Entrevista a: Álvaro Rey, gerentede la bodega Albaroque

“Empecé a vinificar este vino con el objetivo de hacer uno que recordarse el pasado del Ribeiro”

Albaroque es más que un vino, es el  fruto de la unión entre la historia de Francisco, Armando y Rita y las nuevas ideas de Álvaro Rey. Y es que esta bodega de colleiteiros ha sabido concentrar en una botella la esencia de los buenos vinos del Ribeiro de antes, “cuando se hacían en madera”, gracias a unas viñas de cepas centenarias y variedades autóctonas. Del pasado y presente de la bodega, que data de 1945, nos habla en esta entrevista Álvaro Rey, su actual director y yerno de Armando y Rita, un profesional de la hostelería nacido en Cambados, la actual ciudad europea del vino.

-¿De cuándo data la bodega Albaroque?

La bodega inició su andadura  con Francisco, el padre de Armando, mi suegro. Comenzaron a elaborar vino  allá por el año 1945, como se hacía antes, a granel. En los años 50 ya empezaron a hacer vino embotellado y en la década de los sesenta se cambiaron de casa y se fueron para donde está actualmente la bodega. Nunca dejaron de hacer vino, al tiempo que colaboraban con  otras bodegas de la zona, principalmente del Ribeiro. Los tinos de madera también los hicieron ellos en su mayoría, con lo que algunos pueden tener tranquilamente más de 40 años.

¿Llegaron a vender vino en el mercado en esos años?

Sí, Armando llegó a vender vino con tres o cuatro marcas, todo vino blanco. Eran vinos novedosos para esa época, no eran nada corrientes. De hecho todas las viñas que tienen son de variedades autóctonas, que es algo muy difícil de encontrar ya que en aquella época se plantaba sobre todo Palomino. Esa mentalidad de preservar lo autóctono, aunque diera menos rendimiento, ha hecho que a día de hoy tengamos esos viñedos de tanta calidad y  nada de uva foránea.

¿Qué variedades tenían?

Treixadura, Lado, Loureira, Albariño, Godello… Iban haciendo pruebas con estas diferentes variedades y al final hacían un vino plurivarietal con distintos porcentajes de uva, siempre autóctonas. Después de las cuatro marcas que introdujeron en su momento en el mercado, por diferentes circunstancias fueron bajando la producción hasta ahora, que sólo tenemos un vino en el mercado.

¿Cuál fue su aportación?

Sobre el año 2003 llegué a la bodega, hice una prueba con el vino y empecé a elaborar el Albaroque, con las variedades que ellos ya tenían, de cepas centenarias en muchos casos. De hecho,  utilicé las mejores viñas, una de Torrontés y otra en la que hay una mezcla de Treixadura y Lado, que también es otra variedad minoritaria pero autóctona de la zona. Empecé a vinificar ese vino con el objetivo de hacer uno que recordarse un poco al pasado del Ribeiro, cuando se hacían buenos vinos en madera.

¿Cómo empezó a interesarse por este mundo?

Nací en Rías Baixas, en Cambados, y siempre tuve una vinculación con el mundo del vino. Recuerdo desde muy pequeño las vendimias, las podas, mi abuela hacía vino y mi padre sigue haciéndolo. Nací en una zona de vinos y con el paso del tiempo la vida me llevó a otras zonas vinícolas de Galicia. Cuando vi la bodega de mi suegro pensé que necesitaba un impulso, así que decidí involucrarme y hacer algo novedoso. Además, soy hostelero y el mundo del vino siempre me ha fascinado.

¿Qué producción tienen ahora mismo del Albaroque?

Sobre 1.600 botellas, depende del año. La Treixadura es muy representativa, muy floral, tiene bastante cuerpo y aguanta en el tiempo. Y respondía a los que buscábamos, un vino que perdurase, que no fuera de cosecha. De hecho, la forma de elaborarlo en barrica así lo pide. La cosecha de 2016, por ejemplo, saldrá  a la venta después de la vendimia de este año. El Albaroque está un año en bodega, seis meses en barrica, tres meses ensamblado y después, antes de salir al mercado, lo guardamos aún unos meses en bodega.

¿Cuál es el objetivo de la bodega, seguir aumentando la producción del Albaroque, salir con más marcas al mercado?

Por el momento queremos mantenernos con ese vino, que está gustando mucho, y en un futuro nos plantearemos elaborar más o incluso introducir más marcas en el mercado. Hay un proyecto que tenemos en mente, y con el que llevamos varios años, que es la elaboración de un espumoso. Estamos vendiéndolo ya en pequeñas partidas porque es una elaboración artesanal  y preferimos sacarlo así, en pequeñas partidas. Es un espumoso de autor, de colleiteiro, y el primero, o uno de los primeros, con Treixadura.

¿Dónde están vendiendo el vino?

En Vigo, en la provincia de Pontevedra, en Santiago, también en Madrid y Barcelona. Ahora también estamos vendiendo en Alemania y en alguna ciudad italiana, evidentemente hablamos de una producción pequeña y dependiendo de cómo vaya el mercado, tendremos que crecer para un lado o para otro.

¿Su suegro sigue estando presente en la bodega?

Sobre todo mi suegra, Rita Pereiras, y él sigue trabajando pero en plan hobby. Para mí es un lujo contar con él por todos los conocimientos que tiene. Es un bodeguero de los de antes, preocupado por cada uno de los pasos, desde las trasiegas o el cuidado de las viñas, hasta los aspectos más relacionados con la elaboración. Siempre fue una persona muy involucrada con este mundo.

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