Entrevista a Alfredo Fernández Rodríguez, gerente de Adega Pousadoiro

«No nos interesa crecer a toda costa porque queremos preservar nuestra esencia»

Alfredo Rodríguez ha convertido una tradición familiar, la de elaborar vino, en una moderna empresa sustentada en unos buenos vinos y en el turismo enológico. Adega Pousadoiro, que cumplió recientemente 16 años de vida, ha sabido aprovechar las sinergias que le ofrece su ubicación, muy próxima al Parque Náutico de Castrelo de Miño, para erigirse como una cita imprescindible para los amantes del vino, para aquellos que deseen conocer de cerca cómo funciona una bodega de autor.

Este año la bodega cumplió 16 años, ¿quién fue su impulsor?

En realidad cumplimos más, porque esta bodega y lo de hacer vino es una tradición que viene de mi abuelo, que heredó mi padre y en la que ahora estoy yo metido. DE hecho, conservo la declaración de cosecha del año 57, de cuando se inauguró el Consello Regulador. Pero como Pousadoiro sí que llevamos ese tiempo, desde el año 2000.

¿Cómo se decidieron a dar el paso hacia una bodega tradicional?

No fue algo repentino, sino que sucedió de forma progresiva, te intentas adaptar al mercado y ves por dónde van las tendencias, ves que el consumo de tasca, el de antes, iba cayendo y que aparecían nuevos nichos de mercado, que exigían más calidad. Así que como estábamos convencidos de que nuestro producto era buena, decidimos dar el paso y empezar en serio, presentando mejor el vino y comercializándolo de manera más profesional.

¿Y la bodega ya existía como tal?

Esta casa era de mi abuelo, la bodega que utilizábamos estaba más arriba, en el pueblo, en la casa de mi padre. Estuvo años un poco abandonada, hasta que decidimos restaurar la casa, que también tenía bodega, y hacer algo en condiciones. La decisión la tomé yo, en colaboración con mis hermanos.

¿La colaboración con el enólogo Felicísimo Pereira se inició en ese momento?

No, esa colaboración ya viene de la época de mi padre. Cuando Felicísimo se instaló como enólogo en Ribadavia ya le íbamos a consultar y a analizar el vino. Fue él quien me propuso dar el paso y iniciar una asesoría más profesional, dimos ese paso y hasta hoy.

Además de hacer vino, organizan visitas guiada, están en la Ruta del Vino, ¿esas actividades fueron posteriores al 2000?

No, fueron anteriores. El proyecto de esta bodega ya nació con esa idea, pero antes de que se pusiera en marcha esta Ruta del Vino ya veías con envidia en otras denominaciones de origen que se hacían este tipo de actividades y que funcionaban muy bien. Eran todo ventajas. Y como nosotros, además, tenemos la suerte de tener unas pistas de remo y un club náutico muy cerca, cada vez que venían turistas a la zona, aunque fuera sólo por las actividades náuticas, aprovechábamos y repartíamos folletos. Encontramos muy buen receptividad y que aumentaban las ventas de vino, así que aprovechamos este tirón.

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¿Y ahora que ya cuentan con infraestructura y Ruta, en qué consiste la visita guiada?

Atendemos con cita previa y llevamos a los visitantes a la bodega, donde les explicas el proceso de la elaboración de vino en una bodega de autor como es esta. La visita es muy directa ya que el que muestra las instalaciones es alguien que está directamente implicado en la elaboración del vino y después acabamos con una cata acompañada por unos pinchos típicos de la zona. Las visitas suelen ser de una hora, pero a veces nos dan las tantas y aquí seguimos. También tenemos una colaboración con el parque náutico, que tienen un buen restaurante, con casas de turismo rural del Ribeiro, es decir, que en la medida de lo posible constituimos sinergias con otro tipo de establecimientos de la zona para mejorar y hacer más atractiva la oferta.

¿Cuál es la mejor época para estas visitas?

El verano es bueno, pero en los meses de septiembre, octubre y noviembre también recibimos una importante afluencia de visitantes. Y eso no sólo en Ribeiro, también pasa en otras denominaciones de origen gallegas, sobre todo en las de interior.

¿De dónde suele proceder la gente que participa en estas visitas?

Vienen un poco de todas partes, pero yo creo que más que por el sitio de procedencia, son muy similares en el perfil que presentan. Es gente que busca un turismo diferente, que le gusta la cultura, que buscan vinos diferentes, es gente que escapa de la costa, del turismo masivo. Aquí descubren las termas, descubren paisaje, historia, y vino, evidentemente. Incluso hay gente que está haciendo el Camino de Santiago y que se desvía para visitarnos: americanos, japoneses, finlandeses, noruegos… Personas que te preguntas cómo han aparecido aquí. La verdad es que son muy agradecidos, aprecian toda la información que les des, les encantan las viñas, es algo que disfrutan y se les nota.

La producción actual de la bodega es de 12.000 litros, ¿dónde venden su vino?

El mayor número de botellas, cerca de la mitad de todo lo que elaboramos, se queda en el mercado regional, un 30% se va para el mercado nacional y un 20% se destina a la exportación. La producción ha aumentado un poco porque tenemos viñas nuevas y estamos reestructurando parte del viñedo, para dar respuesta al proceso de modernización que hemos iniciado hace algún tiempo. El objetivo es llegar a los 20.000 litros en poco tiempo, pero no queremos crecer a lo loco, no queremos perder nuestra esencia, nuestra idea es mantenernos consolidando el mercado que ya tenemos.

¿Qué variedades tienen?

Treixadura y Godello, principalmente, también tenemos algo de Torrontés, un poco de Albariño y Loureira. Ahora hemos empezado con Caíño Longo, que es una variedad tinta. Ya salió un primer vino con esta uva.

¿Cómo ha sido la vendimia este año en el Ribeiro?

La gente que hacemos un manejo en viña muy cuidadoso con la naturaleza, tuvimos muchos problemas de Mildiu, de hongos, y eso nos ha llevado a una producción escasa. Con tratamientos se ha conseguido mantener, pero con una maduración corta. Nosotros tuvimos una buena maduración, poca cantidad pero bien equilibrada. Luego vino un verano con mucho calor y la cepa aguantó, pero ya venía con poca producción. Fue una primavera muy complicada. A nosotros nos bajó la producción un 50%, ha sido un año muy raro. De todas formas la valoración definitiva de nuestros vinos la solemos hacer a cinco años vista.

¿Cuántos vinos diferentes hacen en la bodega?

Dos blancos y un tinto: El Pousadoiro, Doña Gota y una colaboración con Pablo Ortigueira, Aurelio y Manuel, que es el «Norte y Sur». Las variedades empleadas para los blancos son diferentes, el Pousadoiro lleva cinco y Norte Sur se elabora sólo con dos, Treixadura y Torrontés, con un poquito de Loureira, con micromaceración y fermentado en ánfora de barro.

¿Podría definirlos?

El Pousadoiro es un vino de suelo pizarroso, con mucho fondo, muy largo en boca, con una aromática compensada, muy bien integrada, compleja, es un vino muy placentero, que te invita a seguir bebiendo. El «Norte y Sur» es un vino de ánfora de barro, es algo novedoso para todos. Tiene un carácter mineral, es meloso. Y el Doña Gota también es una novedad, no hay muchos vinos de la variedad Caíño Longo. De todas las formas lo que pueda decir sobre este vino cambiará en los próximos meses, ya que va evolucionando y cambiar mucho, va tendiendo hacia frutas más maduras, más compotadas.

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