Preámbulos de la vendimia 2018

La cultura de la vid o viticultura que apliquemos, empleemos, sigamos o no sigamos, condiciona Todo: simplemente beberemos lo que cultivemos como lo cultivemos. Pero también el ecosistema en el que convivimos nosotros mismos con el viñedo. Nos relatan que la revolución verde en Borgoña pudo tener la chispa que la activo en el paseo de un famoso vigneron con el carrito de su bebe entre viñedos recién tratados…

Estaba sucediendo, hasta esta vendimia, veremos si después de este aciago ciclo vitícola sigue creciendo, se estanca o si tiene continuación, una desviación espontánea, no sistematizada ni organizada, de la viticultura oficial y convencional. En alguno casos un claro abandono de los patrones asumidos, un desaprendizaje instintivo de lo inoculado, soltando el pedal en la carrera de las innovaciones del progreso químico, desenganchándose de su lógica, experimentando caminos que nos ligan a la tierra, a las mil terriñas peculiares, a su lógica natural, a mezclarnos con la viña y su ecosistema, a sentir todo o que le rodea, desde el más insignificante de los microorganismos que dan vida a su suelo, interpretando todos las señales de la tierra y del cielo (y lo que existe entre ellos) para guiar y prever toda la cultura de la viña, de cada cepa, de cada racimo, de cada bago.

Tengo siempre un modelo en mente, Bernardo Estévez, por poner un solo ejemplo. Se de los cuidados para la vida del suelo, para la salud natural de las vides, para los mejores bagos posibles. Aquellos que me trasladen o recuerden una terriña, un lar, un valle, una ribeira… Cada uno de ellos con una diferente perspectiva del cielo y del movimiento de las estrellas, con su propia música de los vientos y de la caricia de una brisa que se acerca siempre por la misma portela o bordeando aquel penedo, atravesando la chaira o ascendiendo por la ladera, el distinto sentir de las estaciones, de sus fríos y calores, sus lluvias y tormentas, el gusto y aroma de lo primario que transmiten unas variedades determinadas en un territorio concreto… o nos evoque un instante, una historia, una compañía, la infancia, nuestros antepasados, un bico o un abrazo en el que sentí todo el olor de tu corpiño…

Llegados a este punto de la travesía, de este palpitante bulir, con la vitalidad que muestra el proceso vitivinícola galaico, este discurrir espontáneo cara un vino mejor, que represente las pulsiones de los diferentes territorios de este País, un vino que cante el alma de sus terriñas y describa las mil facianas de su rostro. Llegados a este punto del recorrido en el que nos encontramos, podemos afirmar que quedaron atrás los prejuicios varietales y los “enológicos”… estamos en ello con los territoriales. Los siguientes amaneceres, y borrascas, de esta travesía darán a luz una organización de los territorios más acorde con sus identidades y personalidades, y con la búsqueda de su máxima expresión, una búsqueda natural, no contra nadie, instintiva, una necesidad de los buscadores, de los inconformistas, una rebeldía natural. La territorialidad y las reglamentaciones se adaptarán a la realidad y a la autenticidad, caducadas por el dinamismo, la vitalidad y la potencialidad de los caminos que se van abriendo. 

En los viñedos que descansan acunando bagos que maduran en las suaves lombas de las penínsulas, valles y ribeiras que caen a los mil rios y a las rías que miran la puesta de sol agarimosamente quentiña de la costa oeste, la viticultura, sea cual sea, que tengamos realizado durante el ciclo anual de nuestras vides tendrá una expresión u otra diferente dependiendo del momento en el que cortemos los racimos de cada cepa. Por eso hoy, finales de agosto, conocemos el estado de maduración en el que se encuentran nuestros racimos… ¿lo que buscamos en ellos para el vino que queremos? determinada maduración, sobremaduración, verdor, acidez, frescor, equilibrio de parámetros dentro de lo posible con las variedades y el territorio que habitan, aromas, color… Cada quien interpreta el viñedo como le viene en gana o como las circunstancias le obligan, los hay también intuitivos, sensibles, creativos… y practicones rutinarios.

Todas estas consideraciones de digamos un año “normal” en esta vendimia del 2018 para demasiados viticultores del País no se dan, o se dan desde otra perspectiva ¿Fue un año para ir sobre seguro? si esto es posible o existe en viticultura, correr riesgos o hacer pruebas significó en la gran mayoría de los casos un resultado negativo… en otros no. 

Ánimos para los que en algún momento de este año sintieron lo mismo que me comentaba un amigo viticultor, aunque se que volverá al tajo con la misma pasión de siempre:  Es frustrante… tenemos nauseas de volver a la rueda de la química… como comprar aromas de melocotón y piña y añadir o fermentamos con levaduras de flores… trabajamos todo el año para tener… No es solo que el mildiu ataco… y ahora… voy a casa a deshojar, mis pilas están vacías, mi paciencia está acabada, estoy desanimado… y encima… Frustrado… frustrado… frustrado… 

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