Hacemos vinos ricos y “de beber

 

Hace dos décadas, Iria Otero pasó una pequeña temporada en la comarca del Ribeiro coincidiendo con la época de la vendimia. La experiencia le marcó tanto que, una vez acabada su carrera de Farmacia, se decidió a viajar a La Rioja para cursar estudios de Enología y a esta profesión ha dedicado los últimos 17 años.

 

Tu familia no tiene relación alguna con las bodegas ¿por qué decidiste dedicarte a la enología? 

Es cierto que en mi familia no hay antecedentes de trabajo en bodega, sin embargo en mi casa el vino siempre ha despertado pasiones. No recuerdo ninguna comida en la que no hubiese un buen vino en la mesa y, para mi padre, era una especie de religión. Así que con los años me convertí en una “conversa”. 

Tus inicios en el vino fueron fuera de Galicia 

En el año 2002 vivía en Londres, y decidí dejar mi trabajo como farmacéutica e irme a estudiar Enología a Logroño. Desde el principio empecé a hacer prácticas en bodegas, y antes de terminar la carrera ya estaba trabajando en una bodega de la zona donde al final estuve 6 vendimias. Fue una experiencia estupenda, porque empecé como ayudante de enología y al poco tiempo me quedé sola en la bodega, así que tuve que hacer de todo, bodeguera, mecánica, laboratorio… Un par de años más tarde ya era la enóloga de la bodega, y pasé de hacer 50.000 botellas a cerca de 600.000 en poco tiempo. 

¿Cuándo vuelves a Galicia? 

En 2009 me surgió la oportunidad de realizar la Tesis Doctoral en un centro del CSIC en Pontevedra. Allí estuve un par de años bajo la tutela de Mar Vilanova desarrollando un trabajo de investigación en deshojado precoz de Albariño. Una vez acabé la parte experimental, me reincorporé al mundo de la bodega en Galicia. 

¿Cuándo comienzas tu proyecto personal? 

Siempre he sabido que antes o después tendría un proyecto propio, pero durante años no me sentí preparada. Después de acabar la Tesis, estuve trabajando en un par de bodegas en Rías Baixas y Ribeira Sacra. En ambas aprendí mucho y en 2015 me vi con conocimientos y con seguridad para independizarme y empezar a elaborar los vinos que tenía en mi cabeza, mi visión de las variedades, de las zonas… 

¿Qué destacarías de ser tu propia jefa? 

No te voy a negar que es agotador, exige una dedicación constante teniendo en cuenta que al final los autónomos solemos hacer de todo: viña, bodega, ventas, contabilidad, diseño… Pero al fin y al cabo estoy trabajando en lo que me gusta, enseñando el fruto de mi trabajo a la gente y recibiendo directamente de ellos sus opiniones y sensaciones. Es muy gratificante. 

Como comentaba el otro día con un viticultor amigo, cada día me levanto y no me cuesta ir a trabajar, es más, lo estoy deseando, bueno… ¡Excepto después de llevar un mes de vendimia! 

Por otro lado, ya llevo 4 años con el proyecto, y ahora poco a poco puedo ir delegando algunos trabajos. 

Un cambio fundamental que he experimentado en los últimos meses es que mi pareja, Miguel, se está ocupando del campo. Es el viticultor de la familia, y está mucho más preparado que yo para la tarea. Los dos tenemos muy claro el tipo de viñedo que buscamos, con poca intervención, sin químicos agresivos, basándonos en el trabajo manual y no buscando producción, sino uvas equilibradas y sabrosas. Así que ahora yo voy a la viña bajo sus órdenes y a hacer los trabajos que me indica: poda, espergura, deshojado,… 

Así que, ¿tienes a toda la familia implicada? 

La verdad es que si. Inicialmente era yo la que estaba totalmente metida en el proyecto, pero hace un año decidimos darle una vuelta a nuestra vida y abandonamos Vigo, que era donde vivíamos hasta entonces, para venirnos a vivir a Leiro con toda la familia. 

Tenemos 3 hijos, y resultaba muy difícil mantener una vida laboral en el campo y otra familiar en la ciudad, así que decidimos que era más lógico que ambas facetas fuesen más acordes con nuestra forma de pensar. Ahora vivimos en el campo, encima de la bodega, y los niños pueden participar más de nuestro día a día. Ha sido nuestra forma de “conciliar”. 

Tu proyecto se llama: Iria Otero “Vinos con Memoria”. Es un nombre muy sugerente… 

El nombre intenta mostrar en pocas palabras la filosofía del proyecto. Hago vinos teniendo como referencia cómo se hacían antiguamente en cada una de las zonas en que elaboro. Son vinos elaborados con mucha calma, pensando en dar expresión a cada variedad y cada suelo y sin prisa por vender, sin tener en cuenta las modas o los vinos más comerciales, sino mis sensaciones cuando trabajo un viñedo y una uva. 

Lo que más me emociona es cuando, algún vecino, me dice que le recuerda al vino que se hacía hace años y que le acerca a su infancia. 

Sacabeira fue tu primer vino 

En 2015 se dieron una suerte de estupendas casualidades que me indicaron que era mi momento para empezar con el proyecto. 

Por una parte, yo estaba trabajando de directora comercial en Dominio do Bibei, y pasaba mucho tiempo fuera de casa donde tenía 2 hijos pequeños a los que echaba un montón de menos. Aquella experiencia fue fantástica, pero las circunstancias personales fueron más complicadas. Después de sopesarlo mucho descubrí que, por primera, vez me veía capaz de tener un proyecto propio. 

No sabía muy bien cuál iba a ser el desarrollo futuro del proyecto, pero si sabía que quería empezar en el Valle del Salnés, pues era una zona que conocía bastante bien, y dónde se elaboran algunos de mis vinos gallegos favoritos. En ese momento tuve la gran suerte de conocer a la familia Castro que me facilitó todo para elaborar en su bodega, Lagar de Pintos. 

Marta Castro y yo estuvimos visitando viñedos hasta que encontré las tres viñas con las que elaboro desde el principio. 

Sacabeira es un vino hecho con mucha paciencia… La viñas son fundamentales ya que aúnan el frescor y el perfil atlántico de la zonas con una estupenda madurez. Es un vino que se fermenta y cría en acero inoxidable, porque me gusta el perfil directo y limpio que consigo, y lo mantengo en crianza sobre sus lías durante unos 11 meses para darle estructura y equilibrar la acidez. 

La historia de Sacabeira es muy reciente pero, por lo que puedo ver a día de hoy, es un vino al que la botella le sienta de maravilla. Obviamente dependerá de los años pero, en cosechas muy buenas como la 2015 o 2016 estoy segura de que el vino ganará con los años. 

Además de Sacabeira ¿En qué zonas trabajas actualmente? 

Tengo un gran amigo de la infancia, Isaac Rebolo, cuya familia tiene una pequeña viña en la zona de Chantada, en la Ribeira Sacra. Hace años que tenemos la ilusión de hacer un vino en común en esa zona, y hemos hecho nuestros pinitos con algo de uva que nos ha cedido su familia. 

En 2016 decidimos empezar a elaborar más en serio y queríamos que fuese un vino a la antigua usanza, es decir, un vino de vecinos y amigos. Tuvimos la suerte de que un amigo, Antonio, nos cediese una pequeña viña en Líncora (Chantada) y de ahí parte el proyecto Adega 4 Muras. Inicialmente sólo elaborábamos un vino “Finca Penediños”, pero en 2017 incorporamos otra viña en Doade, para el que hemos involucrado a más amigos, la familia Marcos de Adega Cruceiro y de dónde sale el vino “Cruce de Caminos”. 

La producción es muy limitada, sólo elaboramos 1 barrica bordelesa de cada uno de los vinos. Las viñas se llevan prácticamente sin intervención, así como su elaboración, y la parte más bonita es que compartimos parte del trabajo con amigos. La vendimia, el despalillado manual, el primer pisado… se hacen en un gran día de fiesta en el que nosotros “pagamos” en especies, con una buena comida y mucho vino para celebrar. 

Nos gusta decir que este proyecto es “educacional” ya que muestra muy bien las características de cada una de las zonas. El trabajo en viña y bodega es el mismo para ambos: fermentación en tino abierto, sin intervención de bombas, con un año de crianza en barrica vieja,… y la variedad fundamental de ambos es la Mencía; y sin embargo el perfil de cada uno de ellos es totalmente diferente: fresco y fluído “Finca Penediños”, y afrutado y lleno “Cruce de Caminos”. 

Y por fin el Ribeiro… 

Si!!! Es una zona increíble en la que la mezcla de variedades, orientaciones, altitudes, suelos, valles,… nos permiten elaborar vinos diferentes y deliciosos. 

Es gracioso porque en Leiro es dónde, en el fondo, empezó todo este proyecto y al final hemos acabado aquí ¡Y por casualidad! Llevábamos mucho tiempo buscando una pequeña propiedad para comprar en el Ribeiro y poder establecer nuestra bodega y, hace un par de años, encontramos esta construcción que tenía una antigua bodega de colleiteiro. Hemos tenido que hacer una reforma en profundidad pero al fin, la pasada cosecha 2018, hemos elaborado por primera vez. 

¿En qué punto está vuestro proyecto en el Ribeiro? 

Es nuestro proyecto más reciente y en el que más volcados estamos. Como te comentaba, aquí tenemos por primera vez bodega propia, y es dónde hemos establecido nuestra residencia. 

Llevaba muchos años siguiendo el Ribeiro con muchas ganas de trabajar aquí, y en los últimos años he elaborado algunos vinos para amigos, lo que me ha permitido ponerme al día con la zona. 

Una de las cosas que más me gusta del Ribeiro es la riqueza de los diferentes Valles. Hay varios ríos importantes, pero principalmente: el Avia, el Miño y el Arnoia. En este momento estamos centrados en el Valle del Avia, y en sus dos márgenes trabajamos viñas. 

Las uvas que cultivamos: Treixadura, Loureira, Godello, Torrontés y Albariño en las blancas. Caiño longo, Sousón, Brancellao y Mencía en las tintas. Nos permiten elaborar vinos de “raza”, vinos que puedes identificar con la zona, sabrosos y frescos. No buscamos vinos muy estructurados o extractivos, hacemos vinos ricos y “de beber”. 

En los próximos años nos gustaría experimentar con otras variedades como Lado o Ferrón, pero queremos trabajarlas en sus zonas de origen. 

Cuando estábamos buscando dónde instalarnos visitamos muchas bodegas antiguas, y vimos que en la mayor parte de ellas tenían principalmente pipotes de castaño, salvo las casas más pudientes, que tenían carballo. Además, era muy común tener depósitos de hormigón. Creo que es un punto de partida fundamental respetar los materiales de cada zona, así que me he centrado en experimentar con este tipo de depósitos. 

Ya sé que el tema del hormigón está muy de moda, pero en realidad este material ha sido muy recurrente sobre todo en el siglo pasado, ya que consigue aislar el vino y que no sufra cambios de temperatura, vibraciones… En Rioja es muy común usarlo para la fermentación maloláctica de los tintos, y creo que son pocas las bodegas en las que he trabajado y no tienen algún depósito de cemento. 

Esta primera vendimia hemos elaborado diferentes vinos. El primero que verá la luz es A Seara. El vino tiene una mezcla de castes brancas, y se ha elaborado y criado durante 6 meses en hormigón. Es el vino con el que empezamos a enseñar nuestro proyecto y nos parecía importante que se identificase con nuestra visión, por ello su nombre. A Seara tiene varios significados, pero en el fondo todos significan lo mismo, y es una zona de mezcla de parcelas, compartida por vecinos, en la que se cultiva, según su altitud e idoneidad, huerta, frutales, cereal, viña, olivo… En el Ribeiro tiene otra identidad más, y es que eran las mejores fincas de la zona, las que la Iglesia arrendaba a los vecinos. Para nosotros esa palabra dá significado a todo nuestro trabajo ya que la idea no es solamente gestionar viñas propias, sino compartir con vecinos el proyecto, supervisando y ayudando a cultivar sus parcelas de una forma responsable pagando un precio justo por su trabajo. 

¿Tenéis algún otro vino en proyecto? 

Claro! En bodega hay otros vinos parcelarios en los que estamos trabajando diferentes tipos de madera: castaño, carballo e incluso una barrica en la que durante 24 años se elaboró un vino Oloroso de Jerez. Estamos criando pausadamente vinos de la zona con base de Treixadura y mezclas de castes y estamos deseando enseñar nuestro trabajo, aunque para ello habrá que esperar hasta el próximo año. 

Una de las cosas que más nos atrae del Ribeiro, y aunque ahora esté menos reconocida, es su capacidad para elaborar estupendos vinos tintos. La pasada cosecha hemos elaborado un vino que se nutre fundamentalmente de Sousón y Caiño, pero que también tiene algo de otras variedades: Mencía, Brancellao… La fermentación ha sido en tino abierto, y en este momento se está criando en un foudre de 1.500 litros. No estoy segura de cuándo saldrá a la luz, todo depende de cómo se comporte, pero espero tenerlo embotellado el próximo verano. 

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