“El alma de Don Olegario se consigue mantener año tras año en todos nuestros vinos”

  

María Falcón pertenece a la tercera generación de una familia dedicada a la elaboración de vinos en Rías Baixas. Su padre, el Don Olegario que da nombre a la bodega y a la mayor parte de los vinos, sigue estando muy presente en el día a día de la empresa, ahora gestionada por dos de sus cinco hijos. En esta ocasión hemos hablado con María y Cristina Yagüe, la enóloga, de cómo están llevando la situación provocada por el coronavirus, de las nuevas elaboraciones que lanzarán al mercado, de un trabajo de investigación en el que están colaborando con la Evega y del buen momento que vive el enoturismo. Un sector que les está brindando numerosas alegrías y es que  gracias a los comentarios de los que visitan Don Olegario, en muchos blogs de turismo aseguran que lo primero que hay que hacer al llegar a Cambados es visitar esta bodega. Una recomendación que a la Familia Falcón le sorprende, pese a que siempre hacen todo lo posible para hacer sentir al visitante como uno más de la familia.

 

¿De qué forma han sufrido en Don Olegario el confinamiento y la pandemia en aspectos como el seguimiento de las viñas o las ventas?

Realmente a nivel de cuidado de la viña no tuvimos ningún problema porque pudimos hacerlo con normalidad. Y como tenemos un único viñedo, estuvo controlado perfectamente durante todo ese periodo. En el tema de las ventas sí que lo hemos notado porque nuestro principal cliente es el Canal Horeca (Hoteles, Restaurantes y Cafeterías) y ahí sí que afectó y está afectando el coronavirus. El tema está siendo preocupante para todos y aunque ahora se empezó a mover un poquito la cosa, vivimos con la incerteza de qué va a pasar este invierno.

Otra pregunta obligada en estas fechas es la vendimia. ¿Cómo se presenta este año?

Creemos que empezaremos a vendimiar sobre el 10 o el 15 de septiembre. Creímos que se iba a adelantar más, pero gracias a la lluvia de estos días calculamos que empezaremos a trabajar sobre esas fechas. Este año tuvimos una primavera complicada, llovía, hacía calor… También hubo algunos ataques de Mildiu, pero como nosotros estamos aquí, tuvimos la viña controlada en todo momento, aunque me consta que hubo zonas que quedaron bastante tocadas, perdieron mucha uva, En Don Olegario tuvimos suerte ya que, como mucho, perdimos un 5% .

También influye el hecho de que éste es un viñedo muy bien adaptado, que responde muy bien sin importar como venga el año. Hablamos de un viñedo de 40 años que ya tiene un equilibrio. Además, está ubicado en una zona bastante elevada, muy bien ventilada, por lo que responde siempre muy bien a los tratamientos.

¿Cómo os habéis organizado para la vendimia en estos tiempos?

Básicamente la vendimia la hacemos los de la familia y después desde hace ocho años colaboramos con la Fundación Amigos de Galicia para emplear a gente sin recursos. Este año, la Xunta nos ha pedido una relación de todos los trabajadores eventuales para que el Sergas les haga la prueba del coronavirus. Y después aquí, se distribuirá a los trabajadores en grupos pequeños, guardando la distancia y, evidentemente, todos con mascarillas.

Esta es una bodega familiar, ¿qué queda de actual de la empresa que puso en marcha su padre, Olegario Falcón?

Creo que se mantiene la esencia del vino, que tiene algo que le hace diferente, o por lo menos eso es lo que nos dice la gente. Cualquiera que prueba uno de nuestros vinos sabe que es un Olegario porque tienen un alma, una identidad, que se consigue mantener año tras año en todas nuestras elaboraciones. A lo mejor es algo que viene dado por la zona de cultivo, no lo sé.

¿Siempre trabajaron con albariño?

Mi abuelo Adolfo fue el que empezó con el tema del vino, aunque él no hacía albariño sino que vendía caíño. Ahora, años más tarde, hemos querido recuperar esa elaboración que hacía el abuelo y ya tenemos un caíño en Don Olegario.

¿Es fácil gestionar una empresa entre hermanos?

A veces puede resultar más sencillo, pero yo creo que es más difícil que fácil.

¿A su padre, el Don Olegario que le da nombre a la bodega y a parte de los vinos, le fue fácil ‘soltar las amarras’?

Bueno, al principio no lo llevaba muy bien lo de la jubilación, la verdad, siempre estaba aquí controlando todo, pero ahora muy bien.  Eso sí, sigue estando muy presente y siempre nos está echando una mano.

Una de vuestras elaboraciones más recientes es “Mi mamá me mima”, ¿por qué ese nombre?

“Mi mamá me mima” es un vino que expresa la variedad de la uva albariña en la zona de Salnés. Es un homenaje a nuestra madre, que lleva toda la vida trabajando aquí, aunque el nombre del vino y de la bodega fuera el de mi padre. Era una forma de poner en valor toda la labor que hizo y que sigue haciendo. Queríamos un vino sencillo, fácil de beber, que definiera un poco su carácter alegre y creo que lo conseguimos. Ella sabía que estábamos trabajando en una nueva elaboración, pero nada más y cuando hicimos la presentación oficial, se emocionó muchísimo.

Y ahora también tienen el Caíño en homenaje al abuelo Adolfo

Sí, con este vino se hace una elaboración muy poco intrusiva, uy tradicional, son viñas de más de 100 años algunas, se elabora en grandes bañeras y lo único que hacemos son dos bazuqueos muy suaves. Después metemos el vino en barrica durante un tiempo. Esta idea surgió porque probé un Caíño que estaba haciendo Cristina para otra bodega y me encantó. Se lo traje a mi padre para que lo probara y ahí fue cuando nos decidimos a homenajear al abuelo con esta vuelta a los orígenes.

¿Qué peso tiene el enoturismo en la bodega?

Dejando a un lado la pandemia, nos va muy bien. Empezamos hace unos años con el enoturismo, fuimos de las primeras bodegas, y enseguida nos apuntamos a la ruta del vino, obtuvimos la Q de Calidad… Al principio había poquita gente y desde hace unos tres años la actividad experimentó un gran empujón. La gente que veía a visitarnos lo publicaba y con el ‘boca a boca’ cada vez fueron llegando más personas. Ahora mismo tenemos visitas todos los días y hace poco me comentaban que la visita a la bodega aparecía como la primera cosa recomendada que hacer en Cambados. Esto para nosotros es una fuente de ingresos y un vehículo maravilloso para darnos a conocer porque nuestros vinos se venden más fuera que aquí.

¿Dónde venden el vino y qué producción tienen?

Principalmente vendemos en Estados Unidos. En Don Olegario exportamos a Norteamérica desde el año 2005 y seguimos trabajando con el mismo importador. Creo que fuimos de los primeros gallegos en desembarcar allí y eso que somos una bodega pequeñita. También vendemos a México, Polonia, Países Bajos y seguimos intentando entrar en el Reino Unido, que es un mercado muy difícil.

¿Han notado ya los efectos del cambio climático en el viñedo?

Cristina Yagüe: Lo que yo vengo observando en el transcurso de estos años que llevo en Galicia, que ya son nueve, es que los cuatro primeros años la vendimia estaba claro que iba a ser, y era, en la segunda quincena de septiembre, pero en estos últimos tiempos se ha producido un adelanto claro y, aunque puede oscilar, hay una tendencia de adelantar la vendimia claramente hacia la primera quincena.

¿Y al albariño en concreto cómo le afecta?

Cristina Yagüe: Como es una variedad tan potente a nivel de acidez y como tiene estos parámetros tan brutales que no las tienen otras variedades en otras zonas de la península, el cambio climático atenúa de alguna forma estas características, pero el albariño o aguanta muy bien. También es cierto que en Galicia las primaveras siguen siendo muy lluviosas y como ahora las brotaciones son más tempranas, las viñas están más expuestas a ataques de Mildiu, por ejemplo.

María: Por eso intentamos hacer en la medida de lo posible, y los años que nos lo permite el tiempo, una viticultura lo más ecológica posible. El viñedo respondió muy bien, pensamos que necesitaría un proceso de adaptación, pero no hizo falta. Este año con los ataques de Mildiu hubo que ir a un tratamiento más convencional.

¿Estáis trabajando en alguna elaboración nueva?

Lo que habíamos pensado e n sacar al mercado, no sé si el año que viene o dentro de dos, un media pipa con un ‘coupage’ de distintas añadas, pero siempre en producciones muy pequeñas. Hablamos como mucho de 900 litros.

En Don Olegario siempre estáis ideando cosas

Es lo chulo de este trabajo, aquí nunca te aburres. Lo guay es hacer cosas nuevas, lo difícil es venderlas… (risas). Un nuevo vino requiere de mucha inversión y necesitas que tenga éxito en el mercado y una continuidad, eso no siempre es fácil.

Por último, hábleme del proyecto en el que están colaborando con la Evega

Cristina Yagüe: Estamos colaborando con la Estación Vitivinícola de Galicia en un proyecto nacional de estudio y elaboración con variedades autóctonas minoritarias, muchas de ellas ancestrales y algunas aún no reconocidas en el catálogo oficial de variedades comerciales del Ministerio. Entre ellas, la variedad ratiño, que es una uva que la Misión Biológica de Pontevedra ya la tiene catalogada y estudiada. En la finca, nosotros tenemos dos cepas y también tenemos una vecina que lo cultiva, aquí en Cambados, y en Ponte Arnelas hay otro viticultor que también tiene. En colaboración con la Evega estamos haciendo microvinificaciones con esta uva.

Este es un proceso bastante largo, primero tiene que ser reconocida como genéticamente única, que es algo que ya hizo la Misión Biológica: tiene que haber legados antiguos que la tengan referenciada, y eso también está, y ahora hay que saber si a nivel enológico tiene aptitudes. Es muy diferente, los vinos que se obtienen con esta variedad son muy diferentes a los albariños. Y una vez que haya sido autorizada en el catálogo, el siguiente paso es que la Denominación de Origen la incorpore, tras hacer una modificación que permita elaborar con esta variedad y alguna otra que probablemente también se esté estudiando y ampliar con otras cosas, como el rosado. Más que nada para no quedarnos atrás con respecto a otras zonas.

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