“Con la recuperación de variedades autóctonas se le da un valor añadido al vino”

Emilia Díaz y Francisco “Paco” Rego del Departamento de Viticultura de la EVEGA nos cuentan los trabajos que se están realizando en el centro con el objetivo de recuperar esas variedades autóctonas que, por diversos motivos, desaparecieron de los viñedos. El tiempo les está dando la razón y algunas de estas variedades vuelven ahora con más fuerza que nunca, reclamando un protagonismo que nunca debieron de perder. Gracias a las últimas tecnologías, a la ayuda de muchos particulares y a muchas de horas de estudio, el programa de recuperación de “castes” está más vivo que nunca.

¿Cuántas variedades autóctonas se han perdido en Galicia en los últimos años, están contabilizadas?

Emilia: Como todavía se están haciendo los estudios es imposible decir cuántas variedades se han perdido y cada día puede aparecer alguna que queda de forma testimonial. Esas estarían en extinción porque no se utilizan pero no lo sabemos. Hasta ahora tenemos contabilizadas en nuestra colección 67 variedades distintas y de esas decir cuántas son autóctonas también es un poco complejo. Entendiendo por autóctona la variedad que es propia de una determinada zona y no de otra. Se está mejorando mucho en esta temática para poder determinar cuáles son propias de la zona o foráneas, hay estudios de ADN que son los que más nos ayudan en este trabajo a determinar si aparece solamente aquí, me refiero en Galicia y Norte de Portugal o si están también presentes en otra zonas.

¿Y se sabe cuál fue la peor época, en qué años se perdieron más?

Paco: La peor época fue sin duda la de las pestes americanas, el Oidium a mediados del siglo XIX, después vino el Mildiu y acto seguido nos golpeó la Filoxera, un pulgón que fue tremendo para nuestros viñedos. Después de todo eso hubo una serie de circunstancias históricas que podemos resumir en que no importaba la calidad sino producir muchos kilos de uva, y vinieron muchas variedades de fuera. Esos fueron sin duda los peores momentos y si nos remitimos a Galicia, hasta los años 80 fue casi como la “longa noite de pedra”, fue una época terrorífica. Las variedades autóctonas fueron sustituidas por variedades que sí daban mucho rendimiento pero cuya calidad era bastante escasa (Alicante, Jerez….). Las autóctonas quedaron perdidas en un mar de viñas con cepas foráneas, y también en parras, en patios de casas, en los barrios más viejos de las aldeas, pero fue gracias a eso que se empezaron a recoger y a recuperar.

¿Cuándo empezó el interés por recuperar esas “castes”?

Paco: Yo lo tengo claro, coincidiendo con la constitución del Estado de las Autonomías. Cuando Galicia se convirtió en Autonomía fue cuando empezaron a dar las ayudas para los viñedos que antes no existían. Estamos hablando de los años ochenta. En la provincia de Ourense empezaron a darse seminarios en los que se tocaban estos temas y empezó a surgir el interés. De ahí salió el primer campo de selección de variedades que estaba compuesto por cinco blancas y una tinta, y así empezó el interés por recuperar las variedades de aquí. Más adelante fue cuando en 1985 se inauguró este edificio y empezamos a trabajar en este tema. Hay que destacar la labor encomiable en este sentido de gente como José Antonio Yglesias Prieto o Horacio Fernández Presa y muchos otros que fueron inculcando a los demás la importancia de este trabajo de recuperación.

¿Y cuál ha sido o está siendo el papel de la Evega en esta labor de recuperación?

Paco: Hay una historia que es muy clara, un particular en Valdeorras, por ejemplo, puede tratar de recuperar un Godello, un Bastardo…. pero el papel de la EVEGA, como organismo público que es, era necesario para hacer todo aquello que a nivel personal no se podía hacer por falta de medios. En este sentido, la Estación realizó y realiza un trabajo de recuperación y al mismo tiempo de coordinación y colaboración con los profesionales del sector. Un banco de germoplasma es difícil que lo pueda tener un empresario y nosotros lo tenemos. Había que cubrir un hueco e intentar corregir el rumbo de navegación equivocado que había tomado el sector, y ese fue el papel que jugó la EVEGA.

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¿Dejando a un lado casos tan especiales como los de Yglesias Prieto y Fernández Presa, de qué forma colaboró el sector en este trabajo?

Paco: El sector lo que quería era vender el vino y venderlo más caro, ese punto de vista también nos ayudó en nuestro trabajo. Aquí hay gran diferencia entre la viticultura de unas zonas y otras, no es lo mismo una finca en Rías Baixas que en el Ribeiro o una ladera empinada en Bibei, tanto por lo que se refiere a los tratamientos como por la orografía. Los gastos de producción son altos y el acondicionamiento de la propiedad, que generalmente son pequeñas, y la única manera de ganar dinero es elaborar algo que cubra los costes de producción. Con la recuperación de variedades autóctonas se le da un valor añadido al vino.

Una de las variedades que se han recuperado es la Godello, que ahora tiene tanto éxito

Paco: La uva Godello estuvo en peligro de extinción y no fue un caso aislado, ha pasado con muchas variedades como la Blanco Lexítimo, que ahora vuelve a estar de moda. Una de las características que tienen nuestras variedades autóctonas es su alto nivel de calidad y ese ha sido uno de los principales motivos que nos han llevado a recuperar estas “castes”, que llevaban aquí cientos de años sino más.

¿Se perdieron más variedades de tinto o de blanco?

Paco: No se sabe exactamente y eso habría que preguntárselo a historiadores que estén versados en el tema pero hasta donde yo sé, no hay demasiadas referencias. También podía darse el caso de que una variedad que hoy conozcamos por un nombre, en la Edad Media tuvieran otro. Lo que sí puedo decir es que el número de variedades que se ha conseguido recuperar es muy interesante. Y otro aspecto a tener en cuenta de los trabajos de recuperación es que ya podemos hablar de “castes” del Noroeste Ibérico, y de ahí la importancia del ADN en esta labor, ya que nos ayuda a concretar la procedencia, el origen. Cuando hablo de variedades autóctonas ancestrales me refiero a la antigua Gallaecia, y a falta de referencias históricas, que en este caso no hay, el ADN es fundamental.

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¿Cuáles son realmente los avances que se han hecho en este aspecto gracias a técnicas como el ADN?

Emilia: Por una parte nos permite algo básico que es poder identificar variedades, discernir entre sinonimias y homonimias, que es una gran problemática a nivel mundial. Cuando todavía no se hacían pruebas de ADN, muchas veces se enviaron a colecciones algunas variedades que ahora sabemos que estaban equivocadas. La diferenciación morfológica en muchos casos es compleja, incluso puede variar de unos clones a otros, y si esa diferenciación es compleja puede llevar a errores. Incluso la terminología que se emplea en cada zona es distinta, e incluso en una misma zona le pueden llamar de distinta forma a una misma variedad. A día de hoy el ADN está prácticamente resolviendo toda esta problemática. También te permite determinar la procedencia, el origen, los parentales, que nos pueden indicar   si esa variedad que estamos estudiando está mejor o peor adaptada a una zona. .Por otra parte, además de permitir establecer relaciones de parentesco entre variedades,   la utilización de marcadores de ADN nos permitirá seleccionar genotipos con uno o varios caracteres deseados y concentrar sobre ellos el trabajo de selección clonal, facilitando el proceso de mejora genética de la vid.

¿El trabajo que están realizando qué objetivos tiene?

Emilia: Conocer mejor las variedades desde todos los puntos de vista: agronómicos, enológicos, moleculares…En la Estación tenemos plantadas diez variedades de las más conocidas en distintos sistemas de conducción, es un ensayo que llevamos haciendo desde hace mucho tiempo. Ahora estamos intentando ver distintos marcos de plantación y cómo pueden afectar sobre las variedades, a diferentes niveles. La selección clonal es uno de los hitos del centro porque somos vivero seleccionador.

¿Galicia ha sido una de las comunidades que más variedades ha perdido o estamos al mismo nivel que otras zonas?

Paco: Aquí el problema gordo fue que en la costa, las pestes americanas arrasaron y de ahí que se introdujesen otras variedades foráneas. Pero quizás esa diversidad dio también lugar a que muchos siguieran dejando algunas cepas autóctonas. Eso, unido a la mentalidad de guardar siempre algo, hizo posible que muchas de las variedades no desaparecieran totalmente.

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