El presente artículo trata de ofrecer una visión panorámica sobre el origen de la Viticultura. Parte de una idea de la cantidad de especies silvestres de vid que existen en el planeta, para centrase en la euroasiática, ya que constituye el parental de las variedades de cultivo que han sido seleccionadas y multiplicadas por el hombre desde el periodo Neolítico hasta la actualidad. 

Sobre dicha vitácea se da una idea general de su ecología, sus principales características ampelográficas (descripción botánica), usos tradicionales y sobre los impactos antrópicos que han reducido drásticamente sus poblaciones. Asimismo, se comenta como empezó a llevarse a cabo su proceso de domesticación.

Por otra parte, se destaca la importancia de estas parras silvestres como recurso fitogenético para intentar paliar parte de la problemática inherente al cambio climático. Actualmente, asistimos a una alarmante reducción del número de variedades cultivadas. Además, hay que tener en cuenta que de éstas, únicamente se plantan determinados clones comerciales, lo que provoca una pérdida de biodiversidad.

 

LA DIVERSIDAD DE LAS VIDES SILVESTRES

La bibliografía recoge que a nivel mundial existen del orden de unas 70 especies silvestres, pertenecientes a la familia Vitaceae y dentro de ella, al género Vitis, donde todas sus especies contienen 38 cromosomas. La mayor parte de ellas se encuentran en Estados Unidos y China.

Las poblaciones de vid silvestre euroasiática aparecen entre la Península Ibérica y el Macizo del Hindhu Kush, entre las latitudes correspondientes a los paralelos 30-31 (río Ourika, situado a los pies de la Cordillera del Atlas, Marruecos) y 49-50 (en los alrededores de Lwfdishaffen, en las orillas del río Rin, Alemania). Su nombre científico es Vitis viníferaL. subespecie sylvestris (Gmelin) Hegi. Se trata de una subespecie dioica; es decir contienen ejemplares con flores masculinas y otros con flores femeninas. Las vides cultivadas obtenidas a partir de este parental silvestre se incluyen dentro de la subespecie Vitis vinifera L.subespecie sativa (DC.) Hegi, y son mayoritariamente hermafroditas. Se empleantanto como uva de mesa, para pasificación, preparación de mostos, vinificación y obtención de cosméticos.

 

ECOLOGÍA

Las parras silvestres euroasiáticas crecen en bosques de ribera de ríos y arroyos, principalmente. También en llanuras de inundación de grandes ríos, en zonas montañosas con alta precipitación, acantilados marinos y en suelos arenosos (arenosoles) como los de la desembocaduras del Guadalquivir y del Danubio.

Se trata de lianas hidrófilas que trepan mediante sus zarcillos sobre la vegetación circundante, árboles y arbustos, para obtener una intensidad lumínica adecuada (Figura 1).

Figura 1. Ejemplares silvestres del río Esca (Navarra-Zaragoza).

 

CARACTERÍSTICAS AMPELOGRÁFICAS

Las plantas masculinas suelen tener las hojas más lobuladas y pequeñas que las femeninas. Sus racimos florales son de mayor tamaño que los femeninos y exhalan un olor característico. Sus flores, normalmente, contienen 5 estambres erguidos y carecen de gineceo (órgano femenino) (Tipo I). No obstante, en una proporción muy inferior, pueden verse parras masculinas con un gineceo poco desarrollado (Tipo II).

Las flores femeninas contienen un gineceo bien patente y 5 estambres reflejos (curvados hacia abajo) (Figura 2).

El polen masculino de los estambres es muy abundante y tricorporado; es decir, con orificios para el tubo polínico por donde se evacuan los gametos para la fecundación de las flores del sexo opuesto. Por el contrario, el polen femenino es escaso y carece de dichos orificios, por lo que no pueden autofecundarse. Debido a ello, la polinización es cruzada.

La inmensa mayoría de las plantas femeninas producen racimos de uvas tintas con tamaño inferior a 1 cm de diámetro, con la pulpa no coloreada. Contienen entre 1 y 4 semillas. Éstas son más redondeadas y con un pico mucho más corto que las cultivadas. Por este motivo, en los yacimientos arqueológicos se puede averiguar si la gente de una determinada época consumía vid silvestre o cultivada (Figura 3).

 

USOS TRADICIONALES DE LAS PARRAS SILVESTRES

Sus bayas fueron empleadas como alimento humano en diversas épocas, desde el Paleolítico hasta la posguerra de la última guerra civil española. Además constituyeron  la materia prima de las primeras vinificaciones (Figura 4). Su uso para producir vino se ha mantenido en Cerdeña hasta casi finales del siglo anterior. Allí los pastores elaboraban el llamado vino de vulpa (vino de zorra).  Hasta dicha fecha, aproximadamente, se ha producido vinagre casero en Sierra Morena, Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas y  en la Serranía de Grazalema (Andalucía). El mosto, debido a su alto contenido en ácido tartárico, ha sido empleado para evitar la aparición de fisuras durante la cocción de las piezas cerámicas desde la Edad del Bronce.

La farmacopea española contiene muchas referencias a remedios medicinales a base de extractos y órganos de vid silvestre.

Los sarmientos tienen una gran flexibilidad, por dicha cualidad se han empleado para la fabricación de maromas, empleadas incluso por la Armada española. Asimismo, hemos visto subir a gente de Barbate y alrededores (litoral gaditano) al Parque Natural de los Alcornocales (Cádiz), con el fin de recoger sarmientos para confeccionar los aros de las nasas de pesca para la langosta.

En varias necrópolis aparecen semillas de parras silvestre y/o cultivadas, ya que las ofrendas de racimos eran muy comunes en los rituales funerarios, desde la Cultura argárica hasta la época paleocristiana.

Figura 1. Ejemplares silvestres de la playa de Atxasbiribil (Vizcaya)

IMPACTOS ANTRÓPICOS

La reducción de las poblaciones de parras silvestres se ha debido a varias causas, que enumeramos a continuación. Entre ellas se encuentra la limpieza de bosques de ribera y establecimiento de huertos o plantaciones de chopos y eucaliptos, principalmente. Obras públicas, como el ensanche o nuevo trazado de vías de comunicación, con la correspondiente y periódica limpieza de las cunetas, así como indencios. También, la construcción de embalses. En este caso hemos contemplado la enorme pérdida de parrales silvestres en el río Guadiana y afluentes en el Alentejo portugués, tras la construcción del importante y necesario pantano de Alqueva.

Cabe destacar que la llegada de vides de origen norteamericano para remediar la infestación filoxérica desde el último cuarto del s. XIX, usadas tanto como portainjertos o híbridos productores directos, ha provocado la infección de nuestros contingentes silvestres por el oídio y mildiu. En el medio natural, las vides no son atacadas por la filoxera ya que crecen en suelos muy húmedos o arenosos.

Las vitáceas americanas citadas se han ido escapando de los viñedos, convirtiéndose en plantas invasivas que están desplazando a nuestras parras silvestres autóctonas de sus hábitats naturales, principalmente de los bosque de ribera.

La pérdida de parras silvestres autóctonas, acarrea también la de parte de la vegetación acompañante y la biocenosis de artrópodos predadores y parasitoides que regulan las poblaciones de fitófagos que atacan a esta vitácea. La diversidad y abundancia de estos últimos es mucho mayor que la registrada en los viñedos, debido al uso de biocidas. Paralelamente, desaparecen los hongos de las micorrizas arbusculares asociadas a su sistema radicular y buena parte  del conjunto de levaduras autóctonas.

Por todo lo expuesto en este apartado, actualmente, la vid silvestre euroasiática constituye un taxón realmente amenazado en toda la amplia zona geográfica donde habitaba.

Figura 2. 1- Flor silvestre masculina tipo I; 2-Flor silvestre masculina tipo II; 3- Flor hermafrodita de vid cultivada; 4- Flor silvestre femenina con estambres reflejos (Esquemas del código de descriptores 151 (2009) de la OIV (Organización Internacional de la Viña y del Vino).

EL PROCESO DE DOMESTICACIÓN

Dentro de las poblaciones de parras silvestres se producen algunas mutaciones de ejemplares masculinos que conllevan a la aparición de ejemplares hermafroditas autofecundables. Éstos exhibían un mayor nivel de cuajado, que no escapó a la observación de los grupos humanos recolectores de frutos. Por tal motivo, sus sarmientos fueron elegidos para realizar plantaciones fuera de los hábitats naturales. Había nacido la Viticultura (Figura 2).

Varios trabajos multidisciplinares avalan la idea de que el cultivo de la vid se irradió a partir del territorio del llamado Triángulo de la Uva fértil de Vavilov, donde dada su orografía, existieron varios refugios durante las glaciaciones del Cuaternario para las parras silvestres y otros parentales de frutales. Dentro de dicha zona geográfica, se en- cuentra el Monte Ararat, el lugar donde según la tradición judeo-cristiana, inspirada en el Libro del Génesis, encalló el arca de Noé. Dentro del citado triángulo, en la República de Georgia se encuentra el yacimiento arqueológico de Shulaveri Gora. En el nivel correspondiente a hace unos 8.000 años se aparecieron las primeras semillas de vid cultivada, según los datos actuales. No muy lejos de allí, en el sur de Armenia, se encuentra la cueva de Areni-1, donde aparecieron una prensa, una cuba de cerámica, así como restos de racimos de uva y semillas con una antigüedad de unos  6200 años. Otros hallazgos arqueológicos y la enorme biodiversidad de vides cultivadas y silvestre permiten concluir que el sur del Cáucaso (Transcaucasia) constituye la cuna de la Viticultura.

No obstante, la conservación del agrotipo silvestre en refugios de zonas meridionales de Europa, incluida nuestra Penísula, pudo permitir a estas regiones ser centros secundarios de domesticación. Ello se basa en el estudio de los clorotipos realizado mediante análisis de ADN de los cloroplastos en variedades de cultivo consideradas autóctonas que ha revelado que más del 70% de las viníferas ibéricas contienen el clorotipo A, al igual que las poblaciones silvestres de la zona. En cambio, en la zona Transcaucásica son los clorotipos C y D los que abundan en una mayor proporción, tanto en variedades de cultivo como en las poblaciones silvestres. Es posible que las variedades importadas por fenicios, griegos, romanos y cartagineses, pudieron hibridarse con las poblaciones silvestres locales. Dicho patrimonio genético se fue enriqueciendo, posteriormente, con las aportaciones de los árabes y de la Ruta Jacobea.

Figura 3. Parte superior: esquema de semillas de vid cultivada. Parte Inferior: esquema de semillas de vid silvestre femeninas.

LA VID SILVESTRE COMO RECURSO FITOGENÉTICO

En todos los países vitivinícolas, el número de variedades tradicionales cultivadas se redujo bastante tras la reconstrucción del viñedo por causa de la filoxera. También ha contribuido, las normativas internacionales, nacionales y autonómicas, así como la creación de las diversas Indicaciones de Origen Protegidas y de las Denominaciones de Origen. Además cabe resaltar que de cada variedad, hay un número de clones muy reducido en el mercado, lo que prácticamente anula la diversidad genética intravarietal de las nuevas plantaciones, afectadas por el creciente proceso de erosión genética. La prueba la tenemos en que pueden existir entre 5.000 y 10.000 variedades de cultivo, a nivel mundial. De ellas, unas 1.500 se siguen manteniendo en los viñedos. Hay que resaltar, con agonía, que en las zonas vitícolas, únicamente 16 variedades ocupan el 50% de la superficie mundial. Donde se encuentran las variedades españolas Airén y Tempranillo.

Los viñedos han pasado de contener mezclas de distintas variedades y variantes somáticas de la misma variedad a estar constituidos muchos de ellos por clones únicos, reduciéndose de forma drástica su biodiversidad. Es decir, la base genética sobre la que actúa la selección natural. Este dramático hecho puede constituir un grave problema de cara al cambio climático y a la aparición de nuevas plagas y enfermedades.

Las parras silvestres exhiben una gran biodiversidad, gracias a su reproducción sexual. Generalmente presentan importante resistencia al encharcamiento y a la caliza activa. Estas son dos características muy interesantes para la obtención de nuevos portainjertos, hibridando con los actuales o con especies de origen norteamericano. Las microvinificaciones realizadas con ellas muestran que los vinos obtenidos poseen una buena acidez (pH ligeramente superior a 3) e intensidad de color (entre 11 y 26), dos importantes cualidades a la hora de generar nuevas viníferas para enfrentarse al cambio climático. La concentración de alcohol varía extraordinariamente, dependiendo de las zonas (entre algo más de 5 grados hasta 14,5). Sería interesante valorar la concentración de estilbeno en los sarmientos lignificados tras la caída de la hoja. Ya que este producto natural puede ejercer una protección de los vinos sin los problemas alérgicos que puede desarrollar la adición de metabisulfito potásico para su conservación.

Pese a todo lo expuesto, se denuncia que España, país que alberga el mayor viñedo del mundo (unas 960.000 ha), carece de una protección específica para la conservación de la vid silvestre en el medio natural, tanto a nivel estatal como de sus comunidades autónomas. Para evitar su extinción, algunos ejemplares se guardan en bancos de germoplasma de Cádiz, Madrid, Badajoz, La Rioja, Álava y Vizcaya.

Figura 4. Racimo de vid silvestre. Nótese la diferencia del grado de maduración de las bayas, Shirikhevi (Georgia).

REFERENCIAS

Las principales citas bibliográficas empleadas para confeccionar este artículo aparecen a continuación. Dentro de las mismas aparecen otras referencias que también han sido utilizadas.

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Este reportaje ha sido realizado por:

Lara, M1Ocete, R2., Maghradze, D3., Arnold, C4. y Ocete, C.A2

1.- IFAPA Rancho de la Merced (Jerez de la Frontera)

2.- Freelance (Tirgo, La Rioja)

3.- Agencia Nacional del Vino de la República de Georgia (Tbilisi)

4.- Universidad de Lausana (Suiza)

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