Cumpliendo las normas respetaremos la calidad

Vivir en sociedad es aceptar sus normas (disponer de una serie de servicios básicos que nos hagan nuestra vida mas digna, segura y protegida (supuestamente)), para lo que debemos contribuir a su mantenimiento.

 

A veces son públicos, otras veces esos servicios básicos son privados. Nosotros los hemos contratado o demandado y tenemos una serie de obligaciones económicas para con ellos.

 

Existen otra serie de servicios que podemos demandar o no de forma voluntaria. Si lo hacemos es por que nos interesa.

 

Participar de una asociación cultural “X”, de una sociedad gastronómica “Y”, es algo que podemos decidir por nosotros mismos, si nos compensa o satisface.

 

Eso mismo ocurre en el sistema productivo, ciertas entidades pueden asociarse para incrementar su negocio.

 

En el mundo de la vitivinicultura, su elevada dependencia del cliente (consumidor final) hace que toda fórmula de calidad y sistemas que la garanticen redunde en un mayor valor añadido. Caso este, del establecimiento (por ley) de las Denominaciones de Origen Protegidas que existen en toda Europa.

 

Estas Denominaciones formadas por Viñas inscritas, Viticultores y Bodegas, son “Clubs” restringidos y con muchos condicionantes a cumplir, pero que están sometidos a la voluntariedad del que quiera inscribirse. Nadie obliga a formar parte de estos sistemas de aseguramiento de la calidad. Pero si te inscribes debes conocer el decálogo que has de cumplir y respetar.

 

Al fin y al cabo es bastante sencillo. El amparo de un Consejo Regulador de una DO viene a garantizar, qué el vino existente en el recipiente amparado ha superado las pruebas laboratoriales y organolépticas de calidad, elaborado por bodegas inscritas, a partir de uvas sanas de variedades autorizadas en viñas inscritas y registradas en la Denominación, y que han cumplido con las normas de vendimia dictadas por el Pleno del Consejo Regulador (órgano que representa a la totalidad de los sectores inscritos) velando por la obtención de la máxima calidad del producto amparado.

 

El Pleno está facultado para modificar en cada vendimia (y siempre amparado por los suficientes informes técnicos que lo justifiquen) al alza o la baja, la cantidad estipulada por hectárea para cada variedad.

 

El incumplimiento de la norma de vendimia es una falta administrativa que debe incoar el correspondiente expediente administrativo y si diera el caso sancionarse.

 

La Administración competente (que se erige como vigilante y juez sobre los actos de los órganos desconcentrados) no debe mirar para otro lado ante un incumplimiento flagrante. Ya que su inhibición se volverá contra el sistema de aseguramiento de la calidad, puesto que el consumidor dejará de lado cualquier producto amparado de forma chabacana, partidista y parcial tanto en la forma como en el fondo.

 

Además esa inhibición implica (sin lugar a dudas), una actuación implícita en el mercado favoreciendo a aquellos que actúan incorrectamente.

 

También se equivocan quienes proponen (sindicatos agrarios, presidentes de cooperativas,…..) que los incumplimientos de la norma sean aceptados como algo normal y natural (están desquiciando el sistema de garantías). A partir de ese momento de subversión, ya no tiene razón de existir ni el amparo ni la propia Denominación de Origen.

 

Si deja de existir la razón de un amparo de calidad, que camino tomará la administración (UE, Estado Español, Comunidad Autónoma) responsable tanto de la promoción de ese producto, como de facilitar el camino para que se pueda llegar a competir en un mercado tremendamente complicado.

 

Estamos tergiversando un sistema que lleva más de un siglo implantado en nuestro país. Si consideramos que está mal o es inapropiado, cambiemos el sistema, si no hagámoslo cumplir.

 

En la época que nos toca vivir, de comunicación global y de redes sociales por doquier, veo tremendamente difícil poder controlar ciertas situaciones de pérdida de confianza. Existe una máxima que dice que cuando algo te gusta, te satisface, te agrada, se lo transmite a un grupo de personas de su entorno (más o menos reducido), pongamos 10 personas, pero si algo te disgusta, desagrada o te genera desconfianza, se lo vas a transmitir a un grupo heterogéneo (no solo de su entorno) y muy amplio, probablemente 40 o más personas, siempre con una vehemencia inusitada

 

El consumidor, difícilmente perdona más de una vez, en un periodo de 15-20 años. Mucho tienen que cambiar las cosas (y muy bien se tendrían que hacer) para que nos vuelva abrir las puertas de su casa y su confianza.

 

Todo ello, siempre, con un coste económico y social altísimo. Que al final tendrá que abonar toda la sociedad (o sea usted, ……….., y yo).

Sobre El Autor

Antonio Raluy Rodríguez

Sumiller y Catador

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