» Para mí la Garnacha es el Pinot Noir del sur de Europa, una de las uvas más finas que existen en el mundo»

 

Hay que ser muy valiente para decidir cambiar tu vida de un día para otro por un flechazo, sobre todo cuando el objeto de tu enamoramiento es un actividad profesional que nada tiene que ver con tus estudios o con lo que has hecho hasta el momento. Esto fue lo que le pasó a Fernando Mora, ingeniero especializado en motor y energías renovables, tras visitar un fin de semana una bodega. Diez años después de este apasionado descubrimiento, Mora es Master of Wine, el máximo reconocimiento en el mundo del vino, y triunfa en el mundo con su empresa, Bodegas Frontonio, el proyecto que desarrolló junto a dos socios: Mario y Paco. A lo largo de esta década, asegura Fernando Mora que ha tenido mucha suerte y el privilegio de contar con la generosidad a la hora de compartir experiencias de otros viticultores y enólogos. Pero sobre todo, ha tenido el apoyo incondicional de su mujer, Pilar, que fue la responsable de que un fin de semana de 2008 descubriera su verdadera vocación.

 

Ingeniero especializado en motor y energías renovables, ¿cómo aterrizó en el mundo del vino?

Creo que fue por el año 2008 cuando mi mujer me llevó a visitar una bodega que formaba parte de una experiencia enoturística, para disfrutar de un fin de semana, y fue tan espectacular todo lo que viví allí, desde el proceso de elaborar el vino pasando por su cultura o la cata de olores y sabores que me enamoré. Y en ese momento decidí que era eso a lo que quería dedicarme.

¿Y ese día decidió cambiar su vida?

Bueno, te puedo decir que ese mismo año ya empezamos a hacer vino en casa, en un piso de 70 metros cuadrados, e hicimos un lote de 100 botellas. A partir de ahí, ya empezamos a buscar una manera de elaborar y vender vino de una manera profesional, porque esa primera producción casera fue para nosotros. En 2009 hicimos la primera añada de vino para vender, pero hasta 2013 no tuve el valor, o los recursos, para dejar mi otro trabajo y dedicarme 100% al vino.

¿Para ese vino inicial que hicieron en casa, utilizaron uvas propias?

Qué va, nosotros somos la primera generación que se dedica a este mundo. Nunca antes habíamos tenido contacto con el vino, pero vivimos en Aragón, donde hay cuatro regiones vitícolas y en una de ellas nos hicimos con 140 kilos de uva para elaborar nuestra primera añada.

¿Cuándo echó a andar Bodegas Frontonio?

La bodega como tal empezó a funcionar en 2010, pero realmente hasta 2013 no tomamos la decisión de dedicarnos a esto al 100%. En esos momentos yo estaba estudiando y me di cuenta de que los estudios también requerían que estuviera muy centrado y por eso dejé la empresa en la que trabajaba. No porque no fuera lo mío, que realmente me encantaba mi trabajo, pero esto me llamaba más. En la Ingeniería 1+1 siempre es dos y en el vino el  1+1 te da un resultado de entre 1’8 y 2’2. Es un mundo más complejo porque hay tantas variables a la hora de elaborar un vino que el proceso resulta fascinante. Eso me cautivó. 

¿De qué le ha servido su profesión inicial en esta nueva aventura profesional?

Me sirvió de mucho porque la Ingeniería te ayuda a estructurar las cosas en tu cabeza, a resolver problemas, a entender los procesos. Y elaborar un vino, desde la viña hasta la botella, no deja de ser un proceso. Así que aunque no supiera hacer vino, sí que controlaba los elementos y los procesos necesarios para hacerlo. De hecho, inauguramos la bodega el  día 10  de septiembre y mi formación me ha permitido diseñarla y saber qué necesitaba para poder hacerla. Al final, las máquinas son máquinas y los tornillos son tornillos. 

¿Esa bodega de la que me habla es nueva?

Se trata de las nuevas instalaciones de Bodegas Frontonio. Empezamos elaborando en la casa de los padres de mi socio Mario y ahí estuvimos 10 años, pero en 2016 encontramos en un pueblo llamado Alpartir con unas viñas muy viejas, que es donde se encuentran nuestros viñedos especiales, El Jardín de las Iguales. Y aquí fue donde decidimos instalarnos y tuvimos suerte porque encontramos una bodega de casi 240 años, que llevaba cerrada unos 60 años. En los últimos tiempos nos dedicamos a restaurarla para que fuera la nueva casa de nuestros vinos.

¿Cuántas personas están vinculadas a este proyecto?

Somos tres socios: Mario, Paco y yo.  Mario es enólogo y ha estado metido en el mundo del vino toda la vida, nació en una bodega, y Paco es abogado y fue el que nos ayudó a profesionalizar el proyecto inicial y con toda la parte logística, la exportación, contabilidad… Así que Paco se encarga de esa parte que a mí me parece la más aburrida pero que sin embargo es fundamental para que una bodega pueda hacer cosas chulas, que tenga dinero, que cobre y que pague. Es una parte vital que está a la sombra, que a veces no se valora y que es clave. Y Mario y yo nos encargamos más de la parte del vino, de la viña y la bodega, aunque yo también me encargo de las ventas. Bueno, en realidad todos hacemos un poco de todo.

Cuando decidió que lo suyo era esto, se puso a preparar el título de Master of Wine, el máximo reconocimiento en el mundo del vino, y lo consiguió por lo que ahora hay dos aragonés con el título 

Sí, estamos Norrel, el escocés maño, como yo le llamo, y yo. El Master of Wine no estaba dentro de mis planes pero surgió una oportunidad porque vinieron a reclutar candidatos  españoles y del montón de gente que nos presentamos, pude entrar en el Instituto a estudiar y la increíble suerte también de conseguir la titulación bastante rápido. Lo logré en dos años y nueve meses que es el tiempo mínimo que se puede tardar. La verdad es que me lo tomé muy en serio, trabajé mucho y luego las cosas me fueron bien. 

¿Qué le aportó este aprendizaje?

El Instituto Master of Wine me enseñó a entender el vino de una manera más global, desde muchas perspectivas diferentes: el vino como arte, como cultura, como ciencia, como venta… Y todo eso es necesario a la hora de hacer vinos y a la hora de ayudar a que Aragón, nuestra tierra, pueda brillar. Y si yo puedo contribuir un poquito a eso, mucho mejor.  Para vender vino no necesitas ser un Master of Wine, te sacas la titulación por otra serie de cosas como la de colaborar con tu país o tu región. 

¿Sobre qué versaba su trabajo final?

En España se clasifican los vinos como Crianza, Reserva y Gran Reserva, dependiente de su crianza, y yo, como mucha otra gente, pienso que clasificar un vino por el tiempo de barrica no indica nada sobre la calidad de las uvas y que sería mejor clasificarlos de otra manera. Con esa premisa, realicé un estudio de cómo los clasifican en muchos países productores, incluso sobre cuál es el caldo de cultivo de lo que está pasando en España y qué es lo que quieren los productores. El resultado del trabajo es que los vinos se deberían clasificar a partir de la calidad de las viñas de las que proceden. Porque al final hay muchos viñedos en el mundo y de todos ellos hay muchos normales, unos poquitos buenos, muchos menos muy buenos, y muy pocos excepcionales. Es lo que debemos clasificar para poder salvaguardarlos. Ahora mismo, esos viñedos excepcionales están en peligro porque al final la gente los suele arrancar ya que suelen ser poco productivos y suelen estar en zonas muy complicadas de trabajar. Hay que ayudar a proteger las viñas viejas.

Mi proyecto iba sobre todo relacionado con la clasificación de viñedos para que el consumidor los conozca y para proteger esas viñas viejas. 

Si su relación con el mundo del vino fue un flechazo, la que mantiene con la Garnacha no se queda atrás

La Garnacha para mí es el Pinot Noir del sur de Europa, es una de las uvas más finas que existen en el mundo y expresa muy bien el sitio del que procede. Dependiendo de donde la plantas y cómo la cuides vas a tener un resultado u otro. Y yo que soy un enamorado del viñedo, me gusta que el vino refleje el sitio exacto de donde procede y gracias a eso nosotros hacemos 21 vinos diferentes con la misma variedad, porque como los viñedos son diferentes, los vinos no se parecen entre sí. Además, cuando empezamos con la Garnacha hay que decir que era una variedad un poco denostada y nosotros, entre otros viticultores,  ayudamos a poner en valor una variedad a la que casi nadie le prestaba atención. Y colaborar a ello desde Aragón, que es la cuna de la Garnacha, es una gran satisfacción 

Por lo que me dice, le gustan los vinos con personalidad y con las particularidades de la tierra que los alumbra 

Sí, hasta hace pocos años, incluso también ahora, había una tendencia en el mundo del vino a que fueran con mucha madera, mucho cuerpo y al final eso es estandarizar un poco. En cambio, ahora lo que está pasando en el panorama nacional, no sólo con la Garnacha, es precioso. Cada uno está volviendo a su zona, a buscar esas variedades autóctonas que hacen que los vinos sean diferentes, con personalidad. A mí me encanta beber esos vinos e intento hacerlos también siguiendo ese concepto. Yo creo que también es un factor clave para que España despunte en el mundo del vino.

Hábleme de sus referentes en el sector

Admiro y me ha ayudado mucho  María José López Heredia, de Bodegas López de Heredia, también Álvaro Palacios, Josep Roca, un amigo que se llama Ricard Rofes, que está trabajando en Priorat, y por supuesto, Pilar, mi mujer, que es una de las personas que más me ha apoyado y más me ha inspirado. Norrel también me ayudó mucho y a nivel local Jorge Navascués, productor de Garnacha de toda la vida. Yo siempre he basado mi aprendizaje en la experiencia de los demás y en lo que hablo con la gente, los libros tiene un 50% del conocimiento y el 50% restante lo vas a encontrar en las personas. Y llegando tan tarde al mundo del vino, la única opción que tenía era que la gente quisiera compartir sus experiencias conmigo.

¿Qué conoce de los vinos gallegos, qué es lo que destacaría?

Los vinos de Galicia hacía años que no estaban tan bien y tan en boga. Básicamente por su climatología, son vinos que presentan una mayor acidez, un cuerpo más ligeros y más frescos, muy en la línea de lo que la gente está buscando ahora. Los consumidores ya están cansados  de beber vinos de 16º y 100% de madera nueva. 

Galicia tiene de forma natural esa chispa que hacen que sus vinos sean más frescos. Y por otro lado, tienen un concepto del minifundio que por un lado es tan complejo, pero por otro hace que la gente valora y haya mantenido esos trocitos de viña vieja o sus pequeñas parcelas buenas. Hay muchos grandes viñedos en Galicia con un cultivo tradicional y precisamente gracias a este concepto.

En Galicia hay determinadas zonas que ya notan los efectos del cambio climático, ¿en Aragón cómo llevan este tema?

El cambio climático, tal y como yo lo veo, es algo a largo plazo que va más allá del calentamiento global y que tiene también que ver con episodios como granizo cuando no toca, heladas a destiempo… Nosotros trabajamos con viñedos en secano y lo que entendemos es que debemos volver a las zonas donde antes se elaboraba vino y esa zona es la montaña. ¿Por qué? Porque hay altitud y la altitud mitiga la temperatura.

Llevo demasiadas pocas añadas para saber cómo ha afectado el cambio climático a esta zona porque la de 2018 fue una añada súper lluviosa y muy fresca, este año ha sido media y la de 2017 fue muy cálida. Lo que sí tengo claro es que mi intuición me dice que tenemos que irnos a donde estaban antes los viñedos, creo que es cierto eso de que hay que mirar hacia atrás para ir hacia adelante. Los viñedos estaban antes mucho más altos de lo que están ahora, fue la industrialización la que hizo que se arrancaran de esas zonas para ponerlos en los valles y aquí cuando hace calor, pues hace calor. 

Con tantos vinos como tenemos en España, tan diferentes entre sí, ¿qué nos falta para acabar de triunfar en el mundo, más marketing?

Nos falta más seriedad, eso lo primero. Si tú haces 6.000 botellas de un vino y triunfas, no tienes que prostituir la marca vendiendo luego un montón de botellas de una calidad inferior. También nos hace falta creer en los vinos de los viñedos especiales y pagar las uvas al precio que se merecen. Si a ,los viticultores no les compensa tener esos viñedos porque son los que menos producen, los arrancarán para poner otros más normales porque tienen que comer. Y eso es terrible porque perdemos uno de los valores diferenciales que tenemos aquí en España con respecto a otros países. Por último, también hay que patear mucho, recorrer el mundo como hemos nosotros. Recuerdo que en 2016 estuve 35 semanas fuera de casa, visitando países, explicándole a la gente lo que era la Garnacha de Aragón, lo que era Bodegas Frontonio.

Cuando vas fuera, al principio te reciben mal, luego empiezan a confiar en ti y después comienzan a comprar. Nosotros no lo hemos hecho ni mejor, ni peor que los demás, pero sí creemos que para vender vino hay que contarle a la gente lo que haces, de una manera sincera y transparente. La historia de nuestro vino es una historia vital y quizás eso ha facilitado que la gente crea que nuestros vinos son especiales porque nuestra historia es especial.

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