En Vigo, en el número 87 de Vía Hispanidad, abrió su puertas hace más de diez años Albar. Con el discurrir del tiempo, este establecimiento que empezó como enoteca se ha convertido en un bar de tapas y restaurante, y en el escenario de interesantes catas de vinos gallegos

Nos dice Juan Polo, propietario de la Enoteca Albar, que lo suyo con los vinos gallegos no fue un flechazo sino que, tal como nos lo describe, se trató de un amor difícil, tardío pero profundo. La historia comenzó en 2003: “Tanto Inés, mi mujer, como yo queríamos abrir algo relacionado con la hostelería, primero pensamos en un restaurante o en una casita rural, pero al final, como a los dos nos gustaba el mundo del vino, nos decidimos por una enoteca”.

Sin experiencia previa en este sector, “yo venía del mundo de la administración y del arte, nada que ver con esto”, iniciaron esta aventura profesional que con el tiempo tomó una forma inesperada. “Al principio nuestra idea era montar una tienda de vinos y disponer de un espacio donde se pudieran degustar, no pensamos en ningún momento en convertirnos en restaurante y, de hecho, empezamos con una carta muy pequeña de tapas frías para acompañar los vinos que vendíamos”.

Al final, como nos cuenta Juan, fueron los clientes los que decidieron que el local tomase el derrotero actual porque, como bien dice, “el cliente siempre manda, hay que saber escucharle, nada más”. Y así, a pesar de que la tienda de vinos no funcionó como esperaban, el local para comer y beber un buen vino sí que empezó a cuajar entre los vecinos.

Doce años después, su propietario nos asegura que la valoración de este tiempo al frente de Albar es muy positiva: “se ha convertido en una forma de vivir, en una razón de vida, no sabría dar marcha atrás, ni querría hacerlo”.

Cuando se le pregunta de dónde viene el nombre del establecimiento, uno de los más valorados en Vigo por los amantes del buen vino, nos indica que “Albar viene de Alba, de Albariño, de nacimiento…” Un nombre que evoca, sin duda, algo bueno, algo nuevo y algo gallego.

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Y de los vinos gallegos hablamos con Juan Polo porque aunque ahora reinan en la carta, hasta hace unos años la pauta del establecimiento era otra bien distinta. “Durante mucho tiempo en Albar nos hemos dejado llevar por la pauta que impera en Galicia, la de servir vinos de fuera. Sí, es cierto que teníamos en carta algún godello y algún albariño, pero poco más. Empecé con más de un centenar de referencias pero la carta de vinos gallegos que tenía era patética. Me fui informando posteriormente y en blancos sí que hemos tenido un abanico más amplio, pero de tintos, nada”. Esto se debe, por lo que nos cuenta, a que los que había probado no le gustaban, “no me identificaba con ellos”.

Todo cambió radicalmente en los últimos años: “Despertó mi interés gente de fuera de Galicia, leía o escuchaba entrevistas de enólogos , de sumilleres, de propietarios de restaurantes de renombre, que destacaban la calidad de los tintos gallegos, su personalidad, que estaban aferrados al terruño y decidí investigar”. Juan empezó a probar de nuevo los tintos de Galicia “y me di cuenta de que estaba equivocado, que había mucha vida más allá del Albariño y también de la Mencía”.

Tras este descubrimiento, decidió compartir esta inquietud con sus clientes. “Podíamos haber empezado a comprar vinos e incluirlos en la carta, sin más, pero no queríamos eso, así que hablamos con unas bodegas y organizamos unas catas/maridajes”. La iniciativa consiste en coger cuatro o cinco vinos de una misma bodega, empezando por un blanco “para abrir boca”, y seguir después con los tintos, acompañándolos con una tapa diferente para cada uno. La idea, nos comenta, es continuar con estas catas, que han tenido una respuesta excelente entre los clientes de Albar, después del verano, y realizarlas cada quince días. No obstante, para los meses de calor ya están pensando en montar algo diferente, “quizás con blancos o con espumosos, algo puntual”.

En las dos catas anteriores los grupos estuvieron formados por 20 personas, que siguieron con gran atención las explicaciones del propietario y el enólogo de la bodega, “que lograron convertir la cata en una experiencia inolvidable”.

Con una clientela muy variada, tanto en edad como en gustos, Albar ha conseguido hacer coincidir en el mismo escenario a entendidos y principiantes, y que todos se sientan aquí como si estuvieran en casa.

Para terminar nuestra visita a esta enoteca, y para conocer un poco más los gustos de Juan, le hemos pedido que nos hable de sus preferencias: “Me gustan los tintos que tengan algo de barrica, que no sea sólo esa expresión de la uva como siempre se ha cultivado aquí, me gustan los vinos complejos, y esa complejidad se suele conseguir a través de un buen “coupage” o a través de la barrica, o ambas cosas”.

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