“Una bodega pequeña tiene que competir en calidad, es su única salida para triunfar”

Cuando Isaac García y Obdulia Domínguez realizaron en los años 70 su primera plantación en el valle de Monterrei y empezaron a vender vino a granel, nunca se imaginaron que años más tarde esas viñas serían el punto de partida de una bodega que hoy vende su vino en Madrid, Barcelona, Alemania o  Nueva York. Adegas Triay, la empresa que pusieron  en marcha su hija, Purificación García, y su yerno, Antonio A. Triay, ha conseguido hacerse un hueco en diferentes mercados gracias a su calidad  y a una cuidada selección que se traduce en unos caldos muy especiales.

IMG_0911-wEste proyecto viene de los años setenta, con sus suegros, pero realmente cuando se puso en marcha la bodega fue en 2004, ¿cómo fue ese proceso?

Mis suegros llevaban desde los años 70 vinculados al mundo del vino, que vendían a granel como la mayor parte de los viticultores en Galicia en ese tiempo. Cuando dejaron la actividad, nosotros pusimos en marcha el proyecto tal y como se conoce hoy, montamos  una nueva bodega y empezamos a embotellar  el vino. Hicimos una marca y nos metimos dentro de la Denominación de Origen, así fue como nació Adegas Triay.

¿Siempre tuvo claro que quería ser viticultor?

Sí, me encantaba. Sabía que no iba a ser fácil, somos gente humilde y había que empezar de cero. Los primeros cuatro años fueron bastante duros, la verdad, pero ahora el tema está yendo bien e incluso la bodega se nos está quedando pequeña. Ahora mismo tenemos capacidad para unas 45.000 botellas, entre el blanco y el tinto.

¿De dónde le vino la pasión por el vino?

Me vino de mis suegros, yo nunca antes había tenido relación con este sector. Me enganchó y decidí continuar con la empresa, a pesar de que mi mujer al principio no quería. Ahora mis suegros están orgullosísimos, mi suegro siempre está conmigo en la viña. No falta un día.

¿Y con qué viñedos están trabajando, con los que heredaron?

Mantenemos algunas de las viñas que tenían mis suegros, pero hemos tenido que ir comprando más. Asimismo, hemos planteado variedades que no teníamos como Godello, Mencía, Treixadura, Sousón. Desde el primer momento nuestro objetivo fue sustituir las variedades foráneas por algunas autóctonas que consideramos que podían darse muy bien en esta tierra, como así ha sido.

En su bodega hacen mucho hincapié en la forma “artesanal” de hacer el vino y el cuidado de la tierra

Ponemos mucho mimo en el trabajo con la uva, en viña, tratando de darle productos que no sean agresivos, no dar sistémicos, trabajar con azufres en polvo como se hacía antes… Lo que es en bodega, se hace casi todo como se hacía antiguamente, pero aprovechando las infraestructuras y técnicas actuales.  Es decir, combinando lo mejor de antaño con las técnicas más avanzadas.

¿Cómo ha sido la vendimia este año para ustedes?

Muy buena, tanto en calidad, que ha sido excepcional, como en cantidad. Maduración excelente, muy buena acidez. Ha sido muy buen año, no como el anterior cuando nos vimos obligados a tirar un montón de uva en viña.

¿Dónde está vendiendo su vino?

Una parte se queda en Galicia y otra se vende en País Vasco, Barcelona, Madrid, Baleares, Asturias. Fuera de España lo estamos vendiendo muy bien en Alemania y Estados Unidos. Este año también vamos a empezar a mandar vino a México, porque ya nos lo pidieron el año pasado pero no nos llegó el vino que teníamos para exportar más.

¿Con qué objetivo trabaja?

Ahora mismo mi único objetivo es consolidar lo que tenemos,  porque en la bodega no tengo espacio para producir más de los 45.000 litros. Tengo dos hijos estudiando y si alguno de ellos quiere continuar con este proyecto, genial, pero hoy por hoy nuestro objetivo es mantenernos y seguir ofreciendo la calidad que hemos demostrado  hasta ahora. Si una bodega pequeña no compite en calidad, no hay nada que hacer, es nuestra forma de salir adelante, la única salida para conseguir triunfar.

¿Cómo recibió los primeros premios, se los esperaba?

Para mí es un orgullo que la gente se acerque y me diga que le encanta mi vino. Que en las ferias vengan a decirme que el mío es el vino que más les gusta es algo que no se puede describir con palabras. Es una recompensa a todo el trabajo que una botella de vino tiene detrás. A estas alturas mi problema  es que no tengo vino para vender, ya me lo han comprado todo. Es una preocupación, pero bendita preocupación.

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