Heladas, Efectos y Soluciones

Las madrugadas de los días 27 y 28 de Abril, se registraron en Galicia una de las más intensas heladas primaverales que se recuerdan. Las bajas temperaturas alcanzadas, unidas al avanzado estado vegetativo de la vid, unos 15 días más adelantado que otros años, hicieron que sus consecuencias fueran devastadoras, aniquilando grandes extensiones de viñedo y dando lugar a pérdidas cuantiosas en todas las denominaciones de origen Ourensanas.

Una vez pasado el peligro y valorados los daños, es el momento de buscar soluciones.

En las últimas semanas se viene hablando de la posibilidad de otorgar ayudas directas a los viticultores que no tenían contratados seguros agrarios.

A primera vista, parece lógico. Hay viticultores que no podrán vendimiar ni un solo racimo, bodegas que no podrán elaborar ni una sola botella, familias enteras que verán su economía muy dañada… Además, se trata de un hecho puntual, de ayudar a las personas damnificadas por una inclemencia climatológica tan inusual en nuestra zona. La idea no es descabellada, y de hecho ya se ha puesto en marcha en otras ocasiones.

Los últimos años han sido duros para el viticultor. Intensos ataques de Mildiu y otras patologías cada vez más resistentes a tratamientos de los que hemos abusado; incendios descontrolados que asolan parajes enteros; granizos localizados, cada vez más habituales y que arrasan todo por donde pasan; aumentos en las temperaturas y sequías a las que, si bien no estamos acostumbrados, todo parece indicar que deberemos habituarnos.

Todos estos cambios hacen pensar que es más que probable que tengamos que “cubrir” posibles pérdidas futuras.

Algunos compañeros lo tienen claro, y ésta seguridad les ha llevado a contratar seguros agrarios. Estos viticultores precavidos también son damnificados, de hecho, son los verdaderos paganos del desastroso efecto de una climatología adversa o un fuego inoportuno.

Por lo general, cabría esperar que grandes productores de uva y bodegas profesionales, tuviesen sus fincas bien cubiertas frente a imprevistos y, sin embargo, los datos indican que la realidad es otra.

Se calcula que sólo el 20% de las explotaciones vitícolas tienen contratado seguro, y los motivos son muchos: el alto coste de la contratación; la obligatoriedad de asegurar toda tu superficie vitícola registrada, no sólo la susceptible de verse afectada por la helada; los bajos rendimientos de producción estimados para el cobro, de aproximadamente la mitad del rendimiento medio de una viña en Galicia;  las estimaciones a la baja del valor de la uva, siendo de tan sólo 0,58€/kg para el Godello cuando en Valdeorras esta misma uva se paga por encima de 1,2€/kg de media…

Todos estos inconvenientes, fruto de la ineficacia de un sector altamente regulado, son en parte responsables del panorama vitícola actual. Ayer mismo, un viticultor de los más activos sindicalmente comentaba que si hubiese libertad total, si las compañías aseguradoras compitiesen entre ellas, los costes serían mucho más aceptables y la mayoría de nuestros campos estarían cubiertos.

La realidad es que los seguros se están revelando necesarios. Cada vez lo serán más, y vemos como las posibilidades de “ayuda” ante una catástrofe como la de este año se irán difuminando poco a poco. Tendremos que pensar pues como afrontar el futuro y tomar partido, y, sin menoscabo de lo que se acuerde en la mesa de negociación en la que sindicatos y Consellería debaten las medidas para afrontar la actual situación de “catástrofe”, hacernos corresponsables de la situación actual.

Quizá parte de la solución esté en considerar este desembolso como un gasto habitual del viñedo, incrementar el kg de uva 10 céntimos y repercutir este coste en la botella; además, deberemos optimizar la selección de las zonas de plantación, la conocida como “vocación agronómica” del terreno, algo que si bien este año no habría evitado totalmente los daños, si los habría minimizado en algunas de las zonas vitícolas. En definitiva, trabajar por la calidad no por el precio, no por la cantidad. Trabajar para elaborar vinos diferentes, sabrosos y complejos, que nos compensen con creces el dinero invertido.

Sobre El Autor

Iria Otero

Enóloga

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