Entrevista a Javier Táboas, gerente de la bodega “Quinta das Eiras”

“A la hora de elaborar, sobre todo cuando haces cosas especiales, es vital conocer las viñas con las que trabajas”

Javier Táboas no oculta su pasión por el mundo del vino, que él conoció desde muy niño. Y de ese amor compartido con su familia, principalmente con sus hermanos, nació hace pocos años “Quinta das Eiras”, un proyecto singular en el que tienen cabida vinos muy personales, que han conseguido llamar la atención de los entendidos.

Forman parte de generaciones de viticultores y bodegueros pero “Quinta das Eiras” es un proyecto relativamente nuevo, ¿cómo nació?

En mi familia, que es muy numerosa, siempre hubo viñedos. Nuestra parte de la familia decidió unir los viñedos que teníamos y recuperar algunos abandonados por otros familiares. Tanto mi hermano como yo estudiamos enología y tiramos mucho de este proyecto. Nosotros ya hacíamos elaboraciones en otras bodegas y tras hacer ese trabajo de recuperación de los viñedos, buscamos variedades, dentro de Rías Baixas, para hacer algo diferente a lo que se estaba haciendo. De ahí que en la bodega trabajemos con más variedades de uva que la Albariño.

-¿Se puede decir que crecieron rodeados de viñas?

Lo del vino es algo que nos viene desde muy pequeños, prácticamente nacimos debajo de la viña. En 2011 empezamos con el proyecto de viñedo, a comprar viñas, recuperar otras antiguas, acondicionar… Estábamos elaborando en Arbo con uva de aquí, y de ahí surgió en 2013 lo de sacar la primera cosecha con nuestra marca. Ese año ya trabajamos con Albariño para el blanco y con cinco variedades de uva en tinto. En ese momento ya estábamos yendo en la dirección que queríamos. Hoy en día estamos trabajando con tres variedades blancas (Albariño, Godello y Loureiro) y esa mezcla, entre otras cosas, es lo que diferencia nuestros vinos del resto.

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¿Por qué Godello y Loureiro?

El trabajo previo que hicimos antes de salir al mercado consistió en hacer un sinfín de pruebas con distintas variedades. El Godello es un vino muy goloso, pero en nariz no es tan potente como un Albariño o Loureiro, y el Loureiro en boca es extremadamente ligero, así que fuimos probando las distintas combinaciones para lograr el vino que buscábamos, con un “coupage” que nadie había hecho antes. Incluso fuimos más lejos porque lo hicimos fermentar en barrica. Este año vamos a embotellarlo y, desde mi punto de vista, aún necesita mucha botella. Es un vino para largo y de muy poca producción, unas 1.200 botellas. Este año queremos seguir haciendo pruebas, nos gusta experimentar. Hemos hecho bastantes cosas, muchas de forma anónima.

-“Quinta das Eiras” tiene una parte dedicada a museo, ¿cómo se les ocurrió esta idea?

Eso fue posterior a la puesta en marcha de la bodega. Viajamos mucho por Portugal y España, y esa idea del museo funciona muy bien. Además, teníamos en casa muchos objetos relacionados con el mundo del vino. Fuimos recuperando los que teníamos y hubo mucha gente que nos cedió piezas. Pensamos que al tener el Castillo de Soutomaior al lado, que recibe al año unos 20.000 visitantes, era una buena idea. Estas instalaciones pertenecían a una antigua bodega, la restauramos y recuperamos. La primera vendimia que hicimos aquí fue la del año pasado. Y como pueden ver, además de la bodega propiamente dicha, está la parte museística y un asador, que llevaba cerrado unos años y que nosotros abrimos poniéndolo en manos de un gran profesional, con el que colaboramos. Nuestra idea era hacer un complejo enoturístico a pequeña escala.

¿Qué es lo que más le sorprende a la gente de todos los objetos de la exposición?

Sobre todo la colección de doce taponadoras de corcho que tenemos, y también las barricas y la sulfatadora. En general les gusta todo porque es un conjunto. Tenemos piezas de 1890, pero la mayoría son de entre 1920 y 1950.

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-La bodega tiene capacidad para 48.000 litros, ¿en qué producción están ahora mismo?

Estamos elaborando 28.000 litros, entre todos los vinos. Ahora tenemos algo más de dos hectáreas y media y tendría que venir un año muy bueno para poder recoger de este terreno 30.000 kilos de uva. De nuestras viñas obtenemos unos 18.000 kilos y el resto lo cubrimos con la uva que sacamos de la concesión que tenemos del Castillo. Ahí tenemos una materia prima muy buena porque tiene un marco de plantación muy extenso, lo que significa que las cepas viven muy relajadas, y que están muy bien cuidadas. En nuestras viñas buscamos que haya mucho trabajo de mano y un empleo mínimo de fitosanitarios. Nuestra idea es nunca pasar de 50.000 botellas, porque no tenemos uva en la zona para ir más allá. A la hora de elaborar, sobre todo cuando intentas hacer cosas especiales, es vital conocer las viñas con las que trabajas

¿Y cómo se lleva estar asociado con otro enólogo, no hay discusiones?

Se lleva bien porque a él le encanta el tema de viña y a mí lo que me gusta es experimentar y crear, así que nos complementamos perfectamente. También tenemos una hermana, que es la que lleva un poco el tema de Administración, con lo que las funciones están bien repartidas.

-¿Dónde están vendiendo la producción?

Fundamentalmente en Galicia, Madrid y Cataluña, que son nuestro mercado más potente. Para Inglaterra, Estados Unidos o Rusia hacemos envíos puntuales.

-Hábleme de sus vinos, ¿cómo los definiría?

Tenemos dos blancos, ahora ya tres con el Godello/ Loureira, y dos tintos. En los dos Albariños, por ejemplo, diferenciamos la uva por la edad de la cepa y, después, por el tiempo de elaboración, o por el toque de barrica que le damos. El “Pedro Madruga” es un vino más fresco, un poco más expresivo en nariz por esa juventud ya que está elaborado con cepas de entre 20 y 40 años. Las cepas más viejas son para el “Quinta das Eiras”. A éste último vino le damos tiempo y también lo dejamos en botella más tiempo para que cuando el vino salga, esté realmente hecho. No embotellamos antes de los diez meses y ese es un problema muy grande para el bolsillo, pero mientras podamos aguantarlo… Y los tintos son fruto de la experiencia que nos llevó a juntar dos variedades. Nuestra uva tinta es, en su mayoría, del Condado, de la zona de Arbo, Cabeiras y As Neves, y ahí tenemos la Sousón y la Mencía, y que nos las separen es muy complicado, así que decidimos mantener esa mezcla porque facilita la elaboración y porque una variedad aporta a la otra, se complementan. El otro tinto se elabora con las otras tres variedades “bonitas” de las Rías Baixas que son Caíño, Loureiro y Espadeiro. Este vino pasa del año en barrica y no se hace siempre. Sin ir más lejos, el año pasado no se hizo porque no nos satisfacía la calidad. Es un vino muy especial que cuando lo sacamos se vende muy bien en Navidad.

¿Qué esperan de la vendimia de este año, porque la de 2015 fue excepcional?

El año pasado fue excepcional por zonas, hubo lugares bastante tocados por las lluvias que vinieron al final. Este año, mayo y junio fueron meses muy delicados, así que tendremos que esperar para ver qué sucede. Se estropeó entre un 10 y un 20% e la uva, pero había bastante carga, así que mantendremos más o menos las cifras del año pasado en cuanto a cantidad y en lo que se refiere a la calidad, todo indica que será buena.

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