Desde Malpica hasta Finisterre, la ruta de los faros de la Costa da Morte recorre ocho de las construcciones más emblemáticas de este estilo de toda Galicia. La ruta que os sugerimos a continuación se inicia en la localidad de Malpica y finaliza en Fisterra. Se puede realizar a pie, 200 kilómetros de camino siempre bordeando el mar, o por carretera en coche.

 

¿Y por qué este recorrido? Porque el vértigo es instinto de conservación y vencerlo es instinto de superación. El precipicio atrae a los indómitos, en la misma medida que arredra a los temerosos de la naturaleza. Igual que el elaborador de vino atisba el producto final en verticales laderas, el farero siembra luz en la Costa da Morte. Estos ocho faros se sitúan al límite de lo aconsejable, llevando la frontera de la tierra dentro del mar. Caminarlos y visitarlos es un ejercicio placentero para la vista, evocador para el alma y revolucionario para el corazón. Como un vino al borde del precipicio.

 

1.- Faro das Illas Sisargas

No se puede acceder a él en coche, pues realmente este faro está en las Islas Sisargas. Hablamos de un pequeño archipiélago formado por tres islas (Grande, Chica y Malante) y algunos islotes que lo rodean, justo al lado de la localidad de Malpica de Bergantiños. En la carretera que une la localidad con Barizo, hay un cartel que indica «Faro das Illas Sisargas» que lleva a un mirador natural, sin vallas, ni mesas pero desde donde se puede contemplar el faro perfectamente.

El faro actual es de 1915 y fue construido gracias a los esfuerzos de los habitantes de Malpica, quienes subían a pulso las piedras peleando contra el viento que azota las islas. Se encuentra en la cima de la Isla Grande y, como decíamos es visible desde tierra firme en la Ermita de Santo Adrián, pero solo accesible en embarcación. Quizás por eso es hoy santuario para las aves.

 

2.- Faro de Punta Nariga

Localizado en Barizo, en el Concello de Malpica, es el faro más moderno de Galicia, siendo el arquitecto César Portela el que lo diseñó y acabó de construirlo en 1996. La construcción del faro recuerda a la proa de un barco, coronada por una escultura de bronce denominada Atlante. Esta estatua, obra del artista Manolo Coia, es una figura con forma entre un humano y una gaviota a punto de volar. Una silueta que conjuga a la perfección con las maravillosas puestas de sol de Nariga. Para acabar la visita, se puede subir hasta la cubierta del faro, que se convierte en un perfecto mirador al Atlántico.

Con 50 metros de altura y 22 millas de alcance lumínico, es todo un referente en la integración de la arquitectura con el paisaje natural. El entorno está lleno de magia en este acantilado golpeado por el mar y con curiosas formaciones rocosas.

 

3.- Faro de Cabo Roncudo

A este faro se accede fácilmente desde el puerto de Corme, después de la indicación que señala el camino, hay unos dos kilómetros de carretera muy accesible.

Entró en funcionamiento en 1920. Está cubierto de azulejos blancos y está rodeado de un entorno salvaje, lleno de tojos y rocas de granito erosionadas por el viento.

El nombre de Roncudo viene del ruido ronco que hace el mar cuando rompe en estos acantilados. La sencillez del faro, construido en 1920 y con una altura de 11 metros, y el paisaje agreste que lo rodea, lo hacen aún más misterioso. Las vistas panorámicas de la Ría de Corme y Laxe completan el conjunto.

4.- Faro de Laxe

Es un faro de fácil acceso. Desde la localidad de Laxe, hay indicaciones muy claras que te llevan por sus calles estrechas, pasando por el Arco de la Plaza de Ramón Juega y finalizando en la carretera que lleva hasta él. Si se prefiere, a este faro, se puede llegar tranquilamente dando un paseo mientras se contemplan las excepcionales vistas a la bahía azul de Laxe.

Aunque el faro se construyó en 1920, igual que el de O Roncudo, la instalación luminosa actual data del año 1996 y sus características se corresponden con las de una Baliza Giratoria Acrílica, dotada de lámparas de incandescencia conectadas a la red eléctrica. Su apariencia luminosa se corresponde con la de grupo de cinco destellos en 20 segundos.

En aguas cercanas naufragó el Playa de Arnela en 1972, un barco de Corme que llegando a puerto fue arrastrado hasta las piedras y rompientes de la Punta da Insua, salvándose sólo dos tripulantes.

En las inmediaciones del faro hay una escultura de bronce de la artista coruñesa Iria Rodríguez, “A espera“. Un conmovedor homenaje a los marineros desaparecidos en el mar y a sus familias.

 

5.- Faro de Cabo Vilán

Se accede desde la localidad de Camariñas, capital del encaje de bolillos, por una carretera en muy buen estado en la que encontrarás, además, un enorme parque eólico que también puedes visitar.

Este faro entró en funcionamiento por primera vez el 15 de enero de 1896 y fue el primero en funcionar con luz eléctrica en España. Su particular arquitectura, anclada en lo más alto del Cabo Vilán, lo hace único. De hecho, el enclave está declarado de Interés Turístico Nacional desde 1933. En su interior alberga un centro de interpretación, una sala de exposiciones y eventos, un punto de información turística, una pequeña tienda de recuerdos y un café-bar.

El naufragio del acorazado inglés HMS Serpent (1890) en Punta do Boi aceleró la construcción del actual faro y su paso a categoría de primer orden -como el de Fisterra o el de las Illas Sisargas-, consiguiendo su luz las 60 millas (97 km). La catástrofe también motivó que fuera el primer faro electrificado de España (1896).

Se trata de uno de los faros más característicos de la Costa da Morte y está distribuido en alturas y adaptada a la orografía, de tal forma que la vivienda está separada de la linterna y comunicada por un túnel cubierto que llega hasta la torre. Nada menos que 250 escaleras.

6.- Faro Punta Da Barca

Situado en lo más alto de la localidad de Muxía, la carretera que lleva hacia él es muy cortita y de muy fácil acceso.

Este faro se puso en funcionamiento en el año 1898, (algunas fuentes hablan de 1926) aunque en el año 1981 la torre original fue sustituida por una nueva. Está situado en un lugar privilegiado, al lado del Santuario Virxe da Barca y de sus dos famosas piedras, “Pedra de Abalar y la Pedra dos Cadrís”. Enfrentado al potente y coloso Cabo Vilán por el S, son ambos fieles cancerberos en los límites de la ría de Camariñas

 

7.- Faro de Touriñán

A este importante faro se accede fácilmente por carretera y a pesar de que las indicaciones son muy claras alguno se llevará un buen susto porque el faro no se ve hasta que no pasas la última curva.

El faro construido con hormigón empezó a funcionar en 1981 y consigue un mayor alcance que el antiguo, situado a escasos diez metros del nuevo. Este es el punto más occidental de toda Galicia y dos veces al año es el punto donde el sol se pone más tarde de toda Europa.

Situado en el cabo del mismo nombre, este faro alerta constantemente de la fuerza del océano de la Costa da Morte. Touriñán es el punto más occidental de la Europa continental, y su faro se localiza sobre un brazo de tierra que se adentra en el Atlántico hacia el fin del mundo.

Los constantes vientos de Touriñán convierten a esta ya de por sí salvaje costa, en un paraje áspero e inhóspito, silencioso testigo de incontables y trágicos naufragios. Sin duda uno de los aspectos que más impresiona del lugar es su altura así como la fiereza con la que el mar bate contra el acantilado.

 

8.- Faro de Fisterra

 De muy fácil acceso, a este faro se llega directamente desde Fisterra, a pie o en coche.  El edificio actual se inauguró en 1853, así que es el faro más antiguo y el último de la Ruta de los faros de la Costa Da Morte, si sigues el orden propuesto al inicio. La idea original, allá por 1847, era levantarlo en cabo Touriñán, y, en conjunto con el de la Illas Sisargas, iluminar toda la costa comprendida entre ambos puntos. Al final se construyó en Fisterra. Es el punto más visitado de toda Galicia junto a la Catedral de Santiago.

Durante numerosos años ha sido considerado el punto más occidental de toda Galicia, si bien, a día de hoy, se ha demostrado que el punto más occidental es el Cabo de Touriñán.

El faro es obra del ingeniero Félix Uhagón y tiene categoría de faro de primer orden. La torre, hecha de cantería, es de base octogonal y acaba en una cornisa sobre la que se apoya la balconada. Encima está la bóveda con una linterna poligonal, a 138 metros sobre el nivel del mar. Originariamente funcionaba con lámpara de aceite, después de diversas reformas se electrificó con lámparas de incandescencia, emitiendo un destello cada cinco segundos con un alcance para tiempo ordinario de31 millas marinas (57 km).

El edificio anexo al faro es la Sirena, obra de Ángel García del Hoyo, que entró en funcionamiento en 1889 para los días en que la niebla impedía ver la luz del faro. Emite dos sonidos estridentes cada minuto, con un alcance de 25 millas (46 km) en tiempo medio.

El tercer edificio que compone el conjunto arquitectónico es el Semáforo, situado a más altura que el propio faro. Data de 1879 y su misión original era la de emitir señales para la marina de guerra. Actualmente, este edificio, rehabilitado por César Portela, es una hospedería de turismo rural.

Según el historiador clásico Lucio Floro, Décimo Junio Bruto, en el año 137 a. de J., llegó a este promontorio y no quiso marcharse sin antes contemplar como el Sol se sumergía en el mar chirriando como un hierro al rojo vivo que se introduce en el agua.

 

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