Entrevista a: Clemente Sequeiros, propietario de la Bodega Ángel Sequeiros

“Quería hacer un Albariño diferente, un vino que de alguna forma se asemejara a los grandes blancos europeos”

Arquitecto de profesión, Clemente Sequeiros decidió un día darle forma al sueño de su padre de poner en marcha una bodega, una empresa a la que no dudó en ponerle el nombre de su progenitor, Ángel Sequeiros. Nacieron entonces unos vinos muy especiales, Albariños singulares, que a pesar de ver la luz en plena crisis económica se hicieron un nombre en el mercado internacional a base de prestigiosos premios en los concursos más importantes del mundo. Hoy el Ángel Sequeiros Lías y el Foudre gozan de enorme prestigio y cuentan con un lugar privilegiado entre los grandes vinos blancos europeos.

¿Fue su padre el precursor de esta bodega que, además, lleva su nombre?

Mi padre, como muchos otros gallegos, fue emigrante, en su caso se fue a Salvador de Bahía, Brasil. Él era campesino, hijo, nieto y bisnieto de campesinos, y el vino era una de las pocas fuentes de ingresos económicos que tenía en aquel momento la gente del rural de Galicia. El dinero que obtenían con la venta del vino era el que utilizaban después para comprar esas cosas que no tenían del campo. Al volver de Brasil, compró la finca Quinta A Gaviñeira, que en cierto modo tenía un poco mitificada porque me contaba que cuando era pequeño el dueño de la finca bajaba a misa los domingos, estamos hablando de los años 30, en un Hispano Suiza y para mi padre aquello era lo máximo. Así que cuando retornó a Galicia, la finca estaba en venta y la compró. Posteriormente, como le gustaba lo del campo intentó diversos negocios: montó una granja de cerdos, plantó kiwis y fue en torno a 1984 cuando ya se decidió a plantar Albariño.

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¿Conservó los viñedos de Albariño que había en esa finca y que databan de los años 20?

Conservó algunos, no todos. Cuando por fin se decidió por la explotación de la uva ya le cogió con una edad avanzada y en ningún momento se planteó hacer una bodega, su intención era, y así lo hizo, vender la uva. La idea de empezar a hacer vino surge a principios de este siglo, cuando él ya es muy mayor y van dejándome paso a mí. Poco a poco me fue implicando en esta historia y hasta hoy.

Es entonces usted quien se decide a montar una bodega

Sí, en un primer momento continué con la inercia que llevaba mi padre, de vender uva, pero fui conociendo gente del sector como el enólogo Cayetano Otero, que me dijo que con el viñedo que tenía estaba abocado a hacer vino. Y la idea fue tomando forma hasta que en 2009 me decidí.

Su profesión no tenía nada que ver con la viticultura

No, yo soy arquitecto, pero el gusanillo del campo lo tengo desde pequeño. Pasé mi infancia aquí, entre Cabreira (Salvaterra do Miño), que es el pueblo de mi padre, y Entienza, en Salceda de Caselas, de donde era mi madre. Hasta que no empecé a estudiar el segundo bachillerato, que lo hice interno en un colegio en Vigo, no salí de aquí. Más tarde me fui a Madrid a hacer la carrera, pero hasta los 12 o 13 años el contacto con la vida de mis abuelos en el campo fue constante. Siempre me gustó y realmente ahora que he vuelto, me doy cuenta de que casi lo echaba de menos. Es muy gratificante, es algo muy tangible, muy físico, porque ves crecer las cosas. En un negocio en Internet o en bolsa, no ves los mecanismos, ves sólo los resultados, pero aquí vas siguiendo todo el proceso, y es más, como no lo sigas, malo. Hay muchos factores que hay que controlar a lo largo del año: el clima, el tipo de planta, las enfermedades…. También en la elaboración, donde también intento implicarme, te das cuenta de la complejidad y de que no es fácil hacer un buen vino.

Desde que decidió dedicarse hasta que salió el vino al mercado pasaron sólo seis años, ¿lo tenía muy claro, no?

Sí, fue un proceso muy rápido. Siempre hago una comparación con mi trabajo de arquitecto, yo tenía unos ladrillos, que eran las uvas, y pensé en qué edificio quería hacer con esos ladrillos. Una vez que decidí que ese edificio tenía que ser cómodo, integrado en el paisaje, confortable, lo demás fue más fácil porque lo que quedaba era buscar las personas que lo iban a hacer y básicamente el enólogo, que era la piedra angular, ya lo tenía claro. Así que ya con los ladrillos y el equipo de gente que iba a trabajar aquí, mi trabajo realmente consistió en definir bien el proyecto. Y qué proyecto era, pues tenía claro que quería hacer un vino Albariño diferente, no quería que fuera otro blanco más para el consumo rápido como si fuera un refresco, que es la tendencia actual en los blancos. Quería un vino que de alguna forma se asemejara a los grandes blancos europeos: alemanes y franceses. Que fuera un vino que pudiera durar, incluso mejorando, mucho tiempo en botella. Y la verdad es que se consiguió rápido por varios factores: la uva que sale de esta finca es de una calidad muy buena, y también influyen el enólogo y la cuba, que al ser un gran volumen consigue que lo que aporta la madera al vino esté muy integrado, no resalte, no ahogue la expresión de la uva Albariño. Cuando bebes mi vino, te das cuenta de que no tiene nada que ver con los Albariño de barrica que hayas probado antes, que cuando los tomas parece que estás chupando un leño de madera porque la transferencia al vino es muy potente, al extremo de que lo transforma. Eso hace que pierda las características varietales, la propia esencia en este caso de Albariño.

¿Qué producción tienen actualmente?

Vinos sólo tengo dos y no salen todos los años: El Angel Sequeiros Albariño Lías, que es un vino que se hace sólo en acero inoxidable, sobre lías, con remonte semanal, durante un año y que después de ese tiempo se embotella y luego permanece un bodega al menos seis meses antes de sacarlo al mercado, y el Albariño Foudre, que ese después de la fermentación está un año entero, de cosecha a cosecha, también sobre sus lías, y al terminar ese tiempo se pasa a acero inoxidable, ahí está otro año más, y al cabo de ese segundo año, lo embotello y permanece seis meses en botella antes de salir al mercado. En el caso del Lías la elaboración es de 18 meses y en el del Foudre, de 30 meses. Aproximadamente en Ángel Sequeiros producimos unos 7.000 litros de vino.

También tiene un vino de edición limitada, ¿cómo surgió ese proyecto?

Eso fue algo que hice en 2012, cuando mi padre cumplió 92 años. Con motivo de ese aniversario hice 92 Magnum, con un coupage de mis tres vinos hasta el momento: el 2009, el 2010 Lías y el 2010 Foudre, y la intención era tener un vino que más que una función comercial, tenía una función de Marketing. Resultó ser un vino muy bueno y que va a tener una evolución muy buena en botella, pudiendo consumirse hasta 2025.

¿A qué es debido que vendan más fuera de España que en el mercado nacional?

En realidad hay muchas razones para que esto sea así. En primer lugar, iniciamos nuestra andadura en una época de crisis, en un país en el que, como todos sabemos, la gente ha tenido que prescindir de ciertos gastos considerados superfluos, y entre ellos, el consumo de vino. Y relacionado con eso, el precio de mi vino es alto. Por otra parte, la gente joven tiene unos hábitos de consumo en los que hoy por hoy no se incluye el vino, ya sea por tendencias en gustos o por capacidad económica. La venta fuera de España se produce porque los Decanter que obtuve han tenido mucho eco en Inglaterra y en países del Norte de Europa, y esto hizo que consiguiera de una forma sorprendentemente fácil un importador en Gran Bretaña y otro en Miami, que están comprándome la mayor parte de mi producción. Ahora mismo cerca del 90% de mi vino se vende fuera.

¿El objetivo es equilibrar esta venta exterior con el mercado nacional o mantener esos porcentajes?

Mi objetivo ahora mismo es incrementar la producción hasta que toda la uva que saco de mi finca lo pueda transformar en vino. Tengo 7´4 hectáreas plantadas con Albariño y la producción en un año normal ronda los 9.000 kilos/hectárea. Es decir, que ando en los 65.000 kilos, y yo para hacer mi vino utilizo unos 10.000 kilos. Tengo un ratio de aprovechamiento un poco más bajo de lo normal porque utilizo casi dos kilos de uva para hacer un litro de vino, cuando el ratio es de 1,4. La razón es que no aprovecho los fangos, los desecho sin filtrar y sin prensar, y eso hace que necesite más uva para hacer mi litro de vino. Creo que eso también redunda en la calidad.

¿Y el objetivo de mayor producción obedece a un interés por incrementar sus ventas en España?

Mi objetivo es llegar a no vender uva, que toda la que produzca en la finca la emplee para hacer mi vino. La razón es muy obvia, en 2010, por ejemplo, vendí el kilo de uva a 1,80 y ahora está en 1 euro e incluso hay quien la venda más barata. Prácticamente, 1 euro es el umbral de rentabilidad, ya que hay que tener en cuenta que en Galicia todas las labores se hacen a mano: podar, sulfatar, vendimiar…todo es manual. No se puede mecanizar porque las superficies no son muy grandes y por el tipo de viñedos.

¿Cómo se sintió la primera vez que su vino recibió un premio?

Digamos que en un principio yo necesitaba hacer una especie de currículum rápido, y en 2012 envié el Lías a Burdeos, no esperaba nada porque prácticamente era mi segundo vino y cuando resultó que fue Medalla de Oro y, además, fue el único Rías Baixas Medalla de Oro ese año, la verdad es que fue una satisfacción tremenda. Eso fue en el momento de recibirlo pero luego empecé a pensar si había sido sólo un campanazo, así que al año siguiente envié ese vino a los otros tres grandes concursos de Europa (Bacchus, Concurso Mundial en Bruselas y Decanter en Londres) y el Foudre lo envié a los cuatro (Bacchus, en España, Burdeos, Bruselas y Londres). Pues bien, el Lías fue Plata en los Bacchus y en Bruselas, mientras que el Foudre consiguió Oro en Bacchus y Burdeos, Plata en Bruselas y Oro en Decanter, puesta me dije que aquello no había sido casualidad, que estaba haciendo bien las cosas y debía seguir en esta línea. Para mí lo interesante de estos premios es que en Burdeos, que yo sepa, soy la única bodega en Rías Baixas que lo haya obtenido en dos años consecutivos 2012, 2013. Y en Decanter en toda su historia sólo ha habido tres oros para vinos de Rías Biaxas, y yo tengo dos (2013, 2014).

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