El Grand Cru Classé surgió en Francia en 1855 con el objetivo de seleccionar los mejores vinos para la Exposición Universal de París de ese año.

 

Con el término Grand Cru se hace referencia a un concepto que evoca a una finca donde se elaboran vinos excepcionales gracias a un excelente terroir y al buen hacer del viticultor. Ese concepto es muy similar al que se refiere el término “Vino de Pago”, que destaca la singularidad de los viñedos y la calidad en las elaboraciones.

A pesar de no ser una equivalencia estricta, ambos tienen características similares.

Cuando hablamos de “Vino de Pago” nos referimos a vinos de alta calidad, quizás los vinos más exclusivos y diferentes de todos lo que gozan de una protección geográfica. Sin duda, se trata de vinos especiales que destacan por sus cualidades únicas y su cuidada elaboración. El “Vino de Pago” profundiza en el carácter y personalidad del vino que sólo lo transmiten las parcelas, la variedad integrada en ellas y el microclima de pequeñísimos territorios. Estamos ante los vinos que se protegen y regulan más minuciosamente.

De hecho, no podemos olvidarnos que “Vino de Pago” es una Denominación de Origen Protegida que certifica que el vino procede de una zona determinada con un microclima particular y una composición del terreno específico. 

El objetivo de la Denominación “Vino de Pago” es mantener la calidad y aportar a sus vinos las cualidades del terruño donde crecen las uvas, uvas capaces de transmitir su origen dando personalidad y características diferenciadoras al vino. 

La uva con la que se elabora el vino procede de los viñedos ubicados en el pago (tierra o heredad, habitualmente de viñedos u olivares) y se elabora de forma separada de otros vinos. De ahí que una bodega pueda elaborar diferentes vinos y tener un vino determinado de Pago. Como por ejemplo, Bodegas Mustiguillo (Valencia) con su Finca Terrerazo el cual fue reconocido en el 2010 como el primer “Vino de Pago” del Mediterráneo. Desde la bodega afirman con orgullo: “nos gustaría que este vino fuera capaz de transmitir la esencia del clima, las gentes y cultura del Terrerazo. Buscamos ofrecer la máxima expresión de nuestra finca situada en el altiplano mediterráneo. Es un vino muy especial que refleja la finura de nuestros suelos calizos y los matices de cada añada”. 

La Denominación de Vino de Pago es la máxima categoría que puede obtener un vino en España, superior a la Denominación de Origen Calificada. Arínzano (Navarra) es uno de los pocos terruños a los que se ha reconocido el estatus de Pago, y el primero en el norte de España tras años de exhaustiva demostración de las cualidades únicas de su clima, geología y viñedos. 

Actualmente en nuestro país, Castilla la Mancha es la Comunidad Autónoma que cuenta con el mayor número de “Vinos de Pago”: Finca Élez (Albacete), Pago Guijoso (Albacete), Casa del Blanco (Ciudad Real), Dehesa del Carrizal (Ciudad Real), Pago Florentino (Ciudad Real), Pago Calzadilla (Cuenca), Campo de la Guardia (Toledo) y Dominio de Valdepusa (Toledo). 

Le sigue Navarra con un total de cinco vinos con esta distinción: Pago de Arínzano, Pago de Otazu, Prado de Irache, Pago Finca Bolandín y Pago de Cirsus.

Por su parte, la Comunidad Valenciana destaca con cuatro: Pago El Terrerazo (Valencia), Los Balagueses (Valencia), Pago Chozas Carrascal (Valencia) y Pago Vera de Estenas (Valencia).

Por último, nos encontramos con Pago de Aylés, en Aragón (Zaragoza)

Los “Vinos de Pago” podrían considerarse una minoría dentro del panorama vitivinícola español, y a pesar de que nadie duda de su altísima calidad, no podemos afirmar que son mejores vinos que aquellos que no cuentan con dicha distinción. 

A lo largo de toda la geografía española se elaboran vinos que también expresan el carácter único de los viñedos. Vinos de altísima calidad que transmiten, que cuentan historias y que reflejan el buen hacer de los viticultores. Grandes Denominaciones de Origen como Rioja, Ribeira Sacra o Jerez no tienen en su haber (de momento) vinos reconocidos con el estatus de “Pago” y nadie pone en duda ni la alta calidad de sus vinos ni las peculiaridades de sus terrenos. 

Los Pagos, al igual que el resto de denominaciones, buscan mantener los máximos niveles de calidad. Todas quieren ser reconocidas como zonas de alto nivel para la elaboración del vino, con la salvedad de que los “Vinos de Pago” lo hacen en terrenos muy específicos. No son pocos los requisitos que se exigen para obtener dicha calificación. 

La Ley de la Viña y el Vino recoge la normativa a seguir para poder dar a un vino esta calificación. Si se concede, se convierte en una indicación geográfica protegida y cada elaborador puede ponerlo en sus etiquetas. De hecho, para tener la certeza de si un vino cuenta o no con esta distinción debemos fijarnos en la etiqueta. En todas ellas podremos leer: Vino de Pago Denominación de Origen Protegida.

En nuestro país existen muchos vinos cuya marca contiene la expresión “Pago de…“ y no son “Vinos de Pago” como tales. Esto se debe a que dicha marca fue registrada con anterioridad a la ley española que lo regula. Actualmente no se permite a ninguna bodega registrar como marca la expresión “Pago de…” aunque sí se mantienen las marcas anteriores ya constituidas como “Pago de los Capellanes”, “Pago de Carraovejas” o “Pago de la Sonsierra” entre otros.

Los “Vinos de Pago” se ven amparados por una Asociación de fincas vitícolas de toda España conocida con el nombre de Grandes Pagos de España (GPE) cuyo objetivo es “propagar la cultura del vino de Pago, producido en un terruño específico y que refleja la personalidad inconfundible de su suelo, su subsuelo y su clima”.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todos los vinos de GPE son “Vinos de Pago”. Aunque están todos los que son pero no son todos los que están, las diferentes bodegas “responden a una misma filosofía de singularidad en los viñedos y de calidad en las elaboraciones que da como resultado que estos vinos sean una fiel expresión del terruño del que proceden y de la pasión por el trabajo bien hecho de sus autores”. 

Dicha Asociación recoge en sus estatutos varios requisitos  para formar parte de  Grandes Pagos de España, entre los que se incluyen que el vino proceda de un pago excepcional, que la bodega haya alcanzado una notoriedad demostrable y al menos 5 años de prestigio en el mercado y altas puntuaciones en guías nacionales e internacionales. Así mismo, la bodega debe superar una inspección previa meticulosa por parte del comité de auditoría técnica y sus vinos deben superar una cata vertical por parte de la junta general de la Asociación.

Con la calificación de “Vino de Pago” hablamos de unos vinos únicos y diferenciados a los que se le otorga la Denominación de Pago con el fin de proteger la elaboración, mantenimiento y mejora de las cualidades de los vinos a lo largo del tiempo. Sin duda, estamos ante los vinos de mayor prestigio en nuestro país.  

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