Entrevista a: Jorge Alonso, gerentede la bodega Celme

“No buscamos hacer un vino de una forma determinada, queremos interpretar lo que nos da el viñedo”

Jorge Alonso reconoce que su historia es bastante singular: dos jóvenes ingenieros que un buen día decidieron poner en marcha su sueño de elaborar vino, sin relación previa con el sector salvo por su participación en un grupo de cata en Lugo. Pero la aventura, con la que Jorge y Dori llevan poco más de un año, les está yendo mucho mejor de lo previsto, consiguiendo un segundo premio en la Cata Popular en la 53ª edición de la Feira do Viño do Ribeiro, y unas críticas muy positivas para su blanco y su tinto.

En su página web dicen que Celme pudo no haber sido, pero fue… ¿Tan  difícil fue poner en marcha la bodega?

No tanto, Dori y yo empezamos en el mundo del vino apuntándonos a los cursos de cata de Mercedes González en Lugo, ciudad en la que trabajábamos, y a partir de ahí empezó a gustarnos este mundo cada vez más, realmente puedo decir que nos enamoramos del vino. Era algo que nos acompañaba, pero nuestra vida profesional -ambos somos ingenieros- iba por otro lado. Hubo un periodo de dos años que nos fuimos a vivir y trabajar a Edimburgo y al volver, fue el momento en el que decidimos que era el momento de montar una bodega. Era un sueño que teníamos y finalmente nos decidimos. Empezamos a buscar y todo surgió de forma muy natural, enseguida encontramos este sitio, que nos encantó, y nos lanzamos. Pudo no haber sido si las cosas no hubieran coincidido tan bien, si no hubiéramos encontrado un sitio que nos gustara tanto, que respondiera a todo lo que buscábamos.

¿Cuál era su idea de bodega?

La teníamos clara, queríamos hacer vinos como los que aprendimos a valorar y a apreciar. Queríamos una bodega pequeña, cuidada, con un viñedo con unas características determinadas y lo que buscábamos realmente era el viñedo en sí, que era para nosotros lo más importante. Pero cuando encontramos esta bodega, lo tenía todo: viñedo, paisaje y una casa restaurada.

¿Cuánto tiempo pasó desde que se decidieron a poner en marcha su sueño hasta que encontraron la bodega?

No pasó demasiado. Volvimos a España en agosto de 2015 y empezamos con la bodega a principios de 2016. Fue algo relativamente rápido, porque ya volvimos con la idea de empezar a buscar y justo al llegar nos fuimos a una cata en AVeleira, en Vigo, y gracias a esa cata nos pusimos en contacto con Pablo Estévez, que es nuestro enólogo, y fue él el que nos ayudó  a encontrar este sitio. Pablo ya conocía el viñedo y la zona.

¿Tenían alguna vinculación previa con el mundo del vino, además de su participación en el grupo de cata?

No, no teníamos ninguna relación, aunque creo que  alguien de nuestras familias en algún momento compró uva  e hizo vino, pero en ninguna de las zonas de Lugo de las que somos se producía vino. En realidad somos unos románticos del vino, alguien nos definió como locos (risas) y otros piensan que somos unos ingenuos, unos insensatos. Hubo un poco de todo, aunque en general recibimos muchísimo apoyo por parte de la familia, que nos han ayudado mucho con este proyecto.  Aunque es verdad que la gente que no nos conoce tanto se puede sorprender con nuestra historia.

A pesar de que algunos pueden calificar este proyecto de locura, no ha pasado mucho tiempo y ya han recibido un importante premio

Los primeros sorprendidos hemos sido nosotros porque no nos lo esperábamos. Es verdad que tenemos muy buena materia prima, unas cepas con muy buenas referencias, de casi 20 años el tinto, y 15 años el blanco. Sabíamos que teníamos un potencial enorme para producir vinos de calidad, pero eso no quiere decir que no nos sorprendiera que el primer año, cuando acabas prácticamente de empezar con este proyecto, ganáramos premios. Sabemos que el vino gusta porque nos lo dice la gente y nosotros estábamos contentos con el resultado, pero no para pensar en ganar un premio tan importante. De hecho, el blanco también recibió el segundo premio en la Feria del Ribeiro, en la cata popular. Estamos como en una nube, realmente.

¿Tenían claro el tipo de vino que querían hacer?

Sí, a grandes rasgos, porque no teníamos claro un perfil de vino concreto. Queríamos un vino de calidad, de los vinos que a nosotros nos gustaba beber, porque para defender tu trabajo tienes que creer en lo que haces. Queríamos un gran vino, eso siempre lo tuvimos claro, aunque pienso que todavía estamos en un momento de conocimiento mutuo entre nosotros y el viñedo, e intentamos respetar lo que nos da. No buscamos hacer de forma artificial un vino de una forma determinada, sino que queremos interpretar lo que nos da este viñedo. Nuestros esfuerzos se centran en sacar la uva del viñedo con la máxima calidad posible y ver a donde nos puede llegar. Si que es verdad que en el caso del tinto decidimos darle un toque sutil de madera, para añadir cierta complejidad, pero después es un vino que refleja el viñedo y el paisaje de la finca.

¿Para los que aún no han tenido la suerte de probarlo, podría definir sus dos vinos?

Son vinos distintos, El blanco es un vino más fresco, se elabora de forma diferente porque elaboramos las variedades por separado. Hay más diferencia entre los puntos de maduración de las diferentes variedades por lo que para intentar adaptarnos y sacar lo máximo de cada una de las uvas, las elaboramos por separado. Nos sorprendió un poco que de todas las pruebas que hicimos antes de embotellar, lo que más nos gustara fuera una mezcla de diferentes variedades (Treixadura, Godello, Albariño, Loureira). Es un vino complejo, bastante largo, pero es lo que pretendía ser, un reflejo del viñedo. Quizás este año empecemos a jugar con otras mezclas, para añadirle un poco de complejidad, alguna elaboración con barrica, o una elaboración de tostado, aunque eso nos va a llevar un poco más de tiempo.

¿Y el tinto?

El tinto es un poco distinto, es un vino pensado para durar en el tiempo. Es complejo pero mantiene muchas notas frutales, aunque el paso por barrica le da un matiz, un punto añadido. Trabajamos con dos variedades autóctonas  como son la Sousón y la Brancellao. La Sousón le da mucha fuerza, mucha potencia y el tema de la barrica era un poco para domar esa fuerza, para integrar mejor las variedades. El Brancellao le da un punto más de complejidad, es más aromático. El tinto lo elaboramos todo junto porque las dos variedades tienen puntos de maduración muy parecidos. Las barricas que utilizamos son de roble francés de primer año  y la idea era darle un toque para hacer un vino más redondo, pero respetando la materia prima, que no tenga protagonismo la barrica.

¿Cómo fue su primera vendimia?

Trabajamos con rendimientos muy bajos  (5.000 kilos por hectárea) precisamente para mejorar la calidad de la uva, así que no teníamos esa presión de conseguir cantidad. La vendimia fue toda una experiencia, tuvimos mucha suerte y todo salió bien. Empezamos a vendimiar un lunes y el viernes anterior por la tarde aún estaba maquinaria en la bodega. No falló nada, fue todo en familia y con amigos, a nuestro ritmo. Hubo un día que nos juntamos casi 30 personas vendimiando.

¿Por qué el nombre de Celme para la bodega?

Celme es una palabra gallega que significa esencia, además es el nombre del barrio en el que nacieron mis abuelos y mi padre, en Abadín. Les llamamos a los vinos con el nombre de la bodega unido al de la finca: Celme do Souto y Celme Pena Bicada.

¿Qué producción está saliendo de bodega y dónde la están vendiendo?

Del blanco hemos elaborado 6.200 botellas, y del tinto, 2.500. De momento estamos vendiendo en Galicia (Vigo, A Coruña, Lugo) y poco a poco estamos dando pasos para estar en más sitios. Hace unos días nos visitaron unos importadores americanos, en una misión comercial inversa que organizó la Diputación de Ourense, y en general el vino está gustando mucho, aunque el hecho de darse a conocer en un proceso lento.

¿Cuál es el objetivo que se han marcado para los próximos años?

La idea es ir ampliando y explorando. Queremos hacer vinos de calidad y seguir disfrutando por poder hacer algo que nos apasiona. Queremos ampliar la gama de productos, pero sin previsión de crecer, ni convertirnos en una gran bodega. Queremos centrarnos en hacer cosas y que lo que hagamos sea bueno.

¿La bodega está abierta al público?

Sí, lo que más nos gusta es estar en la viña, trabajar con el viñedo, pero también nos encanta recibir a gente y contarle lo que hacemos. Al final lo que nos enganchó a nosotros fue otra gente que nos contó lo que estaban haciendo y estamos encantados de que vengan, de pasear con ellos, ver las fincas y explicarles nuestra historia.

Su vocación nació participando en catas, ¿ya han ofrecido alguna?

Sí, ya nos hemos visto en el otro lado, fue una experiencia distinta. Una de las primeras catas que dimos con nuestros vinos fue en AVeleira, en Vigo, que fue la última vinoteca a la que asistimos como público. Fue algo único, es un momento que parece increíble, lo disfrutamos mucho. También hubo un momento especial que fue cuando presentamos nuestros vinos a la gente del club de cata de Lugo.

¿Y sus compañeros fueron muy críticos con la cata?

No, al contrario, creo que fueron demasiado benévolos porque les dimos a probar el vino cuando aún estaba prácticamente en rama y sólo recibimos comentarios positivos. Algún día le pondremos el vino sin que sepan que es el nuestro, a ver qué dicen entonces.

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