Conseguir que unos viejos, a golpe de sacho y retranca, se conviertan en los más modernos de lugar es uno de los éxitos de Luis Davila (Bueu, 1970), humorista gráfico y autor de la viñeta de O Bichero, que cada día arranca miles de sonrisas desde las páginas de Faro de Vigo. A Davila la afición por el dibujo y el humor le viene de muy niño y, tras un breve paso profesional por el mundo de la banca, decidió apostar por lo que realmente le gustaba. Años después ha conseguido no sólo que las mañanas y el café sean más divertidos, sino que eflexionemos sobre la actualidad a través del humor.

¿Dibujante, humorista gráfico, cuál es la definición que más encaja con su trabajo?

Básicamente soy dibujante, con una faceta importante en el humorista gráfico.

Recientemente perdimos a uno de los referentes de humor gráfico de este país, Forges, ¿hay algo de él en las viñetas de Davila?

Forges siempre ha sido un referente, un maestro. Desde pequeño he leído las viñetas de Forges y evidentemente siempre queda un poso de su trabajo. Me identifico con Forges en el sentido de que sus personajes también eran gente normal, de la calle. Forges no era amigo de caricaturizar a los políticos, sino más bien de hacer crítica social a partir de personajes de andar por casa, de gente normal, de Mariano, de las “vielliñas” que iban caminando y reflexionando. Todo ese universo creo que tiene mucho que ver con el de O Bichero.

Creo que siempre le gustó dibujar, ¿lo del humor vino después o siempre han ido unidas las dos cosas?

Siempre fui una persona a la que le gustó tirar de la ironía y jugar con la retranca, ya de pequeño me gustaba todo tipo de humor, desde los programas de la tele hasta el cine, a través de los Monty Phyton. También tenía cintas de Les lutiers en casa y leía  incansablemente a Quino con su Mafalda, a Mortadelo y Filemón, de Ibáñez, o a Goscinny y Uderzo, con Astérix y Obélix. Ese gusto por el humor acabó haciendo de mí un humorista gráfico. El dibujo es algo que me ha acompañado toda mi vida, no he dejado nunca de dibujar y he tenido la suerte de poder llegar a vivir de esto.

¿En su casa se tomaron en serio la afición del niño?

En principio siempre hay reticencias por parte de los padres, sobre todo porque en aquel tiempo tampoco había mucha idea de qué salida profesional iba a tener un dibujante, si podía llegar a vivir de esto. Por eso mismo atravesé otras etapas profesionales que no tenían que ver con esto, incluso llegué a trabajar en el mundo de la banca, estuve dos ó tres años en una caja de ahorros. Eso sí, continué con mi afición por el dibujo y una anécdota que cuento muchas veces es que cuando los jubilados venían a retirar la pensión a primeros de mes, en el boleto de retirada del dinero les hacía un dibujo y al mes siguiente se montaba una cola lo doble de grande que el mes anterior. Al final, el director de la sucursal decidió que era mejor que no siguiera haciéndolo, que aquello no era operativo (risas). 

¿Y después de la banca qué vino?

Me fui a Coruña a estudiar en la Escuela Pablo Picasso, donde hice Diseño Gráfico. Allí retomé el contacto con el mundo del dibujo, del diseño, del arte y me encontré con gente que hablaba mi mismo idioma. Empecé a trabajar en agencias de publicidad, como diseñador gráfico, hasta que me salió la oportunidad de empezar a trabajar en el Faro de Vigo, en Maquetación, donde estuve 13 años. En ese tiempo ya ilustraba páginas del periódico y hacía la viñeta diaria de humor.

Para haber nacido en la capital (Pontevedra) es muy del Morrazo?

El Morrazo siempre cala. La verdad es que nací en Pontevedra de manera anecdótica, nací en el hospital en el que nacían todos los ‘morracenses’, por lo menos los de Bueu, que era el Hospital Santa María, que era donde estaba la unidad de natalidad. Soy de Bueu, pasé ahí toda mi infancia y he vivido siempre en O Morrazo, por lo tanto es lógico que te vayas empapando de la idiosincrasia de la comarca, de la forma de ser de su gente, de los marineros y de la mezcla entre la gente del rural y la del mar. Ese humor es el que tengo interiorizado.

¿Qué ha aprendido estos años del sentido del humor gallego?

Creo que tenemos un  humor muy ‘retranqueiro’, en el sentido de darle siempre una vuelta a las cosas, de evitar la evidente, sacándole punta  a cosas que a priori no son nada divertidas como la muerte. El humor gallego es una forma de ver el mundo más positiva. Vivimos en una comunidad que quizás por las inclemencias del tiempo nos obligaba a estar más en casa, a que la gente se reuniera en las cocinas alrededor de un buen vino, en un furancho… Este tipo de reuniones daban mucho pie a la risa, al humor. Creo que esa positividad que tenemos los gallegos nos hace afrontar las adversidades de la vida con humor.

¿Sus viñetas tendrían la misma fuerza en castellano?

Pienso que tendría que buscar la forma de transmitir esa fuerza que consigo con el gallego. Con el gallego siempre encuentro esa expresión que transmite más humor, pero en el humor al final da un poco igual el lenguaje que utilices, siempre y cuando la idea sea potente. En castellano podría funcionar perfectamente siempre que lo que estés dibujando o diciendo esté cargado de humor. Es verdad que yo me apoyo mucho en la lengua para hacer mi viñeta de O Bichero, pero sé que a la hora de trasmitir esas ideas, no es fundamental que estén escritas en un idioma determinado. Muchas veces dibujos sin palabras consiguen tener la misma fuerza o incluso más que con palabras.

¿A qué personaje le tiene más cariño, o a todos los hijos se les quiere por igual?

Me gustan todos porque creo que en algún momento dado nos podemos identificar con cualquiera de ellos. Pero si tengo que escoger, evidentemente me quedaría con Dora, que es mi homenaje a la mujer gallega. Dora es brava, voluntariosa, poco impresionable que si tiene que trabajar por la mañana, está dispuesta también a servir una mesa para 30 comensales al mediodía, y si hace falta, también por la noche. Es una mujer que siempre está dispuesta a un bombardeo.  

Su trabajo diario en Faro de Vigo, cómo lo afronta, de dónde saca las ideas?

La inspiración viene de todas partes, nunca sabes de dónde va a venir la próxima idea. Yo trato de estar despierto e informado  y de estar atento a lo que habla la gente, de observar… Todo ese tipo de elementos se mezclan y en el momento que te tienes que poner a dibujar, tiras un poco de aquel chascarrillo que escuchaste o de aquella situación que viviste hace un tiempo y que se te ha quedado grabada en la memoria. Sobre todo lo importante es estar informado y tener un criterio sobre lo que viste o leíste. La viñeta a veces se limita a intentar arrancar una sonrisa y otras muchas intenta que esa sonrisa se convierta también en una reflexión, o por lo menos eso es lo que pretendo.

Imagino que alguno de sus vecinos se habrá sentido identificado con alguna frase de sus viñetas

Sí, la verdad es que la gente se identifica mucho y la mayor parte de las situaciones que aparecen en las viñetas son muy familiares para mucha gente. Algún vecino me ha preguntado quién me contó algo de lo que aparece reflejado en O Bichero porque son situaciones que han vivido. 

¿Cuánto tiempo le lleva hacer una viñeta?

Depende mucho del día. Básicamente lo complicado de la viñeta es la idea, es lo que más tiempo me lleva, hay días que me siento delante del papel y ya sale, y otros en los que puedo estar varias horas dándole vueltas a  una idea. Soy una persona bastante perfeccionista y hasta que lo que dibujo no me haga reír a mí, no me quedo conforme. No me vale cualquier historia. 

Recientemente colaboró en un espectáculo con Carlos Blanco, ¿cómo fue esa experiencia, le gustaría repetir?

Fue una experiencia bestial porque yo estaba acostumbrado a trabajar en mi casa, en la soledad de mi estudio y la respuesta del público me venía al día siguiente. Con el teatro descubrí una sensación fantástica que es la carcajada en directo, cuando Carlos empezaba a contar sus historias que yo ilustraba tratando de seguir su ritmo, recibir esa respuesta del público al momento es súper gratificante, te pone la piel de gallina, la verdad es que disfruté muchísimo. Llevamos cinco años ya con dos espectáculos principales, que son “Menú do día” e “Menú da noite”, y después hemos colaborado en galas, en algunos espectáculos más pequeños. Aprendí muchísimo, conocí a gente muy interesante y para mí supuso enriquecerme como profesional y como persona.

Por lo que dice, repetiría sin duda

Sí, sin  ninguna duda. De hecho, ahora Carlos está con el  espectáculo “Somos criminais”, con Touriñán, pero la idea es que en este tiempo empecemos a trabajar en nuevas ideas y propuestas para seguir colaborando.  

El vino es protagonista de algunas de sus viñetas. ¿Qué relación tiene con el vino?

Todo lo que gira alrededor del vino es maravilloso. Vivo en O Morrazo en una zona de pequeños colleiteiros de vino Caíño y de Tinta femia, que aquí es una variedad muy famosa que tiene una personalidad muy marcada, o te gusta o la odias. Es un vino con una acidez peculiar, muy pronunciada debido a la transferencia de la salinidad del mar debido al viento del norte. Los viticultores son gente orgullosa de lo que hacen y presumen de tener el mejor vino y después lo comparten, a través de los ‘furanchos’ o en reuniones con amigos. El vino está muy presente en el Morrazo y de ahí he sacado muchas viñetas. Es todo un mundo, la verdad.

¿Además de la variedad propia de esta zona, qué tipo de vino le gusta, qué suele beber?

Me encanta probar un buen vino, siempre disfruto y no me importa que sea blanco o tinto. Cuando vas a alguna bodega y pruebas un vino que te gusta, es una sensación muy agradable. 

¿En copa o en ‘cunca’?

Un vino nuevo, recién salido del lagar, que aún no tiene mucha maduración, en cunca. Pero el cristal también tiene su encanto.

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