Decoran las cuatro provincias gallegas. En un tiempo fueron hogar de familias, protegieron reinos o simplemente marcaron caminos. Su número es inabarcable y su belleza incomparable. Huellas de la historia, todas ellas conforman el patrimonio histórico de la antigua Gallaecia. Lejanas y en ocasiones no tanto,  acercan un poco más a la definición de la identidad de este pueblo. Actualmente diversos planes de restauración hacen posible que cada vez sean más los que abren sus puertas al turismo. Sus visitas nunca defraudan.

 

Las piedras más bellas

Si le preguntasen a un gallego por la primera vivienda gallega, la respuesta sería rápida e incluso incontrolada. Los castros poblaron el noroeste de la Península Ibérica durante la Edad de Hierro y su presencia en Galicia hace hablar a los estudiosos del tema de más de 3000 construcciones. Hoy, son 50 los que han sido excavados arqueológicamente a lo largo de la geografía gallega. Se trata de una cultura castreña que vio su extensión de sur a norte y de la costa al interior. En muchos puntos de la comunidad se aprecian estos poblados de mediano tamaño y forma ovalada, cuya estructura es todo un laberinto para los ojos. Durante dos siglos definieron el paisaje gallego haciéndose con las alturas, como es el caso del Castro de Viladonga en la legendaria Terra Chá (Lugo). Este yacimiento dotado de murallas y fosos evidencia la etapa galaico-romana. Se comenzó a excavar en el año 1971 y  aún hoy se continúa un proceso de investigación, limpieza y consolidación (www.aaviladonga.es). Desafiando al mar y enclavado en una pequeña península unida a la tierra a través de un hilo de arena, destaca el Castro de Baroña, en el ayuntamiento de Porto do Son (A Coruña). Por su parte, el de Fazouro en la Mariña Lucense se defendería de los mundos procedentes del Cantábrico. Estas urbanizaciones primitivas enriquecen las vistas del viajero en su ruta en coche o invitan a ser estudiados a través de museos o recintos dotados de paneles informativos.

La magia del arte prehistórico continúa regalándonos bonitos sellos que avalan su  enorme contribución a la identidad gallega. Uno de esos sellos son sin duda los cruceiros, maravillosas cruces de piedra que guardan la esencia de la cultura atlántica. Castelao, gran ilustre gallego, ya pensaría en este hecho en 1930, año de la publicación de su obra “As Cruces de pedra na Bretaña”.”Desde hace bastantes años estoy recogiendo materiales para un libro que hable de los cruceiros, pensando siempre en un lejano estudio comparativo de las cruces de piedra de los Finisterres, que llegará cuando se conozcan bien por separado. No se podría hablar de nuestros cruceiros sin haber visitado antes la Bretaña, y allí fui”. En él nos aproxima a una cultura bretona, no muy distinta a la gallega, que comparte la firma de los viejos pobladores en lugares donde existían menhires. La llegada del cristianismo facilitó su extensión por la geografía pero lo haría bajo una representación cristianizada. Galicia es tierra de brujas y es por ello que estas piedras se alzan allí donde van a parar los caminos, en lugares donde la naturaleza es capaz de curar o también por el sitio en el que para la muerte…Casi sagrados, transmiten la incertidumbre de los años para al mismo tiempo acaparar la belleza de una escena. Toda parroquia posee uno o más cruceiros. El Cruceiro de San Cibrán, el de Chapela, el de San Sebastián, el del Calvario de San Martiño, el de Laxe o el de Santa Margarida son sólo algunos… No muy lejos del turista, en suelo verde o asfaltado,  en silencio permanecerá observándolo una piedra de brazos extendidos.

Construcciones que alcanzan el cielo

De polifacéticas piedras pasamos a esas grandes fortalezas, puentes y torres, concebidas en gran parte por la necesidad de defensa y protección. Con la llegada de los romanos, se anexionan definitivamente los pueblos galaicos. Nace la antigua Gallaecia, ésa que hoy conocemos como Galicia. Estas tierras se trazan de vías, acueductos, murallas y puentes. En muchas capitales de provincia estos hermosos legados constituyen su pieza de identidad, dotándolos de un aura y encanto únicos. La Muralla de Lugo o el Puente Romano sobre el Río Miño de Ourense, encabezan la lista. 

La historia de Galicia es inabarcable y por ello también lo es su patrimonio histórico. A veces, incluso, se presenta en forma de leyendas, como la mítica Torre de Hércules, símbolo de la ciudad de A Coruña. Sobre ella, los rumores son diversos. Entre ellos, el que nos presenta a Breogán, rey de Hispania que construiría una torre desde la que su hijo Ith divisaría Irlanda. Moriría en el intento de conquistar la isla del norte y sería su hermano Mil el que finalmente triunfase. Por eso hoy, a los pies de la torre, desafía al viento un Breogán, obra del escultor ourensano, Xosé Cid. Siguiendo la línea que marca el enigma de los hechos, tras el asentamiento de suevos y visigodos se alcanza una luz en el campo santo de Compostela. Llega la Era Compostelana. El motor del Cristianismo del momento que traerá la cultura y el brillo al Reino de Galicia. El Camino de Santiago, una ruta hacia las estrellas que tiene como destino el lugar donde reposa el Apóstol, facilitó el nacimiento de monasterios estratégicamente colocados alrededor del mismo. Se instaló el románico y más tarde el barroco. Se vertebraron los paisajes de puentes, hospitales, y pequeños burgos. Ciudades como Padrón, Baiona, A Coruña, Noia o Betanzos son fundadas durante estos años. Sin duda, se trata de la época de mayor luz económica de la historia, que explica gran parte de las emblemáticas construcciones que podrá encontrar el visitante a su paso por las tierras gallegas. Liderando las etapas jacobeas dentro de las fronteras gallegas, se podrán visitar  espectaculares monasterios como el de Oseira (Tlf 988 28 20 04) o el de Carboeiro (Tlf 986 58 10 21), que anuncia la proximidad de la ciudad compostelana. Mientras tanto, otros reciben acuerdos para ser restaurados. Es el caso del reciente convenio firmado entre el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Melón para iniciar las obras en uno de los claustros del monasterio de Santa María de Melón.

En la Edad Moderna destacamos la Universidad de Santiago de Compostela, una de las más antiguas de España y de indudable interés arquitectónico y cultural. Por estas mismas calles empedradas también encontraremos joyas como el Monasterio de San Martín Pinario, cuya iglesia es obra del arquitecto Mateo López o el Hostal de los Reyes Católicos, concebido como albergue de peregrinos. Hoy es un majestuoso parador con más de 130 habitaciones en el que el turista tendrá el placer de contemplar, entre otras cosas, elegantes salones y, como no, vistas únicas a la Plaza del Obradoiro.

De época de caballeros y castillos también entiende Galicia. Será por estos siglos cuando altas torres y fortalezas revistan los montes de Galicia. Y como la elección se presenta dura y complicada, pues la lista es interminable, en esta pequeña introducción proponemos dos castillos. El Castillo de Vimianzo (www.vimianzo.es) en el norte y el Castillo de Monterrei (Oficina Turismo de Verín: 988 41 16 14) en la parte más sureña de la comunidad. 

Esperemos que estos bellos monumentos marquen el pistoletazo de un largo viaje por el pasado de Galicia. 

Un pueblo en la memoria

Tras viajar por la historia del Reino de Galicia, invitamos ahora a descubrir un poco más la esencia de un pueblo que en muchos lugares se puede apreciar con los propios ojos.  Existen dos Galicias: La que urbanizó el suelo, edificando grandes naves, edificios y sedes…Y existe la otra. La del verde milenario, acantilados recortados y olores auténticos. En esta última, el paso del tiempo no corre demasiado deprisa y por eso su paisaje nos sigue asombrando con viejas construcciones en el camino que rebelan toda una forma de vida. Una de ellas es el hórreo, protagonista sin duda de la arquitectura popular, que tiene como función el guardar las cosechas. Los primeros datan de la época romana antes de Cristo y desde entonces han ido desempeñando un papel importantísimo en el hacer cotidiano de una familia rural. Contemplar Galicia sin ver alguno es complicado. Su estructura nunca despista. De formas rectangulares con paredes  adornadas en lo alto, descansan sobre pies de piedra. De madera, piedra o incluso alternando estos dos materiales, se dejan ver sobre todo en las zonas graníticas de la costa atlántica. Lo que rodea al hórreo, es toda una cultura y reflejo de la capacidad económica del labrador. Se dice que en función del número de pies, se mide la riqueza de la familia…Grandes y que en un tiempo albergaron la riqueza eclesiástica, son el de Santa Baia de Araño y el de Santa Comba de Carnota, ambos en la provincia de A Coruña.

En la espesura de los valles y montes gallegos también encontramos construcciones que nos hablan del Antiguo Régimen. En este caso la clase social cambia. Será el mundo señorial el que marque su territorio y prestigio dentro del rural. Aludimos pues, a una cultura pacega que manifiesta esa territorialidad a través de una vida conjugada en torno al arte y al ambiente social. La arquitectura de estos pazos es un tesoro que simboliza a la comunidad gallega. Con el fin de ofrecer al turista la oportunidad de conocer esta época, se han ido restaurando un gran número de pazos a lo largo de la geografía gallega para hoy ser visitados en forma de museos o casas de turismo rural. 

Para finalizar este pequeño paseo por las viejas arquitecturas es necesario hacer una parada en aquellos lugares más misteriosos que encierran parte de la cultura popular gallega. Los camposantos, cementerios románticos que guardan leyendas de ultratumba porque Galicia fue y sigue siendo lugar de apariciones y de Santa Compaña…Si pensamos en el encanto de las ruinas viajaremos desde luego hasta Cambados (Pontevedra). Allí se encuentra el cementerio de Santa Mariña de Dozo, en el lugar donde descansa un castro y desde donde unos arcos sin techo atraen el mayor misterio romántico. En la ciudad de las Burgas encontramos el Cementerio de San Francisco. Allí descansa la cultura. Nombres como el de Otero Pedrayo, Blanco Amor o Vicente Risco acompañan a toda la burguesía ourensana del siglo XIX. De estilo neogótico y barroco, con oscuras barandillas y divisando toda la ciudad, cautivaría a cientos de escritores. Y sin alejarnos de grandes ilustres, llegamos a Santiago de Compostela. El Convento de Santo Domingo de Bonaval encierra el Panteón de Gallegos Ilustres junto al Museo del Pueblo Gallego que recoge los restos de importantes figuras como la de Rosalía de Castro o Castelao. A este gran monumento de obligada parada lo encierra un parque de misteriosa calma…Arte y leyenda, historia y encanto susurran en los muros de piedra de un lugar en el que el tiempo no pasa en vano.

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