“El humor es la herramienta que normalmente utilizo para comunicarme, tanto con adultos como con niños”

Pepe Carreiro resulta difícil de encasillar y eso quizás es lo que le ha permitido defenderse tan bien en diferentes disciplinas como la ilustración, la publicidad, el diseño gráfico o el dibujo, su verdadero amor. Autor de Os Bolechas, Carreiro  es junto con el Xabarín Club, el responsable de que muchos niños, hoy ya adolescentes, se rieran, hablaran  y, en su caso, también leyeran en gallego.  Desde su estudio en  Vigo, nos cuenta cómo nació esta familia de seis hermanos, en qué ha estado trabajando los últimos años y nos habla de su asignatura pendiente, el cómic. Amante de los blancos gallegos y del tinto de Barrantes, “sobre todo con un buen cocido”, Pepe Carreiro  asegura que aún le quedan muchas historias que contar.

IMG_0885 copia¿Ilustrador, dibujante, diseñador, cómo le gusta que le definan?

Dibujante, porque es cierto que hago ilustraciones, en el estudio hacemos de todo, pero entiendo la ilustración más como un complemento, como un apéndice. En cambio, un dibujo consigue tener identidad propia, está narrando algo, incluso no necesita de texto.

Hoy esta profesión está de moda pero hace años se veía más como una afición.

Sí, es cierto, y en casa cuando decías que ibas a ser dibujante te veían como un bicho raro, preferían que hicieras estudios más reglados. Cuando empecé en esto era complicado porque incluso las editoriales, las pocas que editaban en gallego, traían los dibujos de fuera. Eso nos obligó a los de mi generación a hacer un poco de todo para vivir: ilustración de cuentos, dibujo publicitario, diseño gráfico… Recuerdo  que diseñador gráfico fue un concepto que se empezó a emplear en los años 80, antes éramos todos dibujantes publicitarios. En todo caso, esto no ha mejorado mucho. Hace unos días entrevistaban en un periódico de Vigo a varios dibujantes que decían lo mismo, que para poder vivir de esta profesión tenían que hacer un poco de todo. Antes de la crisis quizás sí hubo un periodo en el que el mercado de trabajo estaba bien, ahora ya hemos vuelto a lo de antes.

¿Ser dibujante era más difícil en Galicia que en otras comunidades?

Cuando era joven, Cataluña era el espejo en diseño gráfico, y los que introdujeron el diseño gráfico en los años ochenta en Galicia se formaron en Cataluña, se notaba. La verdad es que consiguieron  renovar todo lo que se hacía hasta ese momento. Aquí no teníamos formación, en general éramos todos aficionados. Esto ha cambiado, ahora Galicia es  una potencia en banda diseñada (cómic) y el trabajo que se hace aquí  incluso se exporta a Estados Unidos.

Dirigió varias revistas (Can sen dono, XO!), ¿cómo fue esa experiencia?

Lo pasé muy bien, de hecho el periodismo siempre fue mi pasión y es lo que siempre quise hacer. Y el periodismo de humor siempre me gustó especialmente, pero no como medio de vida, siempre tuve claro que ese no iba a ser mi medio de vida, fue un proyecto pero no lucrativo. La ilusión que tenía era crear una plataforma, hacer algo donde los humoristas gráficos y literarios pudiesen publicar libremente. Siempre hubo problemas para publicar este tipo de historias, ahora por la crisis pero también por la censura. La idea que tuvimos con la primera revista, “Can sen dono”,  era la de libertad total, que pudiese publicar quien quisiera. Pero aquello se convirtió en un imposible, la hacíamos los domingo por la tarde, en los momentos que teníamos libres. Después pasó a ser trimestral y posteriormente anual, realmente la hacíamos cuando teníamos tiempo. Al final desapareció, después de unos ocho o diez años. Después, entre varios sacamos otro proyecto adelante, “XO!”,  que era una revista de cuatro páginas, y que también la maquetaba yo los domingos por la tarde, antes de llevarla a la imprenta el lunes por la mañana. Aquello duró tres meses, creo, y después la sacábamos mensualmente, cada tres meses, hasta que un año después desapareció. Una revista semanal es una locura, aunque sea de cuatro páginas. Con estas experiencias la verdad es que me quemé, quedé tan reventado que a día de hoy aún me siento incapaz de meterme en el proyecto de otra revista.

Hablemos ahora de Os Bolechas, ¿cómo surgió esa familia?

Nacieron en el año 2000 y la idea era hacer una familia de personajes que sirvieran para entretener y divertir, con algo de dramatismo, pero muy superficial, sin llegar a los niveles de Walt Disney, que era tremendamente dramático, los niños salían siempre llorando. Os Bolechas empezó a publicarlos una editorial en formato de libro pequeño, eran aventuras cortas de dibujos muy secuenciales, lo que permitía que incluso los niños que no sabían leer, pudieran seguirlas. Y como tuvieron cierto éxito en Galicia, creo que se habían vendido un millar de ejemplares, la editorial decidió explotarlo y me encargó una colección complementaria un poco más didáctica. Por ejemplo, contar qué es un parque de bomberos, cómo se pesca… También se empezaron a comercializar por encargo de clientes particulares y se publicó una nueva colección dedicada a los parques naturales. En ese momento empezamos con una nueva editorial, la anterior ya había desaparecido, y se empezó a buscar otras formas de llegar a los niños: en televisión con marionetas, espectáculos… Yo donde lo paso mejor es con los clásicos, que seguimos haciendo, con las aventuras puras y duras, de texto pequeño y unas diez ilustraciones. Ahí hago al 100% lo que quiero, lo otro está un poco más limitado. Acabamos de sacar ahora, con una editorial de Santiago, una especie de enciclopedia para niños y ahí tocamos muchos temas.

¿Se dibuja de forma diferente para adultos que para niños, o la historia nace de la misma forma?

El humor es la herramienta que normalmente utilizo para comunicarme, tanto con adultos como con niños. Para adultos lo hago evidentemente desde una posición muy distinta, porque el humor que yo hacía era principalmente político. El registro es distinto. Por otra parte, y ya para niños, hice muchísima ilustración para libros de texto, que son dibujos muy descriptivos, ahí la autoría es mínima, eres simplemente la mano que ilustra lo que otro quiere decir. Con los niños lo que hay que conseguir es trasmitirles la ilusión, conseguir conectar con ellos a través de  la ternura, no ser antipático. Creo que eso es lo que funciona, hay que tratar de que pasen un momento divertido, no se trata de lanzarles consignas. Si pasan cinco minutos leyendo, por ejemplo, uno de los libros de Os Bolechas, para mí el objetivo ya está cumplido.

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¿En qué se inspiró  para Os Bolechas, qué historias de niños le gustaban?

Aunque directamente no tenía nada en mente a la hora de crearlos, es indudable que siempre tienes referentes de los que quizás te das cuenta más tarde. En mi caso fue la Familia Telerín (“vamos a la cama, que hay que descansar…), siempre me gustaron mucho. También fui lector de tiras humorísticas como las de Mafalda o Snoopy, así que también tenía esas influencias.

En 2003 recibió el premio Ourense Banda Deseñada a toda su trayectoria, ¿qué sintió?

A mí lo de los premios la verdad es que no me hace demasiada ilusión. Me gustaron algunos como los que daban los propios lectores en las bibliotecas, ahí los niños eran los que votaban. Además, el de Ourense al ser a una trayectoria parece que casi te lo den por obligación, porque eres mayor. Además, en el cómic no di el do de pecho, espero darlo algún día. hay muchísima otra gente que se merecía ese premio.

¿El futuro del Pepe Carreiro dibujante irá entonces hacia el cómic?

Siempre tuve ganas de hacerlos, porque hice algunos de los que no quedé muy satisfecho. Aún tengo la ilusión de dibujar cómics.

¿Si volviera a nacer, volvería a escoger esta profesión?

Seguramente empezaría por el periodismo, me gusta mucho el reportaje, pero siempre sería dibujante.

Vayamos ahora al mundo del vino, ¿Pepe Carreiro es de blancos o tintos?

Me quedo con ambos, aunque si me obligasen a elegir entonces me decantaría por el tinto. Soy un clásico en cuestión de gustos porque a pesar de lo que dicen ahora, a mí me sigue gustando un buen Albariño o Ribeiro con los pescados y mariscos, y un buen tinto con las carnes.

Veo que tiene claras sus preferencias en cuanto a los blancos, ¿pero los tintos de qué variedad o denominación de origen le gustan?

He probado algún Ribeiro exquisito, y también suelo beber los típicos tintos de Rioja, sobre todo con una carne asada. Para el cocido me quedo con un Barrantes.

¿Y en su vida profesional no ha tenido ningún encargo relacionado con el vino?

Sí, cuando trabajaba en Publicidad llevamos durante un tiempo la campaña de la Cooperativa del Ribeiro.

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