“Mi mayor premisa es el respeto a la tierra para conseguir un vino lo más natural posible”

 

Martin Damm es un danés de 47 años enamorado de Amandi, en la Ribeira Sacra. Vive a caballo entre Ryslinge, un pueblecito de Dinamarca y Cortiñas, en Amandi. Propietario de la Adega Damm, está solo frente a este proyecto centrado en los vinos de parcela. Cuando no está por tierras gallegas, cuenta con la ayuda de dos chicas jóvenes que le cuidan las viñas. No sólo ellas, si no también sus vecinos, a los que considera amigos y quienes no dudaron en ningún momento en brindarle su ayuda.

 

¿Cómo te recibió la gente en la Ribeira Sacra?  

Me están tratando tan bien que hasta me emociono al contarlo. Si te vas a New York te puedes sentir muy solo pero aquí con muy poca gente alrededor, te sientes muy arropado.

Al poco de estar aquí, le comenté a mi mujer “son mis amigos” y ella con recelo me dijo, ¿cómo van a ser tus amigos si los acabas de conocer? Hasta que ella misma vino y en cuanto vio cómo era mi relación con ellos, dijo: efectivamente, son tus amigos. 

Con Martin todo transcurre con naturalidad, la misma naturalidad que busca en sus vinos. Nos recibe puntual y con una tímida sonrisa a las puertas de su bodega, una casona restaurada. No hace tantos años, era la cantina de los lugareños. Martin quiso mantener esa estancia tal cual estaba. Nos la enseña con orgullo, de hecho es lo primero que vemos, una estancia con una mostrador antiguo restaurado y estanterías repletas de vino. A mano derecha y tras una gran puerta, la bodega, casi 500 metros de piedra y madera donde elaborar los vinos de calidad y naturales que tanto ansía. Sin duda, el lugar – y con la temperatura perfecta – para la elaboración de unos vinos tan cuidados. 

Su pasión por el vino le viene desde muy temprana edad. Ya con 15 años devoraba libros y escribía pequeños artículos, al principio sobre Priorat, una región totalmente desconocida por aquel entonces en Dinamarca. Los artículos lo llevaron a escribir diferentes libros sobre los vinos españoles y sin darse cuenta su pasión y su conocimiento por este mundo fue in crescendo.

Esta pasión se convirtió en su profesión como importador de vinos. Fue el primero en llevar al país nórdico vinos de Priorat y de Ribera del Duero. Muchos lo trataban de loco pero él creía en lo que estaba haciendo y el tiempo le ha ido dando la razón. Ahora no sólo lleva vinos españoles si no también de otras nacionalidades. 

Experto en la Borgoña francesa y en la región italiana del Piamonte, se confiesa un enamorado del Barolo. Tras 25 años importando vino en su país natal y probando miles de ellos, Martin sabe exactamente lo que quiere y sigue una línea muy clara a la hora de elaborar sus propios vinos. Como él mismo dice “no tengo experiencia en hacer vino, todavía estoy probando, pero sí en catarlos, sé perfectamente qué me gusta y qué perfil quiero seguir”. 

¿Cuál es tu mayor premisa a la hora de elaborar vinos?

 

Mi mayor premisa es el respeto a la tierra para conseguir un vino lo más natural posible. Intento huir de cualquier tipo de tratamiento que se le pueda hacer a la viña. Por ejemplo, no uso herbicidas, yo mismo quito la hierba de mis parcelas. Me pongo de rodillas y con mis manos voy quitando la hierba que rodea la cepa. Es un  trabajo que me relaja mucho aunque mi rodilla no piensa lo mismo, tras cinco operaciones, cada vez que lo hago, me duele bastante. Una vez que estás aquí y trabajas la tierra con tus propias manos entiendes perfectamente el concepto de Viticultura Heroica. 

Sus vinos se elaboran con las variedades Mencía y Godello y el próximo mes va a plantar 500 cepas de Sousón. Busca la finura, la autenticidad y la elegancia en sus vinos y quieren que sean vinos que evolucionen con el paso del tiempo. Reconoce haber probado muchos vinos antiguos de la zona con una evolución exquisita. 

¿Cuáles son los tres conceptos claves para entender tus vinos?

Equilibrio, mineralidad y elegancia.

Llegó a la Ribeira Sacra de la mano de su hermano, un danés afincado en las Islas Canarias desde hace más de 30 años. “Fue él quien me habló de esta zona y sus vinos. Cuando llegué por primera vez, llovió sin parar durante cinco días pero eso no impidió que me enamorase de esta tierra. Volví  a Dinamarca y le dije a mi mujer que por fin había encontrado el lugar ideal para hacer vino”. De esto hace ya dos años y medio. 

¿Qué tiene la Ribeira Sacra de especial?

Lo especial que tiene es que cada viña tiene su personalidad al igual que ocurre en Borgoña. Me gusta esa diversidad en las diferentes parcelas. Cada una es diferente a la otra. Sé que todavía hay mucho por hacer y estoy seguro que hay viñas extraordinarias todavía por descubrir. Estoy convencido que aquí cada viña puede darte un vino con personalidad propia. El futuro que le espera a Ribeira Sacra y por ende a sus vinos es grandísimo. Creo que es la zona con más potencial de España y casi de Europa.

Comparas la Ribeira Sacra con Borgoña, ¿Qué tienen en común ambas zonas?

Sobre todo tienen en común la frescura, la elegancia y la personalidad de los vinos. Sin embargo, aquí echo de menos la acidez, en Borgoña hay más. Uno de mis objetivos es hacer vinos con acidez alta, pero a pesar de todo me gusta esta zona por el carácter que tiene. Son vinos con personalidad propia.

 Eres un gran defensor de los vinos de parcela, pero tu filosofía a la hora de elaborar vinos va más allá y consideras que deberían hacerse vinos de pueblo, ¿te gustaría que los vinos de la Ribeira Sacra tuvieran el indicativo de su viñedo de origen como ocurre en Borgoña?

Sin duda alguna, pienso que se deberían hacer vinos de pueblos y no vinos de zonas. Dentro de la misma zona, por ejemplo Amandi, hay muchos pueblos con uvas que aunque sean de la misma variedad, elaboran unos vinos diferentes. Cada pueblo se distingue por su singularidad, por el tipo de tierra. Ojalá algún día la mayoría de los vinos aquí tengan el indicativo de su viñedo de origen.  Soy un enamorado del terruño y sin duda, Amandi es el mejor sitio de España para hacer vinos que definen su origen.

Si todo va bien y no se malogra la cosecha como ocurrió este año a causa del granizo o cualquier otra inclemencia de la Naturaleza, espera sacar al mercado entre 15-18 vinos distintos. Serán producciones muy pequeñas pero cada una de ellas con su propia personalidad y respetando en todo momento la tierra de la que proceden. Su idea es embotellar por separado tantos vinos como parcelas.

El pasado 13 de Julio una granizada destrozó diferentes viñas en la zona de Amandi llevándose por delante casi 300.000 kilos de uva, ¿Se vieron tus viñedos afectados?, ¿cómo valoras esta añada? 

Un desastre… Fui uno de los afectados por la granizada de este año. Había pensado tener 6.000 botellas y sin embargo debido a la granizada me quedo con 25 litros de una finca de una hectárea. Yo solo vendimié esa finca con mis manos, cogía uva a uva… Es muy duro para mí, es realmente muy triste ver como se pierde el trabajo de todo un año y no poder hacer vino.

Afortunadamente, otra finca de Doade que trabajo no se vio afectada.

Se emociona cada vez que habla de esto, sólo él sabe el esfuerzo que fue elaborar 25 litros tras un acto desesperado por salvar lo poco que la granizada le dejó. Nos da a probar este vino todavía en depósito. Sorprende su color, un violeta precioso y podemos comprobar que se trata de un vino muy frágil, muy fino. Vino en el que no se empleó nada de sulfurosos y como él dice “100% Amandi”.

Nos conduce por su bodega repleta de depósitos pequeños – 500 litros- y diferentes barricas de roble francés. Cada parcela, un vino. Cada vino un depósito y una barrica.  Por el contrario, los depósitos más grandes – 2000 litros- siguen plastificados a la espera de la próxima cosecha. 

Hacemos un recorrido por los vinos, una cata centrada en la cosecha del 17 que reposa a la llegada de la primavera, momento idóneo para el embotellado de sus vinos. Tres llaman especialmente nuestra atención, son los de la parcela Viña Nova, tres vinos del  mismo terruño pero elaborados de forma diferente.

Hablas con mucha pasión de Viña Nova y los vinos que produce, ¿qué tiene esta finca de  particular?

Es una finca que está a 500 metros de altura repleta de rocas y sin duda, muy difícil de vendimiar, pero me aporta la línea que quiero seguir: vinos limpios, frescos y elegantes. Ese lugar tiene mucho potencial. De ella he elaborado tres vinos diferentes. Todos tienen en común su paso por barrica, eso sí, de segundo uso ya que no quiero que la madera esté muy presente. 

Uno de ellos lo fermenté en barro y después lo pasé a barrica donde lleva más de un año. Es un vino tranquilo con un olor suave que todavía no muestra el potencial de la finca. Creo que  tiene que pasar un año más para ver cómo evoluciona.

Sin embargo, este otro vino – lo dice con la copa en la mano- se hizo con el 50 % de los racimos despalillados y el otro 50% con racimos enteros. La fermentación en este caso duró entre 8-10 días más que la normal por los racimos enteros. Luego lo prensé muy suave y lo dejé en barricas donde lleva más de un año. Tengo la sensación de que este vino tiene más acidez y más estructura. Yo lo defino como un vino piramidal.

Sus vinos son como sus hIjos, diferentes e imposible elegir uno de ellos, para él son todos especiales. Es de la opinión que al vino, igual que a los hijos, hay que dirigirlos por el buen camino y si hay algún problema, intentar ayudarlos pero interviniendo lo menos posible. Muestra máximo respeto por la tierra y su objetivo es que sus vinos reflejen el terruño del que provienen y cuenten la historia de sus cepas centenarias.

¿Cómo te ves como bodeguero dentro de 10 años?

Con las manos sucias de trabajar. Nunca me sentaré como jefe, quiero estar en la tierra en contacto con las viñas y elaborando vinos naturales, auténticos y con personalidad.

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