“El microclima tan especial de O Rosal propicia la elaboración de vinos tan singulares, únicos en el mundo”

Si a José María Fonseca Moretón (Ourense, 1950) se le pregunta si cambiaría algo de lo que ha sido su vida profesional hasta ahora, asegura que una y mil veces volvería a elegir el mundo del vino: “Lo tengo clarísimo, aunque, claro, desde la perspectiva actual a lo mejor cambiaría ciertas cosas o decisiones, pero tengo alma de bodeguero”. Fundador de Terras Gauda, Fonseca Moretón explica que se convirtió en bodeguero “porque quería recuperar variedades de uva autóctonas que se estaban perdiendo y hacer un albariño que siempre mantuviera la calidad, no como sucedía antes, que unas añadas eran excelentes y otras malas y nadie sabía por qué”. El tiempo y una apuesta decidida por la investigación le ha dado la razón en cada uno de los proyectos en los que se ha involucrado en estos años, en los que también ha tenido tiempo para la familia, conocer mundo y tocar el saxo en el grupo “Con la venia”.

¿Qué fue lo que le impulsó a dejar su puesto de funcionario  en el INEM  para poner en marcha una bodega?

Me acerqué al mundo del vino desempeñando mi trabajo de técnico de la administración en el antiguo SEAF PPO (Servicio de Empleo y Acción Formativa-Promoción Profesional Obrera) y más intensamente, si cabe, a partir de 1980, cuando me designaron Jefe de la Sección de Formación Profesional del Instituto Nacional de Emprego (I.N.E.M.) en la Dirección provincial de Pontevedra. Hasta septiembre de 1985, y bajo mi responsabilidad técnica, se impartieron numerosos cursos de vitivinicultura y enología en la que hoy conocemos como Denominación de Origen Rías Baixas, y que dieron lugar, con otras colaboraciones y acciones en paralelo, al establecimiento de las primeras plantaciones y bodegas de la zona debidamente tecnificadas y dimensionadas. Las clases eran impartidas por un docente amigo, que os quiero citar aquí: D. Jesús Requena, la persona que más conocimientos me aportó de algo que ya me apasionaba: el mundo del vino blanco en Galicia.

Con este bagaje, en 1989 di el paso de fundar junto a otras personas e instituciones del sector de las finanzas, la gastronomía y la viticultura Viñedos do Rosal, S.A. y Adegas das Eiras S.A. (hoy fusionadas en Bodegas Terras Gauda  S.A.). Contábamos inicialmente con 60 hectáreas de viñedo de propiedad común y una moderna bodega, que empieza lanzando al mercado los vinos Terras Gauda (Rosal) y Abadía de San Campio (Albariño).

¿Terras Gauda es la suma de muchas voluntades o un proyecto personal?

Es la suma de muchas voluntades, de los socios fundadores y, por supuesto, de todo el equipo humano. Para mí lo más importante es la calidad humana de los trabajadores y de los socios. También ha sido y es un proyecto personal mío, en el que me embarqué por amor a esta tierra y, porque, como te decía, me apasionaba el mundo del vino blanco en Galicia. Por eso me convertí en bodeguero.

Quería recuperar variedades de uva autóctonas que se estaban perdiendo; hacer un albariño que siempre mantuviera la calidad, no como sucedía antes, que unas añadas eran excelentes y otras malas y nadie sabía por qué; quería innovar y aplicar la tecnología al campo para hacer un proyecto reconocible, con dimensión adecuada y ayudar a mis paisanos proporcionando puestos de trabajo.

¿Por qué O Rosal y no Valdeorras, por ejemplo?

Por mi vinculación a este valle desde el punto de vista profesional, fruto de mi labor en el  Instituto Nacional de Emprego y, sin duda, también a nivel personal. Amo esta tierra, el valle, su gente, el microclima tan especial que tiene y que propicia la elaboración de vinos tan singulares, únicos en el mundo, diría yo.

¿Cuál es la producción actual de la bodega?

Producimos más de 1,5 millones de botellas de las tres bodegas del Grupo: Terras Gauda, Pittacum y Quinta Sardonia.

¿Algunas bodegas consiguieron sortear la crisis de hace unos años gracias a la exportación, fue el caso de Terras Gauda?

Los mercados internacionales son muy importantes para Terras Gauda. Llevamos muchos años trabajando nuestra imagen de marca en el exterior y fomentando las relaciones con los importadores, que es fundamental. En la actualidad estamos posicionados en 58 países de todo el mundo. Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, México, Noruega, Alemania y Holanda son los mercados de referencia.

Las exportaciones representan un 21% de nuestra producción, por lo que el mercado nacional es fundamental para la bodega. Han sido años complicados, en los que hemos trabajado duro y no nos hemos desviado de nuestra filosofía, que tenemos clara desde que fundamos la bodega: elaborar vinos únicos, diferentes, de marcada singularidad y personalidad. En Terras Gauda la calidad la damos por supuesta. Ser constantes y trabajar duro, pero con ilusión y creyendo en un proyecto, tiene su recompensa.

¿Qué lugar ocupa el enoturismo en la bodega?

Es un proyecto en el que estamos inmersos con la intención de hacerlo cada vez más importante, atraer al mayor número de personas posible para que conozcan nuestra casa y nuestra peculiar forma de hacer las cosas. No queremos organizar simples visitas, si no aportar algo más, un valor añadido, un mayor enriquecimiento con actividades paralelas especialmente pensadas para niños, parejas, o grupos de amigos. Además, colaboramos con establecimientos hosteleros con encanto de la zona, así como restaurantes en los que se puede disfrutar de la excelente gastronomía de Galicia maridada con los vinos de Terras Gauda.

Con nuestro plan de enoturismo, tratamos de promover el importante patrimonio vinícola de la bodega, unido al gran potencial gastronómico y turístico de las Rías Baixas. Por facilitar algún dato, en 2016 incrementamos un 40% las visitas dando la bienvenida a cerca de 3.000 personas que recorrieron los viñedos, conocieron las instalaciones y degustaron los vinos de Terras Gauda.

¿En qué momento se encuentra Terras Gauda?

Como siempre, trabajando mucho. En mercados internacionales, hemos desarrollado una intensa labor en los últimos meses con diferentes misiones comerciales en países de Europa, Asia y América firmando nuevos acuerdos de distribución para mejorar el posicionamiento de los vinos. Catas, presentaciones, visitas a los equipos de los distribuidores, etc.

Están muy involucrados en proyectos de investigación e innovación con organismos como el CSIC, a través de la Misión Biológica de Galicia. ¿Nos puede hablar de alguno de estos trabajos?

Desde la fundación de la bodega hemos apostado por el I+D+i como elemento diferenciador de nuestros vinos, siendo pioneros en este campo. Efectivamente, la mayoría de los proyectos los hemos llevado a cabo en colaboración con la Misión Biológica de Galicia-CSIC.

En estos momentos estamos trabajando en el proyecto Foodie, de viticultura de precisión, que impulsamos en España con el objetivo de situar a la bodega a la vanguardia en el empleo de la tecnología más avanzada para analizar detalladamente el viñedo, interrelacionando la información espacial obtenida de satélites, de los sistemas de observación europeos y de los sensores instalados en el propio viñedo. Somos la única bodega en España que va a disponer de esta información tan precisa y detallada puesto que nuestro viñedo ha sido elegido  omo campo piloto del proyecto en este país. En el estudio participan empresas y grupos de investigación de 8 países: Alemania, Austria, Italia, Polonia, República Checa, Turquía, Letonia y España.

También estamos trabajando en el proyecto Biovervit, un innovador plan de viticultura sostenible que permitirá la conversión del bagazo de la uva en abono orgánico de alta calidad y en fitosanitario biológico. Este proyecto, que se halla en una primera fase de desarrollo, contribuirá a minimizar el coste de gestión de los subproductos vitivinícolas y a aportar valor añadido a los bioproductos obtenidos.

Su apuesta por la I+D+i no es reciente

No, es cierto, nuestra apuesta por la investigación viene de lejos. En 2003 pusimos en marcha con el CSIC el proyecto de selección clonal de uva Albariño con el objetivo de obtener cosechas regulares y marcar todavía más la tipicidad de los vinos, destacando sus características diferenciadoras al extraer todo el potencial de las variedades autóctonas.

Disponemos de una patente, que se sumó a otra en 2008 al disponer de una levadura ecotípica exclusiva, extraída del propio viñedo, que ha propiciado un refuerzo de  modo natural el carácter varietal y los aromas frutales manteniendo y mejorando la calidad en todas las añadas con independencia del clima y la cosecha.

La calidad sensorial es otro de los matices claramente distintivos de los vinos de TERRAS GAUDA. La patente de manoproteínas sobre lías de Albariño (2010) sigue cumpliendo el objetivo de poner en valor su tipicidad y percepción en boca. Los resultados obtenidos en estos proyectos nos permiten mantener la calidad y singularidad de los vinos en todas las añadas con independencia de los factores externos.

¿Cuál de sus vinos es su preferido y por qué?

Es como si me preguntas por mis hijos; cada uno es especial por algo, que los hace únicos y diferentes.

¿Alguna vez se ha arrepentido de dejar la vida relativamente tranquila del funcionario para hacerse bodeguero?

Jamás. Ni en los comienzos, que fueron duros. Eran momentos de incertidumbre, pero yo repetía sin cesar a mis socios y amigos que tuvieran paciencia y fe.  Lo cumplieron a rajatabla y Terras Gauda es una empresa de la que, hoy en día, todos nos sentimos  muy orgullosos, que nos ha dado enormes satisfacciones.

Testigo directo de la evolución del sector desde hace tres décadas, ¿qué cambios destacaría en este tiempo?

El mundo del vino en Galicia y, en concreto, en Rías Baixas ha cambiado muchísimo desde que yo empecé; en la mayoría de los casos, a mejor. Se ha profesionalizado un sector que era muy incipiente, con vinos de gran calidad a la altura de otras denominaciones de origen que tienen un recorrido mayor.

¿Qué significa para usted el concurso de carteles que lleva el nombre de Francisco Mantecón?

Paco Mantecón era mi amigo, además de socio fundador de la bodega y creador de la identidad corporativa, así que te puedes imaginar lo que significa para mí la Bienal Internacional de Cartelismo Terras Gauda – Concurso Francisco Mantecón y hasta dónde hemos llegado.

Este año hemos alcanzado la 13ª edición, en la que hemos  invitado a participar a 150.000 artistas gráficos, asociaciones, estudios de diseño y universidades de 190 países de todo el mundo. Si seguimos con las cifras, en las 12 primeras ediciones hemos recibido más de 15.000 carteles de 93 países, que se dice pronto.  Hemos conseguido posicionar la bienal como una de las tres de mayor prestigio en todo el mundo y la de mayor relevancia convocada por una entidad privada, tanto por la diversidad artística como por el elevado nivel de calidad de los carteles.

Profesionales de la talla de Javier Mariscal, Alberto Corazón, Óscar Mariné, Manuel Estrada, Isidro Ferrer, Pep Carrió, Emilio Gil, Roberto Turégano y Cruz Novillo han formado parte del jurado en las últimas ediciones. Este año contamos con Pepe Gimeno, premiado con el  TDC Typeface Design Award en 2001 y, en cinco ocasiones, con el TDC Communication Design Award del Type Directors Club de New York; y con Enrique Cotillas, subdirector de Grafismo y Diseño de RTVE.

Otra de sus aficiones, además del vino, es la música, ¿continúa tocando en el grupo “Con la venia”?

Todos los jueves, salvo causa de fuerza mayor. Me apasiona la música y disfruto tocando el saxo, así que, si puedo, no lo perdono.

Ocupa diversos cargos en fundaciones, además de los vinculados a sus empresas, ¿le queda algo de tiempo para relajarse?

Me gusta cultivar mis aficiones y reunirme con los amigos, estar con la familia, viajar… Por muy ocupado que esté, trato de sacar tiempo para esos pequeños placeres de la vida.

Y ya por último, y echando la vista atrás, ¿volvería a hacer lo mismo?

Siempre volvería a elegir ser bodeguero. Eso lo tengo clarísimo, aunque, claro, desde la perspectiva actual a lo mejor cambiaría ciertas cosas o decisiones, pero tengo alma de bodeguero.

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