Entrevista a: Ramón Blanco Lobeto, director comercial de Adegas Castro Brey

 

“La primera añada y parte de la segunda del ‘Sin Palabras’ nos la llevó British Airways, eso nos abrió mucho el mercado anglosajón”

La filosofía de Adegas Castro Brey es una clara apuesta por la calidad, basada en la combinación de la producción artesanal y las técnicas más avanzadas de criomaceración y de fermentación controlada en acero inoxidable. Aunque, fundamentalmente su éxito se debe a un gran equipo humano.  En las viñas, donde Lourdes Pérez Castro, con Elvira, Cruz y José, cuidan y miman cada día las cepas; Moncho y Jose en la Bodega, cuidando cada detalle de la vinificación con el asesoramiento de la enóloga Cristina Mantilla, y todo ello supervisado por la gerente Lourdes Castro, acompañada en la andadura final de los vinos, desde su salida de la bodega, por Ramón Blanco, el director comercial, y Ana Amosa, responsable del mercado exterior. Todo supone un importante trabajo, en el que cada parte aporta su granito de arena a este proyecto de más de 25 años. Con Ramón Blanco hemos hablado de su “Sin Palabras” y de los “Nice to meet you”, una concepción vanguardista al servicio de un vino que es todo expresividad.

IMG_0849 2-w¿Cómo  se ha llegado a un proyecto tan innovador como Adegas Castro Brey manteniendo los lazos con el pasado?

Creo que lo llevamos muy bien  porque  tenemos la suerte de que la bisabuela  es una persona muy moderna, que emigró, que estuvo en otros países, con una mentalidad muy adelantada a su tiempo, muy receptiva  a cualquier tipo de  cambio. Por otra parte, creo que hemos demostrado mucho cariño a esta tierra, a esta zona de Camanzo y hemos conseguido sacar adelante un proyecto que yo creo que es muy diferente. Ella está muy orgullosa de lo que hemos conseguido y eso nos facilitó mucho las cosas. Este año, además, ya nos dejó totalmente la vía libre a mi mujer y a mí con lo que podemos decir que esta añada 2015 ya es enteramente nuestra. No obstante, la bisabuela sigue aportando sus opiniones y su experiencia, que es muy válida porque todos esos años trabajando la viña le dan un conocimiento que siempre es bien recibido.

¿Por qué “Sin Palabras”?

La imagen del vino es esa máquina de escribir Underwood, con la que se hicieron las primeras facturas, que siempre ha sido un símbolo muy especial para nosotros. Estuvimos casi 7 años para poder entrar en la D.O. Rías Baixas, en aquel momento les extrañaba que en Camanzo, en Vila de Cruces,   hubiese Albariño.  Cuando empezamos a hablar de nuestro vino, decíamos que era un Albariño que dejaba a la gente sin palabras. Creo que el gran acierto de ese nombre es que nadie se olvida, lo mismo que del “Nice to meet you”. Por defecto profesional, aunque sabía que lo más importante que teníamos estaba en la viña  con muchas de nuestras cepas de más de 50 años, también tenía claro que lo visual es lo primero que llama la atención. Yo creo que todos estamos de acuerdo en que si compras algo y no te gusta, no lo vuelves a comprar, pero visualmente en este mundo del vino en el que hay una oferta tremenda, que compren el mío me parece un milagro absoluto, con lo que se hace necesario destacar un poco al principio para conseguir que elijan el tuyo.

Usted es arquitecto, ¿tenía alguna experiencia previa en el mundo del vino?

Ninguna, sabía un poco de sidra, porque soy asturiano, pero nada más. Puedo confesar que hasta que empecé la carrera apenas bebía vino, era más de zumos. Cuando conocí a mi mujer y me enseñó este sitio, del que también me enamoré, lo que hice fue formarme. Recientemente hice el Curso Superior de Sumiller en el Instituto Galego do Viño y lo que intento es aprender cada día, estoy estudiando más ahora que cuando estaba haciendo la carrera de Arquitectura, este es un mundo complejo.

¿Cuándo vinieron los licores?

Los licores llegaron después del “Sin Palabras” porque lo que quería era cerrar el ciclo. Al principio mandábamos el bagazo para destilarlo en otras empresas, pero a mí me gustaba la idea de empezar desde la viña hasta el último fruto, que era ese bagazo,  y rematarlo con lo que era el aguardiente. De esta forma, el bagazo del “Sin Palabras” es el que se emplea en el “Bocabajo”. Al final, hicimos nuestra destilería y somos Denominación Específica de Orujo de Galicia. Desde mi punto de vista hay tres destilados en el mundo: el Tsipouro griego, la grappa italiana y el orujo de Galicia, y creo que nosotros no nos damos el valor que realmente tenemos. Desde el primer momento me impuse el reto  de no entrar en el precio, simplemente quería  buscar la máxima calidad posible. Para ello apostamos por una elaboración totalmente artesanal, con nuestros alambiques y recuperando esa tradición que tenía la abuela porque en esta zona hay mucho “aguardenteiro”. El Ulla si tiene fama por algo es que de aquí salen los mejores aguardientes de Galicia y ese era un poco el reto que me planteé . Todo esto se juntó con que estaba un poco cansado de que en otras zonas de España se quejaran del escaso diseño del aguardiente, así que quería hacer algo diferente, algo bueno por dentro y atractivo por fuera. Así nació “Bocabajo”.

Están vendiendo una gran parte de su producción en el mercado internacional, ¿a qué países han llegado sus vinos?

Ahora mismo estamos en 16 países, a donde se va más del 30% de nuestra producción, una cifra que cada año va en aumento. Estamos en Vietnam, Costa Rica, Brasil, México, Estados Unidos (Nueva York, Carolina del Norte, California, Texas), también en Gran Bretaña, Irlanda, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Holanda, entre otros. Por suerte nos va muy bien y ese trabajo que empezamos en 2002 en el mercado exterior va dando sus frutos. Japón, Estados Unidos, Costa Rica y Gran Bretaña son sin lugar a dudas los mercados más interesantes. Cuando nació el “Sin Palabras” ya vino con un pan debajo del brazo puesto que la primera añada y parte de la segunda nos la llevó British Airways y eso nos abrió mucho el mercado anglosajón.

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Han tenido una vendimia que muchos califican como la mejor en los últimos años, ¿se esperan unos vinos fantásticos?

Yo creo que sí, suena un poco redundante porque todos estamos diciendo lo mismo, pero la climatología fue muy especial, hubo un momento crítico en septiembre, justo antes de la vendimia, aunque duró muy poquito y realmente vino bien porque sirvió para limpiar la atmósfera y dar paso a unos días maravillosos. Confío mucho porque tuvimos una uva muy sana y en esta zona, al estar tan cercana al río y ser una zona baja, normalmente tenemos Botrytis, lo que nos obliga a mimar mucho más las cepas de Godello y Treixadura para evitar perder uva. Este año no se perdió casi nada, así que estamos muy contentos porque todo está saliendo muy bien.

¿Algún proyecto nuevo en Adegas Castro Brey?

Sí, varios. Acabamos de catar el “Sin Palabras 2010” que para mí es muy ilusionante porque llevo aquí 14 años pero realmente fue con el nacimiento del “Sin Palabras” cuando yo tomé un poco las riendas  de la bodega. Esa para mí fue la mejor añada con lo que tener la suerte de haber podido guardar el vino y de ver su evolución cada año y decidir ahora que es el momento de sacarlo, es muy emocionante. Me siento un poco como el  responsable de seguir escribiendo una historia que empezó el “Sin Palabras”. Después también tenemos los “Nice to meet you”, que  fue algo muy arriesgado, no por el vino, que yo estaba seguro de que iba a tener calidad por las variedades que tenemos aquí y la edad de esas variedades, sino por la imagen, que era muy diferente a lo que la gente estaba acostumbrada. Era la primera botella pintada, con una pintura orgánica  italiana, con una doble cocción para poder serigrafiar encima, con colores muy vistosos y dedicados a cada una de las ciudades que tuvieran un significado especial para mí. Todo era muy novedoso. Para mí la viticultura  y el vino en general es una delicia, es una forma de vida en la que yo me siento muy cómodo y soy muy feliz, una felicidad que intento trasmitir en esos vinos. En este sentido, una gran alegría que me llevé fue en el año 2012, cuando muchos distribuidores y restaurantes me decían que lo pedía mucha gente joven. Con lo cual, si con el “Nice to meet you” conseguimos atraer a los jóvenes a la cultura del vino, mejor imposible.

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