Entrevista a Diego Dieguez Collarte de Adegas Cume do Avia

«Los estatutos de Cume do Avia no sólo hablan de vino, el vino es el alma del proyecto, el corazón, pero hay más cosas»

Levantaron el viñedo tomando como base la tierra que vio nacer a sus abuelos, Eira de Mouros, una aldea abandonada en los años cuarenta y que hoy ha vuelto a recobrar su paisaje de la mano de cuatro jóvenes y de su proyecto, Cume do Avia. Diego, Álvaro, Fito y Anxo decidieron un día apostar por su sueño y aunque en su momento les tacharon de locos ya tienen en el mercado dos grandes vinos procedentes del cultivo ecológico. Y de ese amor por lo natural son también las botellas con las que presentan su producto, elaboradas con materiales sostenibles y pintadas a mano. Si tienen la oportunidad, no dejen de probar Cume do Avia, les transportará a un lugar mejor.

La bodega nació en 2005, ¿de quién fue la idea de meterse en un proyecto de estas características?

Este proyecto surgió en el contexto de una asociación juvenil. En el Ribeiro es difícil encontrar a alguien que no tenga tradición vitícola y en este colectivo del que hablo, que estaba formado por gente joven del pueblo, empezó a germinar la idea de dar continuidad a la manera de trabajar y de hacer las cosas como las estábamos haciendo, todos juntos, dándole un enfoque un poco más serio, más empresarial.

¿Y en su caso dónde estaba su relación con el vino, en la familia paterna o en la materna?

Me viene por ambos lados, tanto por parte de madre como por parte de padre. Nuestro abuelo fue uno de los socios fundadores de la Vitivinícola del Ribeiro, Viña Costeira, así que en nuestra familia la tradición vitícola estaba por todas partes.

En cierta forma se puede decir que estaban predestinados a trabajar en el mundo del vino

Qué va, todo lo contrario, lo raro fue que nos decidiéramos a montar una bodega. Nosotros teníamos una formación bien diferente, estábamos iniciando nuestra andadura en el mundo laboral, en actividades muy diversas. Es más, tanto mi hermano como yo nos criamos y formamos en Vigo, porque fue a donde se fueron nuestros padres. Y nosotros deshicimos ese camino, lo anduvimos hacia atrás y empezamos aquí y con este trabajo. Lo raro es que lo hiciéramos así, estábamos encauzados hacia otra cosa, pero fue así

¿Y qué tiene que ver en esta historia Eira de Mouros?

Cuando empezamos a hablar de este tema, como no teníamos nada de nada, ni dinero, ni tierras, lo primero que tuvimos que hacer fue buscar una ubicación en donde realizar el proyecto. Es una desventaja no tener nada, pero también tiene su parte positiva que es que dispones de un lienzo en blanco. Así que nosotros escogimos el sitio, el lugar que nos pareció más idóneo, y para escogerlo nos basamos principalmente en dos aspectos: el agronómico, las características climáticas del lugar (orientación, riqueza de suelos, que fuera un lugar muy aireado…), de ahí el nombre de Cume do Avia, y el otro motivo fue más inmaterial. Eira de Mouros es un topónimo que toma su nombre de un asentamiento, una antigua aldea que desde los años 40 está abandonada y en ese lugar nacieron parte de nuestros abuelos. Yo todavía recuerdo cuando siendo muy niño acompañábamos a nuestros padres a dar sulfato… Era un lugar que conocíamos bien y al que teníamos un apego, así que nos pareció un lugar fantástico, por muchas razones, para iniciar este proyecto.

ARTISTAS

Así que la bodega nace en 2005 pero la primera cosecha no sale al mercado hasta 2013, ¿qué pasó en ese tiempo?

Una travesía por el desierto (risas). Bueno, no teníamos nada y lo primero que había que hacer era constituirse, después hubo que conseguir el dinero y luego tuvimos que gastarlo, básicamente en tierras y maquinaria. Primero compramos la tierra, aunque una parte fue cedida por nuestros padres, nuestros tíos, otra fue alquilada. Todo esto dentro de un contexto de concentración parcelaria, y después ya compramos los tractores, excavadoras.. No teníamos experiencia así que nos vimos obligados a hacer prácticas para saber trabajar con ellas. El sitio estaba completamente a monte y hubo que trabajar mucho, había que convertir eso en un viñedo. La primera plantación la hicimos en 2008 y la segunda en 2009, después hicimos otra en 2013 y la última es de 2015. Es decir, gastando mucho dinero para poner esto en marcha.

¿Y el objetivo fue siempre el de hacer un vino ecológico?

Sí, así está recogido en los estatutos. Los estatutos de Cume do Avia no sólo hablan de vino, el vino es el alma del proyecto, el corazón, pero Cume do Avia habla también de ganadería, de una explotación que se rija por las leyes de la biodinámica, una explotación con el ciclo biológico cerrado, todo eso está recogido, está documentado en las escrituras de constitución y elevado al público en los estatutos. Aún no llegó el momento de dar más pasos en ese sentido, creo que no queda mucho porque hasta ahora nos ha tenido muy ocupados la parte de viñedo, pero creemos que ya es hora de enseñar esa otra cara de Cume do Avia.

¿Cómo fue el nacimiento del primer vino?

Hubo un primer vino que prácticamente no conoció nadie, fue el de la campaña de 2012. Ese año no nos satisfizo la propuesta para comprar uva y un poco por orgullo y otro poco por necesidad, ya llevábamos muchos años sin sacar un fruto del trabajo que estábamos haciendo, decidimos vinificar. Fue una decisión muy de última hora y el vino que resultó fue muy bien acogido por la poca gente que lo probó. La primera cosecha oficial fue en 2013, que comenzamos a comercializar en 2015; ahora ya está en el mercado la segunda cosecha, la del 2014, y tenemos en bodega, en depósitos y barricas, los vinos que saldrán próximamente.

Por lo que me cuenta, son unos románticos del vino

Eso todavía hoy, aún no sabemos cómo va a acabar esta historia. Yo no sé si diría que somos unos románticos, más bien esto es fruto de una ambición, no por lo material sino por la necesidad de sentirte verdaderamente satisfecho con lo que haces. Como te dije, nosotros cuando éramos pequeños íbamos a sulfatar con nuestros padres y vivimos aquello de «échale un poco más por si acaso» y nosotros tomamos consciencia de que eso no estaba bien, que así no se podían hacer las cosas. Y hoy en nuestro entorno, tanto familiar como de nuestros colegas, vemos que vuelve el verde a las viñas y vemos que cuando reciben visitas el discurso tiene un tinte más verde. El discurso, a veces más sincero y otras menos, cambió en estos últimos años eso es indudable. Las viñas cambiaron, en algunos casos radicalmente, y aunque todo esto no es fruto exclusivamente de nuestro trabajo, hemos contribuido a ello. Nos han llamado muchas veces locos por defender esta historia, pero somos un elemento más que contribuye a que se hagan mejor las cosas. Si eso es ser un romántico, pues sí, somos unos románticos,

BOTELLAS NAS FOLLAS

¿Es difícil vivir fuera de una D.O.?

Estar amparado por una D.O. supone, en principio, un elemento favorable desde un punto de vista comercial porque tienes una certificadora detrás, pero quizás esos parámetros están un poco anquilosados, o son excesivamente limitantes y te impiden, por someterte a la Denominación de Origen, hacer cosas diferentes, cosas que realmente dignifiquen tu producto, algo que marque la diferencia y que te distancie de la competencia. A las D.O. hay que defenderlas, nosotros somos pro D.O., queremos estar en la D.O. pero es cierto que en algunas cosas son muy limitantes. A mí no me gusta el discurso anti denominaciones que hay ahora, como tampoco me gusta el discurso anti certificadoras.

¿Se han volcado en la viña, en la tierra, para cuándo la bodega física, el edificio?

Nos lo planteamos, claro que sí. Ahora mismo estamos de alquiler en otra bodega y nos tratan muy bien, pero no es nuestro espacio, es una cuestión de intimidad. «Casado casa quiere», ya se sabe.

¿Dónde están vendiendo su vino?

Como tenemos poca producción, lo tenemos muy fácil. Lo vendemos básicamente en Galicia y algo en Madrid y en Cataluña, poco más. Ni exportamos, ni tenemos distribuidor, es un trabajo que estamos haciendo nosotros directamente por ahora.

¿Cuál es el objetivo de producción?

No creo que excedamos nunca las 40.000 botellas, este año embotellaremos 9.000.

Cume do Avia es un proyecto en el que están involucrados su hermano y dos primos, ¿cómo lleva lo de trabajar en familia?

No está resultando tan fácil como difícil podría ser, podría ser un infierno, pero está siendo genial.

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