Entrevista al director de Comunicación del Comité Interprofesional del Vino de Champagne, Thibaut Le Mailloux

“La exportación de Champagne representa la mitad del poder comercial del vino en Francia”

El director de Comunicación del Comité Interprofesional del Vino de Champagne, Thibaut Le Mailloux, nos habla en esta amplia entrevista de la importante labor que lleva a cabo el organismo que representa y desmonta falsos mitos alrededor de la bebida más famosa del mundo. Le Mailloux, que se refiere a esta bebida como “icono cultural”, y no sólo en Francia, destaca también el “valor inmaterial” asociado a este producto, sinónimo de celebraciones y conmemoraciones.

 

Sans titre 1¿Por qué fue necesaria la creación de un Comité del Champagne y cuáles eran sus objetivos?

El Comité Champagne nació en 1941 con el objetivo de establecer un vínculo entre los productores de uva y las Maisons de Champagne, es decir, los comerciantes. Tradicionalmente, y desde hace tres siglos, en la Región de Champagne el trabajo se divide en, por una parte, la producción; por otra, los viñedos, la posterior elaboración y, por último, la comercialización, el negocio, es decir, las Maisons. Hoy en día es un poco más complejo porque una parte de los viticultores también se dedica a producir vino y, además, existen las cooperativas. Sin embargo, en su inicio, la institución semipública que es el Comité de Champagne tenía por objetivo organizar el sector, es decir, organizar la producción, las relaciones entre los productores de materias primas, los viticultores y el encargado de la elaboración que, a su vez, es el responsable de la comercialización del vino. Históricamente, los viticultores y los comerciantes comenzaron a agruparse mucho antes. La primera victoria colectiva se produjo en 1843, a mediados del S. XIX; se trató de la victoria jurídica contra los vinos de la Región de Loire, a los que se les etiquetaba como “sparkling Saumur Champagne”. El Saumur es un vino de la Región de Loire, donde se produce vino espumoso, pero ellos escribían “Champagne” en la etiqueta. De este modo, el término Champagne se consideraba genérico para designar a todos los vinos espumosos. Pero en cualquier caso, Champagne no es un sustantivo genérico. Por lo tanto, antes de reunirnos por motivos económicos, hubo un primer movimiento colectivo para proteger el nombre. También nos ocupamos de decidir el número, el rendimiento, la cantidad de botellas que vamos a producir cada año. Por consiguiente, es una regulación tanto económica como cualitativa.

 

¿Y en la actualidad, cuál es su función?

A día de hoy, nuestro trabajo se ha traducido en un gran número de misiones que constituyen un registro de los datos de los productores de Champagne. Por ejemplo, la descripción de los dominios y su superficie, las cepas, la mejora de variedades y el establecimiento final, así como las estadísticas de cada uno de los operadores relacionados con cada etapa. El Comité Champagne son las aduanas del vino de Champagne, el registro oficial de los volúmenes producidos que tiene consecuencias sobre la relación con el estado, consecuencias sobre el comercio o los impuestos de la sociedad…todo eso pasa por el Comité. Y, a partir de 1953, apareció una nueva misión, que consistía en hacer llegar al extranjero la protección del nombre Champagne y llevar a cabo una formación profesional. Además, se realiza una labor de comunicación, principalmente en lo que respecta a las relaciones con los medios en los eventos, degustaciones, catas o eventos como el premio Prix Champagne “de la joie de vivre”.

 

¿Cuál es el trabajo del día a día?

El principal objetivo del Comité del Champagne es la gestión del sector y de la producción y la protección de la denominación. Asimismo, existe una dimensión técnica que es menos visible: la investigación y el desarrollo, ya que la mitad de los trabajadores del Comité son ingenieros, técnicos. Por lo tanto, tenemos la investigación en las vides, el vino…la protección de la relación y la comunicación, la investigación del desarrollo y el asesoramiento técnico para la calidad de la uva y del vino. Además, existe esta dimensión administrativa un poco a la francesa que consiste en llevar a cabo un registro de todos los elementos del conjunto, como se suele decir. Por lo tanto, el objetivo real de este organismo y de sus trabajadores es la gestión, el control, la experiencia, en lo que respecta a la producción, la comercialización, la calidad, la cantidad y un poco de comunicación también. Se trata de algo complejo porque hay que tener un control muy importante sobre el sector, ya que existen 20.000 declarantes de cosecha. De estos 20.000 declarantes, 15.000 son viticultores y de estos 15.000, 5.000 elaboran su propio vino. Contamos con 15.000 viticultores, 300 Maisons de Champagne, un centenar de cooperativas, etc. De modo que se trata de una región vitícola muy compleja porque es una superficie de 33.500 hectáreas más o menos en una pequeña región en todo el mundo. Estas 33.500 hectáreas tienen un tamaño parecido al de Borgoña; por lo tanto, una región de reducido tamaño que representa el 0,4% de la superficie de viñedos en el mundo y el 4% de Francia. Y en esta pequeña superficie tenemos 290.000 o más parcelas.

 

Imagino que se trata de una labor complicada

Es algo muy complejo porque hay un gran número de empresas y cada una de ellas tiene una pequeña superficie que con frecuencia se divide a su vez en pequeños fragmentos. Es muy pequeña en proporción a otras regiones vitícolas en el mundo…sin embargo, existe un gran número de actores y una gran complejidad. El 0,4% cuanto representa en relación con la economía francesa, la importancia económica del Champagne es muy relevante. Los vinos y las bebidas espirituosas en Francia suponen 11 mil millones de euros. El vino, sin contar las bebidas espirituosas, representa aproximadamente ocho y el Champagne, la exportación de Champagne representa la mitad del poder comercial del vino en Francia. Para un volumen de 300 millones de botellas (312 en 2015) es la mejor valoración de todas las regiones vinícolas en Francia. Esto se debe al prestigio pero sobre todo al coste de la producción, la complejidad de la elaboración y el coste de la materia prima. La uva se considera una de las uvas más caras del mundo. Este dato se explica por la complejidad de las condiciones, es decir, las normas de producción de la denominación de origen controlada y estas reglas también se ven influidas por el Comité Champagne porque, para responder a la segunda pregunta, el Comité Champagne no es una entidad independiente, sino la representación de todos los viticultores y todas las Maisons. De este modo, está el sindicato general de los viticultores, que representa sus intereses, la unión de las Maisons de Champagne, que representa el interés de los comerciantes y los presidentes de dichos sindicatos también son copresidentes del Comité Champagne. En este caso, no tenemos una ideología o una estrategia específica, sino que se expresa la estrategia colectiva porque este es un lugar de encuentro y de consenso. Como somos un organismo semipúblico, no podemos desarrollar la región si no hay consenso entre las diferentes partes porque el 100% de los viticultores y de las Maisons de Champagne forman parte obligatoriamente del Comité Champagne, pero tienen que estar de acuerdo y llegar al consenso, por ejemplo, en lo que respecta al volumen que se va a producir, el rendimiento de la próxima vendimia. Ese consenso será validado por el estado para convertirse en un decreto y una ley, de hecho, que se convertirá en obligatoria para todo el mundo. Es decir, las normas de producción se discuten, se negocian de forma interna y, una vez que hay un consenso, se hacen llegar a los gobiernos que las validan y, de esta manera, se convierten en obligatorias para todos.

La Administración de la región es muy fuerte y, finalmente, todos los viticultores y las casas están representadas a través de esta especie de comité sindical y el Comité Champagne, que trabaja a las órdenes de una oficina ejecutiva paritaria, es decir, con el mismo número de representantes de viticultores y de casas, siempre un poder equilibrado, el mismo. Además, cuentan con sus presidentes. Estas oficinas ejecutivas validan nuestro trabajo.

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¿Qué labor tienen estas “oficinas de representación”?

Se les denomina las “oficinas del Champagne” o “Champagne bureaux”. Existen 13 oficinas en el mundo y abarcan 16 países. Fue algo que comenzó en 1953 en Estados Unidos cuando los viticultores y las casas del Champagne decidieron abrir una especie de “embajadas”. Funcionan como embajadas porque funcionan como una representación permanente en el país con misiones informativas. Es decir, que el público y, sobre todo, los profesionales, los productores del vino, los departamentos del comercio local…todas estas instituciones cuenten con un punto de contacto para hablar del Champagne y de la economía del Champagne en dichos países.

Se trata de una labor de relaciones públicas muy importante, de relaciones con los importadores de Champagne, con los productores locales en los países que producen el vino para que podamos conocernos. De este modo, hemos conocido, a lo largo de los años, a personas que hacen el mismo trabajo que nosotros en todo el mundo.

 

¿Cuáles son los principales problemas que se encuentran?

Sobre todo queremos proteger la denominación Champagne para evitar que los productores de vinos espumosos llamen “Champagne” a sus vinos, hecho que ni otorga valor a sus vinos ni al Champagne. Hay que ser precisos porque el consumidor espera la verdad, la exactitud en las etiquetas y la creación de los valores de una región en la que el vino forma parte de la identidad regional. Luchamos contra el hecho de que algunos intentan aprovecharse del éxito del Champagne y utilizar su nombre para vender vinos que no lo son. Esta misión de relaciones públicas es muy importante, y también tiene una parte pedagógica, para explicar y hacer entender qué es el Champagne. Después están los eventos de los que he hablado, las degustaciones, o el premio a la “joie de vivre”, cuya función es hacer promoción del nombre comercial de la denominación Champagne: proteger, explicar y valorizar la denominación Champagne y sus vinos en los países en cuestión. Se trata de una misión de trabajo de fondo, a corto y largo plazo.

 

¿Y cuáles han sido los resultados?

Hay un primer resultado muy importante, somos la denominación de origen protegida en más de 120 países en el mundo. Eso quiere decir que en todos esos países hemos conseguido que la ley local proteja el hecho de que únicamente puede llamarse Champagne al vino de la región de Champagne en Francia. Y en ningún caso se llamarán así otros vinos. La primera victoria ha sido ésta, que en 120 países la ley proteja el nombre. Hace 50 años únicamente uno de estos países protegía la denominación Champagne. Este hecho, por un lado, por la dimensión jurídica, y además por su labor disuasoria ya que los profesionales del vino de todas partes del mundo comienzan a saber que no pueden utilizar esta denominación. Esto es un enorme éxito porque la protección a nuestro producto facilita la exportación y es que en un mercado, cuando el nombre está protegido, no puede ser utilizado por otro producto. La originalidad del Champagne es más que evidente y así lo pueden asegurar los consumidores de los cerca de 180 países a los que exportamos.

 

Hablemos ahora de cifras

Estamos en 120 países y vendemos 312 millones de botellas, siendo nuestro volumen de negocios de 4,7 mil millones de euros. Y yo creo que, por encima de todo, se trata de la defensa de una identidad y el conocimiento por parte de los consumidores, comerciantes, bodegueros y sumilleres, esto es lo que ha permitido que el Champagne haya evolucionado. Conviene especificar que, a día de hoy, es aún más importante, porque los mercados de los vinos espumosos se desarrollan a gran velocidad: 40% más de producción en los últimos diez años, y un 30% más de consumo. El Champagne, en cambio, está limitado porque se trata de una denominación de origen controlada y la región está delimitada de forma muy precisa: 320 pueblos, ni uno más ni uno menos.

Además, en el mundo cada vez se producen más vinos espumosos, por lo que la proporción del Champagne es cada vez más pequeña en lo que respecta al mercado mundial de los vinos espumosos. Por lo tanto, resultó muy importante llevar a cabo este trabajo entre 1941, finales de 1950 y la actualidad. Estos son los resultados principales, de hecho, el éxito del Champagne hoy en día en el mundo se debe en gran parte a las acciones llevadas a cabo por el Comité Champagne, que ha permitido igualmente regular la producción y el crecimiento de la producción cuando ha sido posible.

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¿Ha aumentado la producción en la última década?

Durante los últimos 50 años, la producción ha aumentado muy progresivamente. Se han producido grandes caídas, pero jamás se han arrancado vides. Existen regiones en Francia en las que se han realizado numerosas siembras y posteriormente se han arrancado las vides, los precios bajaron… El Champagne representa 60 años de crecimiento regular que crece desde hace 60 años en volumen y en valor de exportación, y esto se debe al trabajo del Comité de Champagne. Existe un dominio de la producción, jamás ha existido una sobreproducción fuerte, por ejemplo, en comparación con la cantidad que los consumidores estaban dispuestos a adquirir. Estamos en una producción de unas 350 millones de botellas.

 

¿Cuánta de esa producción se queda en Francia?

El año pasado se elaboraron 312 millones de botellas, de las cuales 161 millones se quedaron en Francia. Esto quiere decir que el mercado francés representa un 50% del volumen total. Es importante destacar este dato, Francia consume más de la mitad del Champagne, se trata de un nivel de consumo muy elevado, casi tres botellas por año por habitante. En los países en los que se que consume más Champagne después de Francia, la cifra es tres veces menor por habitante, una botella por año y habitante, lo que no está mal, como pasa en Bélgica y en Suiza. En realidad, la situación en Francia es muy diferente a la de todos los países del mundo porque en estos 50 años el Champagne se ha vuelto algo más accesible. Como pueden comprobar, el Champagne no es caro; sin embargo, en el resto del mundo, esto no es posible porque existen gastos de distribución, ya que es un producto importado y, evidentemente, será más caro.

 

¿Los españoles somos buenos consumidores de champagne?

España ocupa un lugar muy importante en nuestro mercado, es el noveno país de exportación con 3,9 millones de botellas y un fuerte crecimiento. Por ejemplo, en el año 2014, representó un +11,6% en volumen del producto exportado, , y en 2015 un + 14,3%, lo que representa en cierto modo el final de la crisis del champagne en España y una importante mejora de la economía española. En España hay una producción importante de vinos espumosos, e incluso un gran consumo de champagne, se trata de una prueba fehaciente de que el champagne y otros vinos espumosos son productos diferentes y tienen consumidores diferentes, que se destinan a momentos de consumo que no tienen que ver. Es decir, los consumidores pueden tener momentos en los que les apetece cava, momentos en los que les apetece Champagne y consumir ambos productos. Yo no bebo un único vino, ni una sola marca de agua mineral, del mismo modo que no como únicamente plátanos durante toda mi vida. Lo mismo sucede con el vino. Es un falso debate, una falsa polémica, y no hay polémica con los vinos espumosos. Por supuesto, se hacen la competencia unos a otros por definición, los consumidores tienen una cartera y un poder adquisitivo limitado, por lo que hay que elegir, pero nosotros pensamos que se trata de productos En mi opinión, los “espumosos” como el cava, no son un problema, siempre y cuando cada uno hable de sí mismo, se trata de acatar la ley pero también de lealtad, honestidad intelectual.

Cuando alguien dice, un vino espumoso de una determinada región dice: “soy diferente”, lo primero que dice es que es diferente del Champagne, lo que en sí constituye una manera de utilizarlo como referencia, no es un homenaje sino una explotación del nombre aunque sea para diferenciarlo. Asimismo, les pedimos a las otras regiones que producen vinos espumosos que mantengan esta competencia de la manera más honesta posible, cada uno hace marketing por sí mismo sin hablar de los demás. Se trata de no transgredir la norma general y, si se respeta esta norma, la coexistencia será tranquila. Sí, habrá mucha competencia, pero, según mi punto de vista, será una competencia positiva para todos. Esto obliga a cada uno a reflexionar sobre los elementos que constituyen su identidad, y creo que los consumidores cada vez más desean conocer el origen de los alimentos y de los vinos. De este modo, los consumidores comprenderán los productos, sabrán decir qué les hace originales.

 

¿Es posible hacer publicidad sin mencionar la palabra champagne?

Es cierto, la denominación Champagne es reconocida en 120 países en todo el mundo, pero sigue habiendo problemas graves en Rusia, Estados Unidos, Argentina o Vietnam. Por ejemplo, aquí tenemos una botella de vino, esto es vino espumoso ruso fabricado en Rusia y en la etiqueta aparece Champagne soviético, pero no es Champagne sino vino espumoso ruso. Lo mismo pasa en EE.UU., en Vietnam,y en Argentina. No es champagne, por lo tanto, la respuesta es no, no se debe utilizar el nombre de nuestra región. Así que en estos cuatro países (Rusia, Estados Unidos, Argentina y Vietnam) nos encontramos todavía en una posición frágil, difícil, porque es necesario que la ley reconozca la existencia del Champagne. Esto nos plantea problemas porque Rusia es un mercado importante (ocupa el puesto 20), Estados Unidos es nuestro segundo país de exportación pero, por ejemplo, en Estados Unidos exportamos 20 millones de botellas mientras que en Inglaterra el número alcanza los 34. Entonces, siendo Estados Unidos el primer consumidor de vinos del mundo, y aunque consumen gran cantidad de vinos espumosos, se percibe el déficit en lo que respecta al champagne, y este déficit está relacionado en parte con esta situación jurídica.

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¿Son las mujeres las principales consumidoras de este producto?

No tengo estadísticas, es cierto que hay una muy larga historia de las mujeres y el Champagne porque hay grandes “damas del Champagne” que han contribuido a crear la denominación, a fomentar el éxito comercial del vino. El tema “las mujeres y el Champagne” es un clásico, de hecho. Hay numerosos libros, películas sobre el tema porque existen numerosas figuras femeninas que han marcado el Champagne y que han aportado innovaciones técnicas, de marketing etc. Estamos hablando de innovaciones comerciales desde hace siglos.

De modo que el champagne les debe mucho a las mujeres, a las mujeres que se han encargado del negocio en sus inicios en la región productora y a las mujeres que han hecho mucho por el Champagne como producto. El Champagne fue el vino de los lugares de placer, de forma general y, a día de hoy, es el vino de las veladas nocturnas, de los clubes sociales. Cuando hay algo que celebrar se bebe porque es el vino de los reyes de Francia, de la fiesta.

 

¿Es el champagne un vino sólo para celebraciones puntuales?

¡Ah! ¡Muy buena pregunta! Es una cuestión fundamental para el futuro del Champagne, y para la comunicación acerca del producto. Pero el Champagne es todo, es el vino de la celebración e incluso el símbolo de la celebración porque, por ejemplo, en un premio de Fórmula 1, o si se bautiza un barco, el Champagne no se bebe, se desperdicia, se rompe la botella… Verdaderamente se utiliza como el símbolo de un momento excepcional. Además, está la utilización del Champagne para un brindis, para las celebraciones y ese es un territorio que, efectivamente, pertenece al Champagne, debido a las historias de los reyes de Francia.

Y, por lo tanto, en los bautizos, las bodas, el éxito, la firma de grandes contratos, los aniversarios, el Champagne está presente. En Francia, hay personas que dicen: “no, yo no bebo vino pero sí Champagne de vez en cuando”. Pero aun así se consume y, además, está el Champagne como vino, con su larga historia como vino de postre, porque es muy dulce, muy azucarado. Y, posteriormente, durante el siglo XX, pasó de ser un vino de postre al vino del aperitivo, lo que es mejor porque se toma antes, cuando se tiene la boca fresca y no hay alcohol en la sangre.

Beber Champagne para comenzar es mejor porque si se bebe al final puede que hayamos bebido demasiado y no lo disfrutemos tanto. En cierto modo, la posición del Champagne en el aperitivo es un hecho incontestable y, a la vez, recuerda al brindis, porque el aperitivo es el momento en el que se pronuncia el discurso, la bienvenida, los agradecimientos, las felicitaciones, etc. por lo que es un buen momento para vivir y consumir Champagne como un vino, un producto y un comunicador de símbolo. La pregunta que plantean es interesante, si bebo Champagne en la mesa, con la comida, el Champagne deja de ser un símbolo, es un vino. Y la respuesta es que sí, por supuesto, es un vino que sigue asociado a la alimentación porque incluso al principio de la historia del Champagne, en Reims, cuando se bebía Champagne en la botella, a principios del siglo XVIII con los reyes, había también otros vinos pero se comía a la vez que se bebía Champagne.

Yo creo que la posición del Champagne como bebida de aperitivo sin decir que es un vino, símbolo del aperitivo, de la celebración y como vino de gastronomía, por ejemplo, no es algo irreconciliable, son objetivos diferentes. Los profesionales del vino conocen las grandes cualidades del Champagne como vino de gastronomía, mientras que el público general no lo tiene necesariamente presente, sobre todo porque la botella tiene un precio, hay que tener un nivel de vida determinado para poder beber Champagne durante toda la comida. Y también sin duda se debe a que, con frecuencia, si lo bebemos en el aperitivo se acaba, y cuando pasamos a la mesa degustamos un vino menos caro. Y con esto no quiero decir que el resto de vinos sea menos importante, sino que la percepción del Champagne como vino de gastronomía debe permanecer como algo más especializado, más secundario, porque no es algo único. El Rioja funciona muy bien en la mesa, lo mismo que el Penedès o el Bourgogne, pero el momento del aperitivo es el momento de la celebración o la fiesta y este momento pertenece más al Champagne, porque tiene 300 años. El espumoso, que adopta la misma estrategia (aunque no todos, pero algunos lo hacen) es una especie de copia del Champagne, aunque han inventado una nueva identidad para su vino.

Y se espera que el Champagne siga demostrando que la celebración es “su territorio”. Los espumosos no son el símbolo de la celebración y de la fiesta pero el Champagne sí lo es. Y esto se debe a que el rey de Francia no bebía espumoso, porque estos llegaron dos siglos más tarde y el Champagne ya estaba presente, lo que convierte esta posición en “original”, porque ya desde el principio se exportaba.

 

¿Es un lujo beberlo?

 En la actualidad más de la mitad del Champagne se bebe en Francia pero, hacia finales del siglo XIX, se exportaba entre el 80 y el 90%. Había mucho menos Champagne y era algo único, totalmente de lujo. Los franceses “normales” no podían comprar Champagne, era caro, el vino de los reyes. Hoy en día hay más Champagne y el precio también se ha democratizado, por lo que se ha convertido en un producto más accesible.

El Champagne es un mito para nosotros, un icono cultural, un portavoz de la cultura de Francia en muchos países del mundo. Y, cuando se bebe Champagne, no sólo está presente la dimensión funcional, no lo bebemos únicamente por el vino, por el sabor, el placer, las burbujas…sino por su prestigio, va a convertir el momento en algo más original, más excepcional, más lujoso incluso y, efectivamente, el valor inmaterial asociado al producto repercute en el producto. Por este motivo estamos obligados a defender el nombre porque, de otro modo, los valores desaparecen y ya no serán específicos del Champagne.

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