“En nuestro estudio coexisten de forma natural los trabajos más clásicos con los más rompedores y modernos”

Habla siempre en plural, incluyendo a su socio en cada una de las respuestas de esta entrevista, y no pierde en ningún momento la sonrisa. Su estudio, que cuenta con prestigiosos premios internacionales y que se encuentra ubicado en el corazón de Cambados, es prácticamente blanco, casi como un lienzo, y rezuma serenidad. Y aunque desde estos despachos han ideado buena parte de las etiquetas de los vinos gallegos de mayor éxito, Marta Lojo y Kike López se siguen sorprendiendo de la dimensión y proyección que ha alcanzado su trabajo, del que se pueden encontrar ejemplos en Brasil , Alemania, Francia… Su próximo reto, la imagen de unos zumos de Taiwán para Sudáfrica. Y todo esto desde un pequeño pueblo gallego al lado del mar

Su estudio es el responsable de “vestir” a muchos de nuestros vinos con más éxito, ¿cómo llegó a especializarse en este sector?

Estudié diseño gráfico en la Escuela de Arte Pablo Picasso de A Coruña y a partir de ahí monté un pequeño estudio de diseño. La mayoría de trabajos que llegaban a nuestras manos eran de vinos y empezamos colaborando con bodegas de prestigio, ya consolidadas en el mercado, como la de Julián Chivite, Martín Codax, Pazo Señoráns… A partir de ahí la gran mayoría de los trabajos que nos encargaban eran relacionados con este sector.

Fue una casualidad entonces

Bueno, sí y no. Recuerdo coleccionar etiquetas de vino desde que terminé de estudiar y de enviar cartas a las bodegas para pedirles etiquetas, para tenerlas, simplemente porque me gustaban, Además, mi proyecto de Fin de Curso estaba relacionado con una bodega de Albariño.

Viene de una zona como Barrantes muy vinculada al mundo del vino, eso debió de influir también

Claro, eso influye, así como el hecho de que mis padres tienen un negocio de hostelería, un restaurante, y que mi hermano es enólogo. En mi casa hay fincas, hay plantación de vino albariño y yo vendimié toda mi vida. Quiero decir con esto que mi vinculación con el mundo del vino más allá del trabajo.

Un cliente viene con una idea en mente, ¿se deja aconsejar o es difícil cambiar el chip de la etiqueta que imaginó?

A las bodegas más clásicas, a las que ya tienen una trayectoria de toda la vida les cuesta más cambiar el chip, resulta más difícil que apuesten por diseños diferentes. Hay bodegas que empiezan con marcas nuevas, que acaban de salir al mercado que no tienen tanto inconveniente en probar. El problema es cuando hay una tradición real detrás y ahí está la dificultad para convencerlos de que innoven. El sector del vino en España es especialmente conservador, pertenecemos a la Vieja Europa y en los vinos, sobre todo los de exportación, el concepto de las personas es más bien clásico. También es cierto que ahora mismo hay una tendencia en España al diseño contemporáneo y aparecen bodegas y distribuidores muy importantes con marcas nuevas. Pero si tú le preguntas a un chino o un norteamericano por España, entiende que es un país clásico, aunque al mismo tiempo nos demanden marcas modernas.

Quizás que nos vinculen con la Vieja Europa, con Francia por ejemplo, tampoco es malo en cuestión de vinos

Claro, eso es muy positivo, coger incluso el estilo de los vinos franceses, sin perder nuestra propia personalidad, yo creo que nos aporta valor.

Su estudio ya tiene más de diez años, ¿por qué en Cambados?

Empecé montando el estudio aquí y ahora también vivo en el pueblo. El motivo es que Cambados tiene encanto, está situado en el corazón de Rías Baixas y la vida del mar me gusta. Es bonito y tranquilo, la verdad es que no me arrepiento de la decisión.

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En el estudio son dos, ¿qué le aporta Kike López, director creativo, a Marta Lojo y viceversa?

Creo que si él se marchara, yo cerraría o me dedicaría a otra cosa, me lo aporta todo, no entendería este trabajo sin él. Yo soy más inquieta y él es más tranquilo, más sereno. Sobre lo que yo le aporto, creo que debería contestar él.

Kike López: Nos complementamos muy bien, Marta tiene un perfil más comercial que yo, se le da muy bien el trato con los clientes. Sobre el diseño, yo tengo una parte más moderna y ella más clásica, y entre los dos encontramos el punto que busca el cliente.

¿Se podría decir que con muchos de sus trabajos han acabado con el reinado de las etiquetas de vino señoriales?

Coexisten de forma natural los trabajos más clásicos con los más rompedores y modernos, tenemos que adaptarnos a lo que nos pide el cliente. Aquí también influye el mercado al que vaya destinado el vino.

¿Cómo surgió una de sus etiquetas más reconocible, la de los lunares de Paco y Lola?

Las etiquetas, tanto la del Albariño como la del Licor de Frambuesa, son diseño de Kike y se hicieron de esa forma porque el cliente nos pidió una etiqueta para vender en el mercado asiático, por eso utilizamos un icono de la cultura española ya que queríamos que enseguida ubicasen a la empresa en España. Eso lo conseguimos perfectamente con los lunares. Tuvimos suerte porque al cliente le gustó enseguida.

Sus diseños han ganados varios premios, ¿de cuáles se sienten más orgullosos?

Supongo que los que recibimos con las etiquetas de Paco y Lola en el International Wine & Spirits de Los Angeles. En 2008 la Medalla de Plata con el Albariño, y en 2010 otra Medalla de Plata con la etiqueta del Licor de Frambuesa.

Una vez que les encargan un diseño, ¿cómo es el proceso creativo?

Necesitamos un buen “briefing” que contenga el mayor número de datos sobre la bodega, el distribuidor, el cliente. También hay que saber a quién va dirigido el vino, el público objetivo, nivel cultural, nivel económico, precio, la competencia, el país en el que se quiere vender, el diseño que quieren, qué es lo que quieren comunicar, las características técnicas… A partir de ahí, y gracias a esos datos, podemos establecer una estrategia para saber cómo conviene introducirse en ese mercado de interés.

En los últimos años ha cambiado el perfil del consumidor del vino, ahora hay clientes más jóvenes, muchas más mujeres, ¿ha influido en las etiquetas?

Es cierto que hay un aumento del consumo del vino entre gente más joven y entre las mujeres, y eso claro que influye a la hora de diseñar las etiquetas. Ahora hay más flores, formas más redondas… También tiene que funcionar bien el diseño con este tipo de vino, que es más divertido, más fresco.

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¿Cuál fue su primer trabajo, se acuerda?

El primer diseño que hice todavía estaba estudiando y me lo encargaron las Mulleres Rurais de Ribadumia, fue una etiqueta para un licor café. Me regalaron un diploma, lo recuerdo muy bien. Salió en la prensa y mi madre guardó los recortes.

¿Qué porcentaje de sus trabajos son proyectos internacionales?

El 50% de los trabajos que tenemos ahora mismo son internacionales. Trabajamos mucho para Alemania, Reino Unido, Holanda, Brasil, Suiza y Francia, entre otros países. No hacemos sólo diseños para empresarios españoles que vendan fuera, sino que nos vienen encargos de otros países de forma directa. Sin ir más lejos, el otro día tuve una reunión en Madrid con unos empresarios de Taiwán que están haciendo zumos para Sudáfrica, son cosas que no dejan de llamarnos la atención.

Vaya a donde vaya, no le va a ser difícil encontrar un vino con una etiqueta diseñada en su estudio

Pues sí, al final coge toda una dimensión que a veces si te paras a pensarlo, no te lo crees. Por ejemplo, trabajamos para Vinícola Aurora, que es la bodega más grande de Brasil y cuya producción supera los 50 millones de botellas. Sí que es sorprendente, la verdad.

¿Además del vino, hay algún otro sector en el que les gustaría introducirse?

Me encantaría diseñar para botellas de whisky, más para ginebras, de las que ya hemos hecho algún trabajo. Me parece que son botellas muy bonitas, casi objetos de decoración. También tenemos pendiente el mercado del agua, creo que se podría sacar bastante partido al diseño de una botella de agua. Ahora han empezado a modernizarse un poco, pero pienso que siguen siendo un poco conservadores.

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