Un vino tinto elaborado en el año 2017 con viejas “castes” del Ribeiro y enterrado en un socalco de la viña de San Lourenzo da Pena.

 

El viticultor Antonio Míguez Amil, que desde el año 2001 empezara a recuperar las viejas “castes” tintas en una pequeña finca de Francelos perteneciente a su familia, no dejo de hacer pruebas y ensayos con el fin de conseguir hacer vinos históricos, aquellos vinos del Ribeiro que tanta fama y aprecio tuvieron a lo largo de 1000 años. Primero fué el Brancellao, luego el Sousón, después le llego la hora al Caiño Longo y a otras “castes” tintas olvidadas como la Carabuñeira, o Caiño de la Tierra y al Espadeiro. Para hacer buenos vinos es preciso tener buenas vides, entonces tenía que adquirir viñas en lugares ideales para los tintos del Ribeiro, en las viejas laderas del Avia, entre los  200 y 300 m. de altitud, en socalcos, en la parroquia de San Lourenzo da Pena.

A partir del año 2005 comenzó la recuperación de antiguas viñas en socalcos para hacer vinos barrocos y medievales. Por el camino aprendió de amigos y conocidos, de nuevos y viejos vitivinicultores, como Bernardo Estévez, Avelino Lorenzo, Paco Rego, Álvaro Galiño, Antón Giráldez, Julia Bande, Xosé Lois Sebio, Iago Garrido, Fidel Giráldez o Nacho González.

Baixo Terra 2017 de Boas Vides

El propósito era preservar  la esencia más la identidad de los vinos tintos salidos de viejas laderas en el valle del Avia, vinos en los que se respecta su origen, de antiguas “castes”, casi desaparecidas, en las riberas de mas pendiente, con una viticultura respetuosa, biodinámica, regenerativa, y una fermentación natural, sin apenas sulfitos, en busca de la máxima expresión de la tierra, del lugar y de su historia.

Este vino pretende mostrar lo que se hacía históricamente en los lugares mejor escogidos de Galicia. Recogiendo testimonios, escritos y documentos, desde las crónicas de Froissart en el año 1386 hasta los libros de entrada de vino en el monasterio de San Clodio en los siglos XVII y XVIII, o el Tratado de Vinos de Portugal de John Croftt y su definición sobre la gran calidad de los vinos de Ribadavia-Ribeiro, también sirvió el “Tratado de las viñas y vinos de Galicia” del año 1843 de Antonio Casares, y de tantos otros documentos que nos hablan de vinos tintos con cuerpo, espíritu y boca, que podían aguantar años con buena aptitud para viajar y envejecer.

Siguiendo este recorrido nace Baixo Terra 2017, encontrandonos delante de una cosecha que sirve de experimento para probar que los vinos tintos gallegos, son algo más que vinos atlánticos o monovarietales,  son plurivarietailes que hablan de paisaje y climatología, a veces mediterráneo, a veces continental, y  a veces atlántico. La mezcla de variedades permite vinos primitivos y al mismo tempo modernos y con vida, mas allá de tópicos fáciles y repetitivos.

Baixo Terra 2017, es una manera distinta de entrar en contacto con el mas allá de los vinos gallegos, la magia y el misterio de otro mundo, la Santa Compaña de los vinos, la vida después de la muerte.

La cosecha del 2017 se caracterizó por la fruta roja madura, con una estructura y acidez idóneas para envejecer. Su evolución hizo pensar que a finales del 2020 y durante el 2021 estariá muy redondo y que alcanzaría un gran potencial. Que tendría una buena capacidad de guarda, por lo que una pequeña parte de la cosecha, 400 botellas, fue enterrada en la viña de San Lourenzo da Pena, con la finalidad de mantener intacto su potencial y darle tiempo a envejecer sin ruidos, sin luz y sin variaciones de temperatura, con una micro-oxigenación lenta, tamizada por un manto de tierra granítica de más de 1 metro de espesor. Esta tierra granítica tiene la virtud de tener mayor capacidad de oxigenación que las tierras barrentas o calcáreas, ya que filtra mejor el aire, a esto hay que añadirle el uso de una rolla de corteza natural de gran calidad que permite hacer una oxigenación lenta y uniforme. El frescor que mantiene la tierra junto con la orientación norte del enterramiento, protegido del suroeste por una colina, permite una temperatura sin variaciones importantes durante todo el año. El vino vuelve a la tierra que lo vio nacer

Boas vides 2017 del cual se comercializarán 400 botellas con “castes” de Carabuñeira 40% / Sousón 20% / Brancellao 20% / Espadeiro 10% / Garnacha 10%, se embotelló  en mayo de 2019, enterrado a metro y medio de profundidad en junio de 2019 y desenterrado en agosto del 2020.

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