Entrevista a Inmaculada López, Gerente de bodegas Ruchel

“Describir nuestros vinos me cuesta porque me lleva la emoción”

Bodegas Ruchel fue creada con la con la filosofía de producir vinos de excelente calidad en una de las denominaciones de origen de mayor despliegue vinícola: Valdeorras. Tras varias ampliaciones, desde 2004, en esta bodega se elaboran una media de 200.000 botellas de vino de las variedades Godello y Mencía. En el año 2003 se empezó a elaborar Godello fermentado en barrica y a finales del 2007 salió al mercado el Mencía envejecido en barrica. Inmaculada López es la encargada de llevar ahora las riendas de una empresa familiar que se encuentra en pleno proceso de expansión.

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Cuénteme un poco la historia de la bodega, ¿cómo empezó a funcionar, quién la puso en marcha?

Fue una aventura de mi padre, la verdad. Se dedicaba al mundo de la comercialización pero su familia siempre tuvo viñas: mis abuelos, bisabuelos, tatarabuelos… todos. En aquel tiempo no se procesaba como ahora, no se elaboraba el vino como en la actualidad. Me refiero a la forma de embotellarlo, de mimarlo, de mandarlo al público. Ellos tenían viñas y hacían vino, que se vendía fuera pero a granel. Y entonces, mi padre, que siempre tuvo rondándole la idea de crear una bodega,  se decidió finalmente en el 89. A partir de ese momento, empezó esta aventura.

Ustedes le han dado mucha importancia al entorno y a la arquitectura de la  bodega. ¿De qué forma influye el continente en el contenido?

Aunque hay gente que lo pude plantear como un negocio, para mí hacer vino forma parte de una filosofía de vida. Me hice cargo del tema porque aunque trabajaba en algo que nada tenía que ver con este sector, siempre le estuve dando a vueltas a hacer otra cosa, a aprovechar algún recurso de la zona.  De repente, un día  me di cuenta de que esa otra cosa la tenía delante. La bodega para mí nunca ha  sido un trabajo, disfruto muchísimo, sobre todo en la parte de las viñas. Me encanta elaborar vino e intento hacer todo lo posible por tener unos buenos viñedos y una buena uva. A partir de ahí se pueden hacer muchas cosas, pero lo realmente importante es tener esa base de calidad. La viticultura es mi pasión. Hoy por ejemplo que era un día de mucho calor, yo estaba trabajando tan contento en las viñas… Cuando haces algo que te gusta, aunque sea duro, no representa demasiado esfuerzo.

¿Y por qué en esta zona?

Toda mi familia es de aquí, tanto mi madre como mi padre, mis abuelos. Todos somos de esta zona, así que era lo lógico.

Hace dos años ampliasteis instalaciones y presentasteis la nueva marca corporativa. ¿A qué obedecieron estos cambios, por necesidades de producción?

Era el momento de ampliar capacidad porque realmente el Godello es un vino que gusta en Galicia, fuera de Galicia y también fuera de España.  Pensamos que era el momento de ampliar capacidad, de seguir creciendo como lo estábamos haciendo hasta ese instante. Y el cambio de imagen corporativa coincidió con la jubilación de mi padre y con el hecho de que yo cogí un poco las riendas. Quería darle un giro a la imagen que teníamos, modernizarla un poco, sin olvidarme de la esencia, claro. Este año también hemos hecho pequeños cambios como el de poner las escrituras antiguas de las tierras de mi familia como fondo de las etiquetas. Son escrituras de tierras, de traspasos, de compraventa. Lo que se ve en el fondo de la etiqueta es una escritura real de mi familia.

Mujer, joven, responsable de una bodega, esto hace diez años era impensable. ¿Cómo lo está viviendo?

Bien, de verdad. Aquí en Galicia es algo muy natural. Yo creo que la mujer gallega siempre fue fuerte, muy dada a llevar las riendas. Además, en mi familia  nunca fuimos mujeres que nos echáramos atrás. Quizás fuera de aquí choque un poco más pero en Galicia es muy natural. El del vino es un mundo agradable, en el que te sientes bien acogida. Por lo menos, en mi caso ha sido así.

¿Qué tal se lleva lo de trabajar en familia?

Lo llevo bien. Siempre tengo al lado a mi padre, que es mi maestro, mi compañero y mi confidente. Y es una ayuda, un pilar de la bodega, de la empresa, de todo. Muchos clientes lo conocen a él y a veces eres ‘la hija de’, pero lo llevo bien. También debo reconocer que en ocasiones te satura un poco y es entonces cuando digo: bueno papá, ya está ¿no?. Realmente, trabajar en familia te hace más fácil muchas cosas. Por ejemplo, con la conciliación familiar yo no he tenido ningún problema. Pero también puede tener sus contras, naturalmente, como todos los trabajos.

Desde 2004, en Ruchel producen una media de doscientas mil botellas anuales de Godello y Mencía, sobre todo Godello. ¿Cuál es el objetivo para los próximos años, seguir creciendo, mantenerse?

La intención es seguir creciendo. Realmente hicimos la ampliación por ese motivo, lo que pasa es que también llevamos unos años que son complicados en lo que se refiere a la cosecha de uva. Por ejemplo, el año pasado no hubo bastante y tampoco puedes coger todo lo que se te presenta en la bodega. Tenemos unos parámetros de calidad, que nosotros consideramos que son exigentes, y no podemos meter en la bodega uva que nosotros no hayamos controlado desde el principio. Si viene un año malo, en el que hay poca uva, no podemos aumentar por eso la compra a proveedores que no controlamos. Pero si se dan bien las cosas, nuestra idea es seguir creciendo, por supuesto.

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Con las mejoras que incorporaron a la bodega, ¿cuál es el límite?

Ahora mismo tenemos una capacidad de depósito en bodega de casi quinientos mil litros. Y no son todos de elaboración, naturalmente.

También están en pleno proceso de exportación, ¿dónde se pueden encontrar los vinos Ruchel?

Vendemos en Estados Unidos, algo en Bélgica, pero realmente no hemos ampliado mercado en el exterior. Quizás también debido a la escasez de uva que le comentaba, ya que no podemos dejar el mercado nacional. Tal vez eso tampoco nos ha permitido crecer todo lo que nosotros hubiésemos querido en exportación. Pero tenemos clientes en Estados Unidos, algo en Bélgica y  también en Holanda. Nosotros vendemos la mayor parte en Galicia, prácticamente todo nuestro vino se queda aquí y realmente el porcentaje de exportación es residual, no es representativo. Básicamente, se queda en España.

Producen Godello y Mencía, ¿qué me puede decir de sus vinos?

La verdad es que describir nuestros vinos me cuesta  porque me lleva la emoción. Cuando me preguntan por qué no hago una cata es porque me aburren muchísimo. Cuando empiezan con los aromas y con todas esas cosas…  Para mí el vino son sensaciones, me provocan recuerdos y a mí la uva Godello me recuerda al césped recién cortado. Porque es vida. Esa sensación de frescor, de vida, de  alegría, de los rayos del sol… Es algo que no tiene nada que ver con las catas pero a mí es lo que más me recuerda. Ésa es la sensación que tengo: un vino alegre, fácil de beber, que te invita a seguir bebiendo otra copa, pero no por beberlo, sino por disfrutarlo.

¿Y el Mencía?

El Mencía quizás es, para mí,  más complicado. Yo soy más de blancos, lo reconozco. Eso que se dice de  que a la mujer le gusta el  blanco y al hombre el tinto conmigo se cumple al cien por cien. A mí me encanta el Godello. El vino mencía es lo mismo, lo que pasa es que éstos tienen otras características, quizás un poquito más astringentes. A mí me gustan  comiendo. De todas formas, los vinos tintos de Galicia son muy frescos y me cuesta más venderlos fuera porque la gente está acostumbrada a vinos muy pesados, muy potentes, como que los masticas en la boca. Y nuestros Mencías no son así. Son vinos muy alegres, muy ligeros, que incluso puedes tomarlos un poquito frescos ahora en verano. Son suaves, fáciles de beber.

¿Una de las cosas que hace especial a su vino es el microclima que tiene esta comarca?

Eso ayuda, creo que todo ayuda. Nosotros, desde que empezamos, hicimos muchos tanteos de cómo podíamos quitarle todo lo mejor a la uva, sus mejores características. En Valdeorras tenemos  un microclima especial. Es un valle muy largo, tenemos zonas al lado del río pero también montañas, y montañas abruptas muy de golpe, mucha ladera, poca ladera, suelo pizarroso…  Todo eso le da unas características importantes al godello. Y después también tenemos suelo arcilloso, algunas zonas con granito y todo eso influye en que la uva godello sea lo que es, que tenga cierta acidez que mantiene el frescor. Este tiempo que tenemos aquí, con inviernos fríos, tiempo de sol, con noches que no son excesivamente calurosas… Todas esas combinaciones favorecen estos vinos.

Sus vinos han recibido muchos premios, ¿hay alguno que recuerde de forma especial, con mayor cariño?

Todos te hacen gracia, te gustan y te hacen ilusión. Pero a mí me ilusionó especialmente el premio al Mejor Blanco de Galicia hace dos años, porque era la primera vez que la uva Godello recibía ese galardón. Fue especial. Me hizo muchísima ilusión porque nosotros consideramos que  el vino Godello está a la altura de los grandes blancos. En Galicia está el albariño, que está muy reconocido en España y fuera, pero nosotros consideramos que nuestro godello está a la misma altura, o más. Yo voy con la cabeza muy alta cuando digo que Galicia tiene los grandes blancos, los mejores vinos blancos. Con el tinto ya me cuesta más, pero con los blancos que no me tosa nadie. Entonces, que me digan que yo tengo el mejor blanco de Galicia es como decir que tenemos uno de los mejores blancos del mundo. Además, ese premio coincidió con un año complicado para la familia, con mi abuela enferma, conmigo tomando el mando de la bodega… Me pareció perfecto que llegara en ese momento y lo considero un premio a mi padre, a su trabajo y a la lucha de tantos años. Por su parte, el Mencía es más un vino de acompañamiento. Aquí se vende muy bien pero fuera de Galicia cuesta mucho más venderlo. Pero el premio que recibió también me hizo ilusión.

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