«En Anónimas somos muy de escuchar, de sentir lo que el vino nos va diciendo en cada momento»

 

La madrileña Cristina Yagüe y la cambadesa María Falcón son las fundadoras de Anónimas Viticultoras, un proyecto que nació como un homenaje a todas las mujeres del mundo del vino y que se ha convertido, por derecho propio, en una de las iniciativa más interesantes de los últimos años en cuanto a viticultura se refiere. Sus elaboraciones, tanto en Rías Baixas como en Ribeira Sacra, han gozado de muy buena acogida entre los profesionales del sector debido a su calidad y personalidad. Tras unos meses de parón forzado por culpa de la pandemia, en breve, tal y como nos adelante Cristina en esta entrevista, podremos disfrutar de dos nuevos vinos de estas anónimas. Lo estamos deseando.

 

Pregunta obligada, ¿ qué tal habéis llevado la pandemia en la empresa?

Anónimas Viticultoras es una pequeña empresa que está muy enfocada al cliente final y me refiero a la Hostelería, la Restauración y las tiendas especializada. Y esta pandemia ha afectado tan directamente a este sector que hemos tenido muy parada la labor comercial, la de venta del vino. Por otra parte, como la pandemia ha coincidido  con la brotación y las primeras fases de crecimiento de la viña, nos ha permitido centrarnos exclusivamente en esta labor, atendiendo mejor, si cabe, toda la parte de la viticultura.

¿Cómo os conocisteis María y tú?

Empecé a trabajar con María, concretamente  para la bodega de su familia, «Bodegas y Viñedos Don Olegario», cuando me llamaron para colaborar en la elaboración de un vino tinto de la variedad Caíño, que era una variedad de la que yo estaba enamorada y con la que ya tenía una experiencia previa. A María ya la conocía porque habíamos coincidido en alguna cata y desde el principio tuvimos muy buena conexión. Con mi colaboración en la bodega nos conocimos mejor y le fui metiendo el gusanillo de un vino rosado, a través de la variedad Caíño, porque pensaba que se podía adaptar perfectamente a ese tipo de elaboración. Y cuando vimos la ocasión de hacer vino juntas nació Anónimas Viticultoras.

¿Con qué objetivo surgió este proyecto?

Anónimas Viticultoras es un proyecto muy transversal, nos sentimos muy comprometidas con todas las mujeres trabajadoras, esas luchadoras incansables como lo fueron nuestras abuelas p nuestras madres. Mujeres que pasaron desapercibidas, pero que han dejado un legado maravilloso que es el matriarcado gallego. Por otra lado, en nuestra trayectoria profesional hemos experimentado cómo la mujer ha estados siempre en un segundo plano. No hay que olvidar que trabajamos en un sector históricamente más vinculado al hombre, aunque también es cierto que las mujeres tenemos cada vez mayor presencia. Con Anónimas Viticultoras queríamos aportar nuestro granito de arena, ayudar a poner en valor la figura de la mujer en el mundo del vino y a la vez rendir un homenaje a todas estas anónimas que nos precedieron.

¿Con qué tipo de vinos empezaron el proyecto?                  

Empezamos con una línea de vinos más jóvenes, por así decirlo, que es la serie Dunares, y ahora vamos a sacar la serie de vinos de Anónimas Viticultoras. En la etiqueta de esta serie vamos a hacer un pequeño homenaje a la figura de una mujer anónima, que de momento aún  lo tenemos un poco en secreto, a la espera de sacar el vino al mercado que esperamos que sea en este mes de junio. Son vinos más especiales para nosotras, ya sea por su elaboración o por la procedencia de las uvas de parcelas muy concretas.

¿Colaboran con otras mujeres?

Sí, lo que hacemos desde la empresa es tejer redes de colaboración con otras mujeres del mundo del vino, así que, en este sentido,  hablamos de un proyecto dinámico. Ampliamos nuestra actividad a elaborar en otras zonas vitivinícolas donde podemos establecer estas colaboraciones con otras mujeres que desarrollan su actividad profesional dentro del mundo del vino,  como enólogas, bodegueras, viticultoras, sumilleres… Y eso lo estamos haciendo desde el principio. Pero estas redes no se limitan al vino, también trabajamos con mujeres en otros sectores. Por ejemplo, a través de nuestras diseñadoras o profesionales del sector audiovisual.

¿Cómo definirías vuestros vinos?

El hilo conductor de nuestros vinos es la expresión del carácter atlántico de las variedades autóctonas gallegas, es la frescura, la viveza… Así, por ejemplo, esta primera línea de vinos que elaboramos, Os Dunares, están inspirados en el paisaje y las características del ecosistema dunar atlántico que conforman numerosas  zonas del litoral gallego y reflejan  la salinidad, la redondez, la suavidad, el movimiento… Los mismos atributos de este ecosistema están representados en la identidad de los vinos que elaboramos bajo esta marca y aquí hacemos un Albariño de Rías Baixas, el Rosado de Caíño 100% y  también un Caíño Tinto, los tres se enmarcan dentro de la serie Dunares.

Creo que también tienen un vino de Ribeira Sacra

Sí, acabamos de sacar al mercado una elaboración de un Mencía de la Ribeira Sacra, donde tenemos viñas que estamos trabajando nosotras mismas, tal y como hacemos en la zona de Rías Baixas. Teníamos el sueño de elaborar en la Ribeira Sacra y si la vida te pone en tus manos la posibilidad de llevar a cabo este sueño, no te puedes negar. Nos llegó la oportunidad de trabajar una viña muy especial, ubicada en una zona un poco menos explotada que es el Cañón del Río Búbal, que es un afluente del Río Miño que desemboca en Os Peares junto con el Sil. Es un paraje muy de bosque gallego, con mucha frondosidad, y allí empezamos a trabajar con una viña que nos ofrecieron en cesión de Mencía y Garnacha. Ese vino pertenece a la serie de Anónimas. Posteriormente también nos ofrecieron otras viñas y es que en Ribeira Sacra,  por las características del terreno y la forma en la que se trabaja la viticultura, totalmente manual y artesanal, nos encontramos con que muchos de los viticultores llega un momento que no pueden seguir trabajando las viñas y buscan a alguien que lo pueda hacer. Nosotras actualmente con las parcelas que tenemos allí estamos sacando al mercado dos vinos: el Mencía del que te hablé, que sale de unas viñas a 450 metros de altura y se llama Catro e Cadela, y vamos a sacar ahora este otro vino de Mencía y Garnacha.

¿Alguna novedad por la zona de Rías Baixas?

Sí, también sacaremos en breve al mercado otro vino de la zona de O Salnés, elaborado con  Albariño y Godello, cuya crianza la hemos hecho en un ánfora de cocciopesto, un material que utilizaban los romanos para la construcción de diferentes elementos (baño, depósitos…), que tiene una capacidad porosa muy buena. Pensamos que se iba a adaptar muy bien porque contribuye a ensalzar uno de los atributos que está muy presente en nuestros vinos: la salinidad.

¿Los vinos son diferentes si los elabora un hombre o una mujer?

A ver, sí que hemos encontrado a profesionales del sector que se han referido a cuestiones de este tipo y que en ocasiones al catar un vino sí que dicen notar si detrás está la mano de una mujer. Yo no sé si un  vino hecho por una mujer es diferente al que pueda hacer un hombre, lo que sí sé es que en Anónimas Viticultoras cuidamos especialmente los vinos, estamos muy del lado de escuchar, de sentir lo que el vino nos va diciendo en cada momento y trabajamos mucho con la intuición. En base a nuestra experiencia, sabemos hacia dónde queremos encaminar esa elaboración.

¿A estas alturas todavía sorprende que haya un proyecto de este tipo impulsado por dos mujeres?

Las mujeres vamos teniendo cada vez mayor presencia en este sector, cuyo protagonismo históricamente siempre fue masculino. Nosotras hemos experimentado en propia piel eso de estar en un segundo plano. En mi caso, la segunda experiencia que tuve elaborando vino fue en una cooperativa de los años 50 en plena Ribera del Duero, con más de 200 socios que trabajaban como lo habían hecho toda la vida. Que llegase yo a cambiar alguna cosa, pues qué quieres que te diga, no fue fácil. Y a María le ha pasado también un poco de lo mismo. A pesar de ser la gerente de la bodega familiar, entraban por la puerta y le preguntaban por el jefe.

¿Cómo se presenta la vendimia de este año?

Este año hemos tenido un invierno y una primavera muy lluviosas, en la que la brotación, además, se ha dado de forma muy temprana. Así que estamos teniendo bastante incidencia de Mildiu, por ejemplo, en la zona de Rías Baixas. Afortunadamente sí que es cierto que la época de floración está coincidiendo con una climatología más favorable. Estamos teniendo días más estables de sol y esto puede hacer que la cosecha se mantenga, aunque  todavía queda bastante tiempo. En general, sí creo que todo apunta a que vendrá adelantada, será una cosecha temprana.

¿Lo de la cosecha adelantada no viene siendo la tónica general de los últimos años?

Sí, es cierto. Cuando vine a trabajar a Galicia hace nueve años, las vendimias se venían realizando sobre la última semana de septiembre y lo que estamos observando es que en los últimos tiempos la tendencia es, independientemente de que un año venga de una manera u otra, que la vendimia se hace más temprano, más hacia la primera quincena de septiembre.

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