«Mis vinos son frescos, fáciles de beber y tremendamente expresivos»

 

La verdad es que Xulia Mar Bande Pivida (Arnoia, 1968) no tuvo nada fácil poner en marcha su bodega, pero si hay algo que le sobra a esta “colleiteira” es tenacidad y pasión. Fueron necesarios más de quince años para que “Son de Arrieiro” fuera algo más que un proyecto en su cabeza, pero hoy en día es una realidad con proyección internacional.  El contacto de Xulia Mar con el mundo del vino empezó siendo muy niña y vino de la mano de su abuelo Manuel, ese “arrieiro” al que ella ahora dedica todas y cada una de sus elaboraciones. Cuatro vinos que triunfan en España y que desde hace unos meses ya se pueden encontrar también en el mercado asiático. El “arrieiro” ha llegado muy lejos de la mano de su nieta.

 

Creo que su relación con el mundo del vino le viene de su abuelo Manuel Pivida, ¿siempre tuvo claro que se dedicaría a esto profesionalmente?

Para nada, empecé un poco para ver qué era capaz de hacer y hasta hoy, fue un proceso lento, de ir metiéndome poco a poco. Yo daba clases de música y trabajaba en la empresa de transportes de mi padre, y como no tenía tiempo, empecé a buscar a gente para cuidar los viñedos que tenía, pero no encontraba a nadie. Ahí me di cuenta de la necesidad  que había de una empresa dedicada a esta labor y me decidí a montarla

Primero montó una empresa de prestación de servicios vitícolas y después se decidió a elaborar un vino. ¿Cómo fue este proceso, por qué le llevó tanto tiempo tomar la decisión?

Fue en 2015, pero yo ya me había decidido muchísimo antes, lo que pasa es que debido a una serie de circunstancias no pude llevarlo a cabo hasta ese momento. Primero me divorcié y luego hubo un incendio que arrasó la casa y la bodega  y eso retrasó la salida del proyecto. Fue un camino muy largo, la verdad.

¿Y en estos cuatro años que han pasado desde que por fin pudo poner en marcha  este proyecto, se ha arrepentido alguna vez de haber dado el paso?

Nunca, incluso con todos los reveses que he tenido desde que me decidí hasta que pude ponerlo en marcha. Siempre he tenido claro que tenía que hacerlo.

¿También tenía claro el tipo de vino que quería elaborar?

 

Sí, lo que buscaba era algo parecido a lo que hacía mi abuelo. Eso fue lo que me impulsó a poner en marcha “Son de Arrieiro”. Creo que todavía no lo he conseguido, pero estoy cerca.

”Son de Arrieiro” es un proyecto personal pero un gran homenaje a su abuelo.  ¿Cree que estaría orgulloso?

Es mi pequeño homenaje a todo lo que él aportó en mi vida. Mi abuelo me marcó mucho, teníamos una relación muy estrecha, y no tengo ninguna duda de que hoy estaría muy orgulloso de mí.

Para la gente que no lo sepa, ¿qué significa que sus vinos son de “colleiteiro”?

Todo lo que elaboro es de cosecha propia, ni compramos uva, ni la quitamos de ninguna finca que no esté trabajada por nosotros. De ahí la palabra “colleiteiro”. En cuanto a las variedades, tengo tres hectáreas escasas de viña  y estoy intentando recuperar variedades prácticamente desaparecidas, de cepas muy antiguas como Touriga, Espadeiro o Ferrón. Ahora mismo, mis vinos están elaborados con Treixadura, Lado y Loureira, en el caso de los blancos, y con Caíño, Sousón, Brencellao y Ferrón, para los tintos.

¿Cómo definiría sus vinos?

Son vinos frescos, fáciles de beber, muy afrutados y tremendamente expresivos. Ahora mismo tenemos cuatro vinos, he añadido dos referencias nuevas ya que he querido apostar por la lía (14 meses) y un selección de añadas. Este último vino es de lo que fuimos guardando de años muy buenos, aunque muy distintos. Lo metimos en depósitos de inox para ver cómo evolucionaban, en botella ya sabíamos que muy bien, y después de pasarlo un poquito por madera, hicimos un coupage de distintas proporciones, dependiendo de la acidez de cada año. Y la verdad es que acaba de salir y ya lo tenemos prácticamente vendido. 

¿Este último vino también es “Son de Arrieiro”?

La imagen de la marca la hemos mantenido, pero éste ya lo saqué al mercado como vino de autora, va firmado por mí, Xulia Bande. 

La vendimia de 2017 fue tremenda por las heladas. ¿Cómo ha sido esta última, ya se ha recuperado?

El 2018 tampoco fue una maravilla porque también hubo problemas fitosanitarios. No hay que olvidar que nosotros trabajamos en ecológico y los años en los que hay problemas fitosanitarios nos afectan sobremanera, pero este 2019 estoy encantada. No en cantidad, que me esperaba bastante más, pero sí en calidad. Creo que es el mejor vino que he tenido hasta ahora en bodega y ya se está aproximando a lo que siempre busqué. 

¿Qué producción tiene entre los cuatro vinos y dónde los está vendiendo?

Elaboramos de 8.000 a 10.000 botellas y aunque parezca mentira en Galicia es donde menos vendo, a excepción de A Coruña, donde nuestros vinos salen bastante. En general, vendemos en País Vasco, en Asturias, en Haro, en Valladolid. Curiosamente mis tintos gustan mucho en la cuna de los Rioja y los Ribera del Duero, y también salen muy bien en todo el Levante. Fuera de España, estoy vendiendo en  Canadá,  Inglaterra  y ahora acaba de salir un primer pedido para Hong Kong, y en breve saldrá otro para Singapur.

¿Y esta conexión con Asia?

Un día llegaron aquí dos chicas chinas y les gustó mucho el vino, hemos empezado a trabajar con ellas, a ver qué tal nos va.

¿Tiene previsto aumentar la producción?

Vendo uva porque me propuse que mientras no tuviera el mercado encaminado no iba a meterme en más gastos porque necesito dinero para seguir adelante con el proyecto. Mi objetivo es llegar a producir todo lo que cosecho. 

El Ribeiro ha vuelto a ocupar un lugar importante dentro del panorama español. ¿Se nota en las ventas ese tirón?

Lo que sí noto es cada vez más interés, el Ribeiro ya empieza a sonar en el exterior y ahí es donde está nuestro futuro realmente. En España hay tantas denominaciones con vinos tan buenos que resulta muy difícil abrir mercado para este tipo de vinos de autor, de un precio un poco más elevado por el tipo de viticultura que hacemos. Para mí, mi futuro está en intentar salir al exterior y es verdad que la gente está cada vez más interesada en nuestros productos.

Está recuperando variedades, practicando viticultura ecológica, experimentando con vinos… No puede negar que le encantan los retos 

Mi vida es un reto en sí misma (risas). La verdad es que lo que quiero es vivir de lo que me gusta, trabajar en lo que encanta es un auténtico lujo. Soy de las que pienso que la calidad de vida está por encima de lo material. Yo me lo paso muy bien haciendo lo que hago, un día podando cepas, al otro lacando, otro día embotellando… Todo eso me da una alegría que no me la daría otro trabajo por muy estable que fuera.

¿De dónde viene el nombre de Xulia Mar?

Mi madre me puso Julia por mi abuela, la mujer del “arrieiro”, y lo de Mar fue simplemente porque le gustaba.

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