“El aceite que estamos obteniendo de semillas de Loureira es espectacular”

Carmen Martínez Rodríguez, del Grupo de Viticultura de la Misión Biológica de Galicia vuelve a  la revista Cepas y Vinos para hablarnos de su reciente proyecto sobre olivos autóctonos de Galicia, para el que cuenta con la financiación de la Fundación Juana de Vega. La investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSCIC) también nos explica las últimas novedades de los trabajos relacionados con el aprovechamiento de recursos vitivinícolas, entre las que se encuentra la obtención de aceites de semillas de uva de Albariño, Loureira y Caíño Blanco,  “con unos resultados muy interesantes”.

Se conocen dos variedades autóctonas de olivo en Galicia, pero se cree que hay alguna más, ¿son únicas en el mundo?

Serían variedades autóctonas ya que nunca existieron en otras regiones del mundo. De hecho, en el trabamos que estamos desarrollando las estamos comparando con el Banco Mundial de Datos de Variedades de Olivo y por lo que estamos viendo, no existen en ningún otro lugar. Los agricultores de estas zonas de olivar diferenciaban dos (Brava gallega y Mansa gallega), que ya hemos comprobado que son variedades completamente distintas, tanto en la forma de las hojas como en sus frutos. Estamos haciendo un trabajo botánico muy amplio, de descripción de las hojas típicas  de cada uno de los ejemplares que vamos cogiendo y de los frutos, además de un análisis de ADN. Los datos que tenemos ya nos indican que Brava y Mansa son dos variedades diferentes, que no tienen nada con los olivos que hay en el mundo. Son dos, pero creemos que vamos a encontrarnos con más variedades.

¿Qué es lo que hace a estas variedades únicas frente a olivos que ya conocemos?

Pues la misma diferencia que puede haber entre el Albariño y el Palomino Fino de Jerez, o entre la Treixadura o el Albariño. La forma de las hojas diferentes, al igual que el porte del árbol, el tamaño y la calidad del fruto y, por supuesto, del aceite. A nivel ADN, también dos distintos. Lo que pasa es que son variedades que hasta el momento no se habían descrito y es necesario hacer una descripción completa para demostrar que efectivamente son distintas a lo que ya existe en otros países. Y puedo adelantar que no hay nada en el mundo como Brava y Mansa, y que, además, son los olivos situados más al occidente de Europa. Galicia no entraba en la zona de olivos europea y con este trabajo demostramos que existen variedades distintas y únicas.

¿Qué características tienen?

Esto es igual que en el mundo de la viticultura, cada variedad tiene un racimo diferente y da un vino distinto. Aquí es lo mismo, cada variedad tiene un fruto distinto, con diferentes aromas, se podría decir que los gallegos son más herbáceos. Son olivos con un nivel de adaptación muy elevado a Galicia, que es una zona con un clima húmedo y más  frío que las zonas en las que estamos acostumbrados a que haya olivares. En determinados lugares como en Quiroga, por ejemplo, hemos encontrado auténticos bosques de olivos centenarios, mezclados con los castaños, con los madroños, con otras especies. Y en algunos sitios, la gente del lugar ya  conocía esas zonas como El Olivar y nos contaban que sus padres, abuelos y bisabuelos habían hecho siempre aceite en casa para autoconsumo o para trueque. Hay una tradición enorme, que nos sorprende a nosotros los primeros, y se conservan muchos ejemplares centenarios, muchísimos, que tampoco es fácil. El invierno pasado marcamos más de 50 ejemplares en distintos puntos de Galicia.

¿Qué pasó con estas variedades, se sabe por qué desaparecieron y cuándo?

Lo que sí sabe, y hay documento históricos que lo demuestran, es que el Conde Duque de Olivares en un momento determinado subió los impuestos para obligar a que la población fuese a ocupar los territorios reconquistados de la Meseta, y esa subida de impuestos provocó que se fuese abandonando el cultivo del olivar y en muchos casos se sustituyó por la viticultura, aunque ésta ya existía y convivía con el olivar. Esto parece ser que fue la causa del abandono de la actividad porque no podemos hablar de desaparición ya que estamos encontrando muchos ejemplares centenarios.  Esto me recuerda mucho a cuando yo empecé a trabajar en las variedades de vid, que todo el mundo sabía que existían pero estaban sin describir y no había ningún gran viñedo de Albariño, por ejemplo, o de otras variedades autóctonas. Estamos hablando del año 86. Creo que el tema del olivo va a tener mucha importancia para Galicia, va a ser un poco similar a lo que pasó con la vid. Porque vemos que de las variedades autóctonas se puede obtener un aceite de calidad y diferente a lo que hay ahora en el mercado.

¿Cuánto tiempo llevará este trabajo?

Llevamos ya cinco años trabajando en este tema, ahora lo que tenemos es un proyecto con la Fundación Juana de Vega, que lo financia en su totalidad,  y tiene una duración de cuatro años y también colabora la Asociación de Olivareros de Galicia. No sólo queremos describir estas variedades, sino que buscamos preparar planta multiplicada para cederla a los viveros  y que pueda llegar a los agricultores para que la planten. Creo que ya a finales de este 2017 vamos a tener resultados importantes, por lo menos saber cuántas variedades autóctonas hay, no sé a cuántas llegaremos pero serán más de cinco, que era nuestra primera estimación.

Ya por último, ¿en qué proyectos de viticultura está trabajando su equipo actualmente?

Tenemos varias líneas abiertas, ahora mismo estamos trabajando en el aprovechamiento de recursos vitivinícolas, por ejemplo estamos trabajando en la obtención de aceites de semillas de uva, con unos resultados muy interesantes. Son aceites de semillas de uva blanca y monovarietales, porque hemos visto que el aceite de semillas Loureira no es el mismo que el del Albariño o el del Caíño Blanco o Mencía, cada uno es distinto. También trabajamos en el aprovechamiento de otro tipo de residuos. Seguimos muy involucrados con el tema de las enfermedades de la vid, que es un problemas que nos preocupa mucho y preocupa muchísimo al sector, nos parece un tema muy importante y urgente. Estamos dedicándole mucho esfuerzo porque creo que de alguna manera hay que intentar reducir la aplicación de tratamientos, y ver de qué manera se puede luchar contra la cantidad enorme de enfermedades que atacan a la vid, cada vez más.

¿En el caso del aceite de semillas de uva, qué aplicación tendría este aceite, sería para consumo?

Sí, sería para consumo humano, para alimentación, y también para cosmética. Estamos trabajando en estas dos líneas.

¿Y qué variedad está dando el mejor aceite?

Estamos trabajando en las tres variedades blancas (Albariño, Caíño Blanco y Loureira), es un proyecto que estamos llevando a cabo en colaboración con Bodegas Terras Gauda y es la continuación de otro proyecto anterior. Puedo decir que el aceite que estamos obteniendo de semillas de Loureira es espectacular  en aroma, y en cuanto al contenido de diferentes compuestos vinculados a la salud, hay grandes diferencias entre unos y otros. Llevamos ya dos años trabajando  y creo que a finales de 2017 podemos presentar resultados, junto con Terras Gauda y los otros participantes en el proyecto.

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