«Mareas Vivas fue un proyecto de convicción, no un trabajo que te gustaba y por el que cobrabas a fin de mes, fue mucho más»

 

Isabel Blanco es de esa clase de personas que provocan que una entrevista telefónica de 15 minutos se acabe convirtiendo en una amena conversación de casi una hora, que discurre sin apenas notarlo entre recuerdos, risas, emociones y mucho sentimiento. Intérprete, presentadora de televisión, actriz y ahora también productora, a Isabel Blanco muchos la descubrimos interpretando a María Ares, su personaje en Mareas Vivas, la serie que marcó un antes y un después en la Televisión de Galicia. Más de 20 años han pasado desde aquel primer episodio, pero ella sigue mirando el mundo con la misma curiosidad de aquella niña que dejaba Suiza los veranos para vivir en A Illa, su aldea cercana a Santa Comba. Un tiempo del que recuerda de forma nítida la libertad que se respiraba y los juegos en la calle hasta el anochecer. Ahí cultivó su amor por Galicia, siempre presente en su casa de Berna, hasta que con 16 años volvió para quedarse. De sus primeros pasos en el mundo  artístico y de su actual faceta de “bodeguera” nos habla Isanel Blanco en esta entrevista.

 

Hija de emigrantes, retornó a Galicia siendo una adolescente. ¿Cuáles son los primeros recuerdos que tiene de esta tierra?

Los primeros que me vienen a la cabeza son de mi aldea, A Illa, que es un lugar cercano a Santa Comba, y el recuerdo más nítido que tengo es la libertad que allí se respiraba, anochecía con mi pandilla, jugando al aire libre. También me viene a la cabeza una fiesta que se celebraba en casa de mi abuela, con una orquesta tocando en la finca. Son recuerdos muy reconfortantes porque yo disfrutaba muchísimo de la libertad en la aldea, del oxígeno, de las relaciones interpersonales. En España las relaciones eran más familiares y más cercanas que en Suiza y había un contraste muy grande entre lo que vivía en Berna y lo que pasaba en mi aldea. 

Volvió para estudiar idiomas y se licenció en Traducción e Interpretación de Inglés y Alemán. ¿Su llegada al mundo del espectáculo fue por casualidad?

Si lo veo por el espejo retrovisor, me doy cuenta que quizás no fue tanta casualidad, pero a mí me vino por sorpresa. Es cierto que mi padre lo tenía muy claro y de hecho con 5 años yo ya daba conciertos, jugaba a Eurovisión en Suiza y me encantaba cantar en diferentes idiomas, quizás de ahí me venga lo de intérprete. Los idiomas fueron los que me garantizaron mis primeros ingresos cuando era estudiante y el haber vivido en Suiza, con una coyuntura lingüística particular, unido a mi facilidad para aprenderlos, hizo que lo de estudiar Interpretación fuera la salida natural. Y en este sentido me gustaba más la Interpretación que estudiar una Filología, me atraía más la inmediatez, la parte más social de este trabajo. 

¿Cuáles fueron sus primeros trabajos?

Empecé haciendo traducciones del National Geographic del inglés al gallego y recuerdo también una película de Rutger Hauer, “La Leyenda del Santo Bebedor”, que traduje para un estudio de doblaje de Vigo. Pero ya en esos primeros trabajos echaba de menos la  parte de comunicación, necesitaba hacer algo de cara al público, que es una cosa que heredé de mi padre que era un relaciones públicas nato.  

Entiendo entonces que lo de encaminar sus pasos hacia el mundo del espectáculo no fue una sorpresa para los suyos.

Bueno, no te voy a contar a cuánto ascendió la factura del teléfono fijo de casa el mes que me presenté a mi primer casting (risas), pero sí te puedo contar una anécdota. Cuando nací, mi padre, sin haber asistido al parto, entre todos los niños que estaban en una cuna supo inmediatamente que yo era su hija. Pues esa misma intuición la tuvo cuando me presenté a mi primera prueba. Ese día lo pasé muy mal y volví a casa bastante tarde, después de decirles a mis padres que en la vida me iba a presentar de nuevo a un casting. Pues bien, al llegar me estaban esperando súper nerviosos porque habían llamado de la tele para decirme que tenía el trabajo. Esa noche, lógicamente, no pegué ojo y al día siguiente ya estaba haciendo las pruebas de vestuario. Mi padre decía que el tiempo le había dado la razón, él tenía clarísimo que esto era algo que iba a pasar.

Ese primer trabajo era como copresentadora de A Repanocha, ¿se acuerda de los nervios de esos primeros programas?

Absolutamente, yo estaba ahí y no me lo acababa de creer, intentaba no moverme demasiado. Pero desde el minuto cero me dijeron que había magia con la cámara y tú, que no eres capaz de verte desde el otro lado, te dejas llevar por eso que te dicen y por la ilusión y las ganas de hacer cosas. Además, creo que yo también iba a la tele monitorizada por la ilusión de mi padre porque aunque yo no me lo terminara de creer, para él era lo más lógico del mundo. 

Y después de presentar ese programa, empezó a trabajar en una serie que supuso un antes y un después en la TVG, Mareas Vivas. ¿Qué recuerda de ese trabajo?

Mareas Vivas significó una comunión con el público, un traspasar la pantalla que fue maravilloso. Los que estábamos haciendo la serie y los que la recibían pertenecíamos todos a una misma familia que es Galicia. Fue una cosa tan nutritiva para el alma, tan de eclosión ,que ayudó a poner de moda nuestro idioma con las variantes dialectales que yo identifico en lo más profundo de  mi ser, ya que yo me crié entre gallegos de esa zona, la de Bergantiños. Y además, interpretar a un personaje que era en esencia una copia de mi madre, de mi tía, de mi abuela, de ese ADN de mujer gallega que vive para los demás, fue tremendo. Me pareció que les estaba haciendo un tributo personal, así que el respeto hacia ese personaje fue máximo. Además, imagínate lo que significaba para mí trabajar con los que ya en ese momento eran los más grandes actores y actrices, gente  muy destacada en la escena gallega, como Luis Tosar, Carlos Blanco, Miguel de Lira, Sonia Castelo…

Muchos de sus compañeros en esta serie  han tenido un gran éxito a nivel nacional e incluso internacional, ¿sigue en contacto con el reparto de Mareas Vivas?

Mareas Vivas era un proyecto de convicción, no era simplemente hacer un trabajo que te gusta y cobrar a fin de mes, fue mucho más. Era una serie de bandera, trabajábamos todos por una identidad, esa serie era una ventana abierta a Galicia de donde emanaba una forma de ser, no la única, pero sí una de ellas, la de la gente de la costa. Y esa reivindicación de nuestro ser más auténtico fue muy especial. Así que quienes participamos en este proyecto, que supuso tanto a nivel personal, lógicamente se crean unos vínculos muy especiales. 

Tengo una gran relación con todos los que intervinieron en la serie, tanto con los que veo a menudo como a los que veo de pascuas en flores. Y es que desde hace tres años estoy dedicada a la producción y eso hace que confluya muy poco en series y por lo tanto coincido poco con mis compañeros. A pesar de ello, el vínculo de los de Mareas Vivas existe y es especial. Creo que quienes hicieron el casting tuvieron un ojo muy especial para elegir a los actores.

Desde fuera, como espectador, da la sensación de que en Mareas Vivas hubo una gran comunión entre el reparto que consiguió traspasar la pantalla, como ha ocurrido recientemente con la serie Fariña.

Fíjate, me lo dices y se me pone la piel de gallina porque me estás hablando de dos series que somos nosotros, en lo bueno y en lo malo. Mucha gente que estuvo en Mareas, está en Fariña, tanto del equipo técnico como elenco artístico, y lo que tienen de especial estas dos series es que han sido series de éxito y cuando en el espejo del éxito aparece Galicia, a mí se me ilumina la mirada. El orgullo patrio y matrio es enorme, así que cuando tú me hablas de Fariña, aunque yo no haya formado parte de la serie, me enorgullezco. La serie es de una productora gallega, con actores gallegos, habla de una realidad que existió y surgió de un texto escrito por un gallego,  y eso es una satisfacción para todos los que conformamos el sector audiovisual de Galicia. 

Hablar de Galicia le emociona

Es que no entiendo Galicia sin emoción. Tanto es así que estoy haciendo Pasaporte Galego, que es mi primera zambullida en el mundo de la producción ejecutiva. Necesitaba hacer un trabajo con voz propia y que fuera algo que yo conociese de primera mano. En este programa se fusiona lo personal y lo profesional porque habla del sentimiento de pertenencia a Galicia que, aunque no me correspondería por oriundez ya que nací en Berna, sí que lo tengo muy dentro. Me crié en Suiza pero en un entorno absolutamente ‘galego’ y decidí hacer algo con esa hermandad de gente que estuvimos fuera, pero que sentimos Galicia como propia. El sentimiento de pertenencia es como un amarre.

Tras Mareas Vivas dio el salto a otras de ámbito nacional como Nada es para siempre o Manolo y Benito. Precisamente en esta última coincidió con una actor que posteriormente la ha dirigido en dos películas. ¿Qué me puede contar de Carlos Iglesias?

En realidad fueron tres películas, un trilogía sobre la emigración. La primera y la segunda están ligadas y en la tercera, que se llama Ispansi, si me ves no me reconoces, nos pasamos dos meses en la nieve a -18 grados. Con Carlos Iglesias lo que me une es que los dos somos hijos de emigrantes y cuando iba a empezar con “Un franco, 14 pesetas” le hablaron de mí y yo le dije que podía echar una mano en producción. De hecho fui de avanzadilla con el equipo a localizar y presupuestar todo lo de la película, pero en principio no tenía ningún papel. Fue después, tras pasar un casting, cuando conseguí el papel de Hannah.

A pesar de su dominio de otros idiomas (francés, alemán, inglés, italiano) no ha trabajo mucho fuera de España. ¿Es algo que no ha buscado?

He trabajado puntualmente en series suizas, pero trabajar en otros países no se dio porque después de la época de Mareas, cuando todo el mundo se fue, a mí, por circunstancias familiares relacionadas con la salud, no me pareció prioritario buscar algo fuera de aquí. Fui cogiendo aquellos trabajos que me garantizaran estar cerca de mi familia y estoy contenta de haberme quedado. Creo que no me hubiera hecho feliz estar lejos de los míos, me hubiese condicionado  mucho y pienso que el éxito profesional fuera hubiera sido muy llorado debido a su coste emocional. No estaba dispuesta a renunciar a mi familia. 

¿Qué papel le hubiera gustado interpretar?

Muchos, la verdad. Generalmente papeles controvertidos, con profundidad, de alguna película de Costa Gravas u otros como “Una mujer bajo la influencia”, de John Cassavetes, ese tipo de perfiles. También me habría encantado cualquier personaje que haya interpretado Meryl Streep, por citar a alguien conocido. Y aunque a mí me dicen que encajo muy bien en papeles dramáticos, he hecho mucha comedia últimamente y me encanta por que no es nada fácil, implica una preparación increíble.

Sé que le gusta el vino y como esta revista está dedicada en gran parte a  las elaboraciones gallegas, ¿qué opinión  tiene de los vinos de aquí?

Tanto me gustan y tan contenta estoy con la evolución de los vinos gallegos en los últimos años, tanto en blanco como en tinto, que en Pasaporte Galego me parecía lógico que el obsequio del programa para las personas que participaran en él fuera vino de de Galicia. Y en primicia te puedo contar que estoy elaborando un vino tinto y otro blanco que tendrán el sello de Pasaporte Galego y que han nacido con la voluntad de regalar algo de lo que uno está orgulloso. Son un Mencía y un Ribeiro debido a la cercanía que tengo con la gente que los elabora. 

¿Y cuál sería para Isabel Blanco el maridaje perfecto de gastronomía y vino?

Elegiría un pescado o un marisco casi crudo con un vino blanco, un Ribeiro o un Godello, seguramente. 

 

*Fotografías de Patri Lage

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