maravilloso que es el Orujo de Galicia.

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